Estío a la murciana

Salva Espín: «Me propuse no volver a madrugar»

Salva Espín, recogiendo limones en el huerto de su abuelo, en El Campillo, en la pedanía murciana de El Esparragal. / nacho garcía / AGM
Salva Espín, recogiendo limones en el huerto de su abuelo, en El Campillo, en la pedanía murciana de El Esparragal. / nacho garcía / AGM

«No me creo que los gobiernos no puedan hacer más de lo que hacen», afirma el dibujante

Daniel Vidal
DANIEL VIDALMurcia

Solo alguien como Salva Espín es capaz de que un héroe tan americano como Deadpool propine una patada voladora en la plaza Belluga de Murcia, pastelico de carne en mano, ante la mirada del expresidente regional Pedro Antonio Sánchez, y el alcalde de la capital, José Ballesta, en pleno Bando de la Huerta. No era la primera vez que la catedral y hasta el Cabezo de la Cruz de El Campillo, en la pedanía murciana de El Esparragal -donde vive, trabaja y se relaja Espín (Murcia, 1982)- ilustraban las viñetas de los cómics de Marvel. Casi una mezcla necesaria por la murcianísima sangre que le corre por las venas a este genio del lápiz y devorador irredento de ciencia ficción, que empezó a coleccionar las aventuras de Deadpool cuando era un niño y ahora es el responsable de dibujar al héroe predilecto de su infancia para el gigante norteamericano. «Un sueño hecho realidad» que, reconoce, no hubiera sido posible sin el tino de sus padres. Nada de alcohol, porque no le gusta; helado de yogur; una camiseta de Sonic; unos saludos a unos chavales que se acercan a reconocer su trabajo y Salva Espín se pone a fluir como un torrente con su peculiar y por momentos atropellada forma de expresarse. «Hace poco descubrí la piscina con limones de los baños de Archena», confiesa.

1
-¿Un sitio para tomar una cerveza? - ¡Un refresco! El patio de mi casa. Me he hecho un pequeño cine de verano.
2
-¿Una canción? -'Hoy puede ser un gran día', de Joan Manuel Serrat.
3
-Un libro para el verano. -'Groucho y yo', de Groucho Marx.
4
-¿Qué consejo daría? -No menosprecien las clases de arte en las aulas.
5
-¿Cuál es su copa preferida? -Mojito sin alcohol.
6
-¿Le gustaría ser invisible? -Al principio sí; luego sería un coñazo.
7
-¿Un héroe o heroína de ficción? -Ms. Marvel.
8
-Un epitafio. -No me ha dado tiempo a pensarlo, todavía.
9
-¿Qué le gustaría ser de mayor? -El tío del protagonista de Fraguel Rock, que se dedicaba a viajar por todo el mundo enviando postales.
10
-¿Tiene enemigos? -Sí: el tiempo.
11
-¿Lo que más detesta? -La gente sin educación.
12
-¿Un baño ideal? -En el nacimiento del río Segura.

-¿A gusto?

-Ya le digo.

-¿Vive bien?

-Sí.

-¿Tranquilo?

-Sí. A mí no me gusta correr. Tampoco con el coche. De hecho, no soy consciente de que me hayan quitado ningún punto del carné. No sé como es una multa.

-¿Nunca le han puesto una multa? ¿Por nada?

-Bueno, una solo. En Nueva York. Una cosa que nos liamos, nos confundimos... Si quiere se lo cuento, no hay problema.

-Por favor.

-Infringí la ley sin saberlo. Fui con mi hermano y su pareja. Eran sobre las ocho, al otro lado de Manhattan, en la zona de Queens. Había un parque con un campo de béisbol, una cancha con las luces encendidas. Dijimos de entrar para hacernos unas fotos, y cuando estábamos saliendo llegaron allí tres o cuatro coches de Policía con las luces y las sirenas... Habíamos entrado fuera de horario, y al parecer estaba cerrado y no se podía acceder al parque. Pero vamos, cerrado no estaba porque entramos. No había verja. Sí había unos carteles allí dentro de las pistas de béisbol que, evidentemente, no habíamos visto.

-¿Cómo acabó aquello?

