José Luis Salamanca: «Me he puesto hasta cascabeles en los pies»

El anticuario José Luis Salamanca, en su tienda de Murcia. / enrique martínez bueso
El anticuario José Luis Salamanca, en su tienda de Murcia. / enrique martínez bueso

«Yo llevé falda pantalón antes que Miguel Bosé», afirma el anticuario

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

San Carlos Borromeo no nos quita ojo durante toda la entrevista. Hablo de una talla de madera policromada del siglo XVII, una belleza que comparte espacio con cientos de piezas cargadas de historia en la tienda de antigüedades de José Luis Salamanca, en Murcia. Si te fijas bien y te quedas en silencio, parece a veces que respiran.

1 -¿Un sitio para tomar una cerveza?
-El Guinea, en Murcia.
2 -¿Una canción?
-'Amores', de Mari Trini.
3 -Libro para el verano.
-Algún manuscrito mudéjar.
4 -¿Qué consejo daría?
-Sé mejor persona.
5 -¿Cuál es su copa preferida?
-Una de 'Sangre de Cristo'.
6 -¿Le gustaría ser invisible?
-No.
7 -¿Un héroe o heroína de ficción?
-Mortadelo y Filemón.
8 -Un epitafio.
-Luchó por vivir.
9 -¿Qué le gustaría ser de mayor?
-Una buena persona que se siga emocionando.
10 -¿Tiene enemigos?
-Los tengo.
11 -¿Lo que más detesta?
-La hipocresía.
12 -¿Un baño ideal?
-En agua dulce.

-¿Qué hizo?

-Me casé hace 25 años con una gran mujer. Nos conocimos un día que vino a mi tienda. No quiero decir con esto que yo sea un genio, pero es cierto que detrás de los grandes genios suele haber una gran mujer.

-¿Y qué no hace?

-Nunca me miro al espejo.

-¿Qué es usted?

-Una persona intemporal [nació en 1962]. Soy muy joven por dentro. Y, como soy Piscis, me paso la vida dándole vueltas a la cabeza. También soy muy inquieto.

-¿Qué más es?

-Reconozco que soy narcisista.

-¿Sin qué no podría vivir?

-Sin estar vinculado al mundo de las antigüedades.

-¿Qué es una verdad verdadera?

-Que soy zurdo.

«En los 80, organizaba en mi casa reuniones a las que venían travestis, transexuales, gente de extrema derecha...; creo en el diálogo por encima de todo»

-¿Qué recuerda de su infancia?

-Mi padre era muy de derechas; quería mucho a su hermano, pero como éste era de izquierdas, no se hablaban. Yo creo en el diálogo por encima de todo. Y lo he practicado y fomentado mucho.

-¿A qué se refiere?

-En los 80, organizaba en mi casa reuniones a las que venían travestis, transexuales, gente de extrema derecha...; quería que todos se entendiesen y se respetasen, que comprendieran que cada uno tiene sus gustos y no pasa nada. A mí no me gusta el arroz y habichuelas, ¿por qué tiene que empeñarse nadie en que lo coma?

-¿De qué amigos se acuerda?

-Tenía una buena amiga, a la que llamábamos La Faro, que era la mujer más guapa que yo he visto en mi vida; era un hombre que se había hormonado y que tenía unos pechos enormes y preciosos y una piel blanquísima. El caso es que a La Faro le gustaban las mujeres. Todos los hombres querían estar con ella, pero ella solo quería estar con mujeres; no ligaba nada, la pobre.

-¿Qué gente le interesa?

-La que me aporta conocimientos, la que me cuenta historias estimulantes, la que me descubre cosas que desconozco. Me gusta mucho aprender. Esta mañana, por ejemplo, me he quedado embobado escuchando a un albañil hablar de su trabajo.

-¿Qué es siempre?

-Muy claro.

«Tuve en mi tienda un Sagrado Corazón de Sánchez Araciel, guapísimo, del que manaba una energía tan intensa que atraía a la gente»

-Volvamos a su infancia...

-En mi casa había un matriarcado, y eso que mi padre era un hombre muy fuerte. Era el doble de Paul Newman, aunque yo diría que incluso más guapo. Pero mandaba mi madre; eso sí, con mucha mano izquierda. Mi padre llegaba y le daba el dinero a mi madre, y yo hago lo mismo con mi mujer. La mujer es una gran economista. Tengo dos hermanas mayores y adoraba a mi abuela, y me encantaba escuchar las conversaciones de los mayores. Y nunca me han gustado las jovencitas, ni de jovencito siquiera. Siempre me han atraído más las mujeres mayores que yo.

Un plato

-¿Fue un niño feliz?

-No mucho. Era muy sensible y no me relacionaba mucho con los niños de mi edad. De hecho, empecé en este mundo de las antigüedades cuando tenía 9 años.