-Lo malo es que tuvimos que contratar a un abogado. Fue un pifostio. Pensábamos que era una multa que había que pagar en comisaría, pero cuando llegamos allí, el tío nos dijo que teníamos que volver dentro de tres meses para la citación con el juez, que ya decía si éramos inocentes, culpables, y lo que teníamos que pagar. De forma presencial. Y nosotros nos íbamos en un par de días. Una locura. Era todo tan raro que llamamos a un traductor, que nos confirmó que teníamos que llamar a un abogado. El abogado era un judío mayor que no tenía correo electrónico. Al final contacté con el Consulado, que nos solucionó bastante el problema con otro abogado que finalmente nos representó ante el juez.

-¿Y?

-Unos 300 euros por persona.

-Vaya movida.

-Sí, sí. No vuelvo a infringir la ley.

-Se le han quitado las ganas.

-¡Hasta de ir a Nueva York!

-¿Es usted un manojo de nervios, como norma general?

-Soy inquieto.

-¿Y qué le inquieta?

-No controlar las cosas. Depender de los demás para las cosas importantes.

-Además de inquieto, ¿qué es?

-Inconformista. Me gusta ponerme nuevas metas. Y también divertirme con ellas.

-Una de esas últimas metas suyas es enseñar a dibujar a niños en colegios y hospitales. A usted, ¿qué le enseñan los niños?

-Algo muy valioso, que es la creatividad pura. No tienen miedo a imaginar, a ser creativos. Hacen cosas inesperadas, muy locas. Y eso me da mucha energía. El otro día fui a la Arrixaca y había una chica con el cráneo lleno de tornillos; otro chaval en silla de ruedas; todos con el gotero, dibujando... Todo esto me sirve para ser consciente de que tengo que hacer muy bien mi trabajo para que el lector se divierta y el cómic sirva de evasión.

-¿Es ese su principal objetivo?

-Mi principal objetivo es que el lector se entere de lo que está leyendo. Me molestan mucho esos cómics en los que los dibujantes hacen cosas súper chulas, pero te pones a leerlo y te saturas. Llevo diez años en Marvel intentando que la lectura sea cómoda, y también que sea chula y entretenida. Los guiones siempre están bien, nunca me he encontrado con uno que sea un coñazo. Son varios factores que confluyen en el resultado final del entretenimiento.

-Sus padres tienen mucho que ver con lo que hoy es Salva Espín.

-Yo no estaría dibujando cómics si no fuera por el apoyo de mis padres. En el caso de mi padre, que de joven era dibujante aficionado y de siempre lector de cómics, me enseñó a dibujar de pequeño, parando cintas de vídeo de dibujos animados en la tele, y comprando cómics. Y mi madre, aunque era menos de cómics, también me apoyaba con clases de arte, acompañándome a exposiciones... ¡Y alimentándome con buenas tortillas de patatas y paparajotes! La alimentación hace mucho.

-¿Qué es irresistible?

-¡El chocolate! Y una buena empanadilla. Esto no puedo tenerlo en casa. Vuelan.

-¿Qué no puede creerse?

-No me creo que los gobiernos no puedan hacer más de lo que hacen. Hay demasiados intereses por ahí.

-¿Por ejemplo?

-Mi novia y yo estamos mirando la posibilidad de adoptar un niño. Consultando trámites, el precio que me han dicho son 14.000 euros por traer un niño solo por el papeleo. ¿Eso a dónde va? El papeleo no cuesta ese dinero. Ahí tiene que haber un negocio montado... No quiero contribuir a que se robe un niño más. En India, por ejemplo, un crío de la casta más baja pasará hambre toda la vida, y esto supondría darle una oportunidad, pero creo que las cosas se pueden hacer mejor. Dicen que la democracia es el menos malo de los sistemas políticos, pero sé que se puede hacer mejor de lo que lo están haciendo.

-Ser padre, ¿no le da respeto?

-Bueno, soy hijo. Y más follonero de lo que fui yo no se puede ser. Habrá que ser padre. Es como ponerte a trabajar, buscarte la vida. Va surgiendo.

-¿Era usted un trasto?

-Tranquilo, pero follonero. Me gustaban los 'He-man' y cada vez que iba a un sitio y veía un 'He-man' tenía que conseguirlo como fuera. Pero hacía los deberes.

-¿De qué no se fía?

-No me fío nada de los 'cuenta calorías' de las bolsas de patatas light.

-En la mesa, ¿cuál es su particular 'kriptonita'?