-¿Cómo fue?

-Mi padre era muy derechas, como le he dicho, pero también ateo. De vez en cuando visitaba la comisaría por blasfemo. Me preguntó si quería o no tomar la primera comunión. Le dije que sí, y con el dinero que reuní me compré un plato de [cerámica de] Cartagena. Lo compré en El Desván, ante cuyo escaparate me quedaba muchas veces horas mirando las antigüedades. Recuerdo que mi madre le decía a mi padre: 'Tu hijo tiene un plato'. Y mi padre: 'Déjalo, Lola, que tenga lo que quiera. ¿Y qué hace con el plato?'. Y mi madre: 'Pepe, se lo ha puesto en una repisa y no hace más que mirarlo, ¿qué le querrá ver al plato?'. Mi madre estaba preocupada. Así empecé yo en este mundo, que cada vez me fue apasionando más.

«Empecé en el mundo de las antigüedades con 9 años»

-¿No le gusta el fútbol?

-¡Nada! Pero a mi suegra, que era muy del Madrid, le decía que yo era del Barça para joderla. Me gustaba mucho chincharla, y mi mujer le decía: '¿Pero no te das cuenta de que lo que quiere es que estalles?' [Risas] Me llevaba muy bien con mi suegra.

-¿A qué aprendió?

-Entre otras muchas cosas, a zurcir. Mi madre lo hacía muy bien. Me ha gustado mucho siempre el diseño, y durante años me hacía mi propia ropa. Yo he llevado falda pantalón antes de que la llevase Miguel Bosé, y llegué a dejarme las uñas largas, a vestirme en plan vampiro y a hacerme unos trajes negros preciosos, de esos tipo hindú con camisolas, confeccionados con seda salvaje y lino. Me he puesto hasta cascabeles en los pies. Nunca he sido una persona convencional.

-¿De qué pieza de las que han pasado por sus manos se quedó prendado?

-Recuerdo una 'Negación de San Pedro' y un 'San Bartolomé' de Francisco Salzillo maravillosos. El 'San Bartolomé' se lo compré por medio millón de pesetas a una familia de Orihuela. Yo era muy joven. Se lo ofrecí al Museo Salzillo, porque a mí siempre me ha gustado procurar que las piezas más importantes se queden en la Región, pero me dijeron que lo tenía que donar. Era impresionante: la piel se desprendía y la sujetaban, como elevándola, unos angelitos.

-¿Qué le hace disfrutar?

-En mi negocio, cuando un cliente descubre una pieza y se emociona; es muy importante que haya sintonía, comunicación, entre la pieza y el cliente.

-¿Qué no aguanta?

-La maldad, A mí hay gente que ha intentado por todos los medios hacerme la vida imposible. No lo puedo entender. Pero yo sigo adelante, soy un luchador nato.

-¿Un lugar al que quiera volver?

-París, allí me siento como en casa. Es una ciudad en la que la gente vive su vida y no se mete en la de los demás, y donde es muy fácil emocionarte con su arte, su belleza, su historia. Y yo quiero seguir emocionándome cuantas más veces al día, mejor.

-¿Qué lamenta?

-Los anticuarios vamos a desaparecer.

-¿Por qué le gusta tanto el arte religioso?

-Además de por su belleza, desprende una energía especial. Es lógico porque la gente proyecta sobre él, a través de los rezos y de la veneración a las imágenes y las esculturas, muchísima energía. Tuve en mi tienda un Sagrado Corazón de Sánchez Araciel, guapísimo, del que manaba una energía tan intensa que atraía a la gente; incluso había personas que le rezaban.

-¿Hay un Más Allá?

-Quiero creer que sí. Yo he visto la imagen de un niño que se me acercaba, como en una especie de proyección, y no he sentido ningún miedo. Supongo que sería una especie de energía...; lo veía perfectamente, y también he escuchado sus risas. A lo mejor algún día le encontramos una explicación a todas estas cosas misteriosas.

-¿Qué le encanta?

-Me encanta el lujo, lo que llaman el poderío; lo reconozco. Me encantan unas buenas copas de cristal de Baccarat o de Bohemia. Me gusta estar rodeado de cosas bonitas, de belleza.

-¿Qué intenta?

-Ser más modesto. A veces soy demasiado vanidoso, y eso no es bueno.

-¿Qué animal metería primero en el Arca?

-Un perro.

-¿Curioso qué fue?

-Monté una coctelería, 'Barroco' se llamaba. E incluso creé un cóctel, 'La sangre de Cristo': champán, granadina y ginebra. Soy muy polifacético.

-¿Qué no tenemos?

-Desgraciadamente, no tenemos buenos políticos.

-¿Y qué no le hubiese gustado tener que hacer?

-Hace muchísimos años, por necesidad, vendí un incunable del siglo XII. ¡Lo pasé fatal!

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