-Partiendo de la base de que no soy muy partícipe de los restaurantes, y prefiero comer en casa, no puedo con el ajo ni con el vinagre, como buen vampiro murciano.

-¿Y con las cruces?

-Las cruces están bien para colgar cosas.

-Lo mismo se ofende alguien.

-Era un chiste fácil. Las cruces me dan igual.

-¿No es usted creyente?

-Creo en el concepto de 'no hagas lo que no quieras que te hagan'.

-¿Qué más cree?

-Creo que soy como Deadpool, que es un héroe autónomo. Trabaja por dinero, es un mercenario, pero tiene buen fondo. En ese sentido, yo también trabajo por dinero, pero tengo mis principios. Imagínese por ejemplo que un partido nazi me pide que haga unos dibujos de un blanco pateando a un negro. Tres mil euros por un garabato. Pues no.

-Hay más héroes fuera de los cómics que dentro, ¿no?

-Desde luego. Matemáticamente, es así. De hecho, los héroes del mundo real tienen más mérito porque aquí no hay resurrecciones. Los héroes del mundo real solo tienen una oportunidad.

Los abuelos

-¿Un pensamiento recurrente?

-Estos últimos años, sobre todo, suelo pensar bastante en el día que me digan que mi abuelo se ha muerto. Es mi abuelo paterno, está estupendo, tiene 83 años, va todos los días al huerto, conduce... Pero pienso mucho en mi otro abuelo, el materno, Fernando, que estaba mal del corazón y había tenido varias operaciones importantes. Hasta que hubo una que no la superó. Y mi madre siempre me contó que, antes de entrar al quirófano, mi abuelo pidió a mi abuela para que le diera un beso. 'Bésame, Francisca, por si no nos vemos'. Eso siempre lo cuenta mi madre que estaba allí, y yo pienso en ese momento. Pienso en cómo voy a encajar la muerte de mis abuelos, la de mis padres...

-¿Qué ha dejado de hacer con el paso del tiempo?

-Tanto deporte. Natación. Ahora he cambiado la natación por el 'cardiocombat'. A mí siempre me han gustado las artes marciales. Siempre he hecho kárate, y mi padre es cinturón Negro, pero las clases de kárate son muy aburridas. Les falta un poco de diversión. El 'cardiocombat' se hace con música cañera y te puedes flipar un poco.

-¿Qué cinturón es usted?

-No llegué al azul.

-Un par de guantazos sí que está capacitado para dar, ¿no?

-Sí, sí.

-Pero no siguió el camino de su padre hasta el cinturón negro.

-Hombre, a mí me gusta el concepto del arte marcial, y no se me daba mal. Pero había que madrugar mucho para hacer las exhibiciones, y casi que lo hacía mal para irme cuanto antes. Si lo hacías bien ibas pasando rondas, así que llegabas a las nueve de la mañana y no te ibas hasta las seis de la tarde. No, gracias.

-¿Ha dicho madrugar?

-Sí, sí. Fue una de las cosas que me propuse cuando estaba en la carrera. Me levantaba en invierno, amaneciendo, llegaba a la facultad [de Bellas Artes] y la primera vez que iba al servicio me quedaba durmiendo en la taza. Como Scarlett O'Hara en 'Lo que el viento se llevó', me dije: 'A Dios pongo por testigo de que haré lo que sea para no volver a madrugar'. Y lo logré. En el primer curro que conseguí, en Story Boards, empezábamos a las diez de la mañana. Y ahora me organizo como quiero. Como si me levanto a las tres de la tarde, como hice un tiempo. Por la noche se trabaja de lujo, sobre todo en verano.

-¿Qué sería una pena?

-Que se acabaran 'Los Simpsons'.

-Un verano no puede ser un verano en condiciones sin...

-Sin mojarme los pies en la orilla de la playa. Aunque sea más de agua dulce.

-¿Qué no puede perdonar?

-Un paparajote hecho sin amor, y eso lo hago extensible a las empanadillas y a la tortilla de patatas.

-¿Qué súperpoder no aceptaría bajo ningún concepto?

-Las garras de Lobezno. Cada vez que le salen, le rasgan la piel y, además, salen por el estrés. Imagínate que estás estresado y te rascas el culo. Mucho cuidado.

-Elija su propio final para la entrevista.

-¿Le mereció la pena al lector dejar de leer cómics? ¿Si no lee cómics, qué coño lee en el váter?

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