«Nos ven a los doce y dicen: '¡Qué envidia!'»

Víctor Martínez-Carrasco, junto a su mujer y sus diez hijos, en La Manga./Enrique Martínez Bueso
Víctor Martínez-Carrasco, junto a su mujer y sus diez hijos, en La Manga. / Enrique Martínez Bueso

Víctor Martínez-Carrasco Guzmán, arquitecto y diputado del PP en la Asamblea Regional

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Y sí, «los bendijo Dios y les dijo: 'Creced y multiplicaos'» (Libro del Génesis). Víctor Martínez-Carrasco Guzmán (Murcia, 1974), arquitecto y diputado del PP en la Asamblea Regional, es padre de diez hijos. La entrevista es a primerísima hora de la mañana, el silencio todavía reina en la playa cercana y todo a nuestro alrededor es de un azul de Edén: mar y cielo.

1 . ¿Un sitio para tomar una cerveza?
Si es que yo no bebo.
2. ¿Una canción?
'74-75', de The Connells.
3. Un libro para el verano
'Escuelas creativas', de Ken Robinson.
4. ¿Qué consejo daría?
Cuenta hasta tres.
5. ¿Cuál es su copa preferida?
Es que sigo sin beber.
6. Le gustaría ser invisible?
En absoluto.
7. ¿Un héroe o heroína de ficción?
Supermán.
8. Un epitafio
«Intenté haceros felices».
9. ¿Qué le gustaría ser de mayor?
Ser como un niño.
10. ¿Tiene enemigos?
No. Siempre pido perdón.
11. ¿Qué detesta más?
La falta de respeto.
12.¿Un baño ideal?
En La Manga.

-¿Cuántos hijos tiene?

-Diez. La mayor tiene 16 años y la más pequeñita, a la que le he dado el biberón hace dos o tres horas -no sé exactamente porque voy zombi perdido ya [risas]-, un año y medio. Cada año u año y medio, un nacimiento nuevo; y es curioso: el orden es chica chico, chica chico. Mi mujer [Ana Belén] tuvo también un aborto a los cinco meses de embarazo.

-¿Cómo la conoció?

-Nos conocimos en Caravaca. Su padre me daba clases de Dibujo y fue ella la que se fijó en mí [risas]. Yo tenía 17 años, y en mis planes de vida no contemplaba todavía el tener novia. Pero cambié el plan, pasado un tiempo nos hicimos novios y, ocho años despues, nos casamos. Yo tenía 26 años. Ella ha sido y será la única mujer de mi vida. El otro día, alguien contaba que no sé quién tenía muchas novias, yo hice un comentario al respecto y mi hijo de siete años me dijo: «¡Papá, tú cállate que de esto no sabes [risas]!». Yo me he casado con una mujer maravillosa para toda la vida, si Dios quiere.

-¿De crío cómo era usted?

-Un crío alegre y muy soñador, algo que sigo siendo. Una de mis hijas me lo recuerda de vez en cuando: «Siempre estás soñando, papá, a ver cuándo se cumple alguna de las cosas con las que sueñas...». Fui un niño feliz, muy querido por mis padres y mis hermanos. Cuando tenía diez años, nos trasladamos a vivir desde Murcia a Caravaca, y aunque pasé un año malo, tengo claro que fue muy buena la decisión que tomó mi padre. En Caravaca se vive genial.

-¿Por qué vivió un año malo?

-Sufrí 'bullying' y se zarandeó todo ese mundo de felicidad en el que yo vivía. Me aislaron los compañeros, supongo que porque yo era el niño que venía de la ciudad, y por mi forma de hablar...; no lo sé. Duró un curso, pero aquella experiencia me sirvió para conocer otras realidades de la vida y me hizo más fuerte. Y es cierto que también me hizo encerrarme un poco en mí mismo, que dejase de ser ese chico alegre y dicharachero que era. Esa vivencia me ayudó a preservarme de muchas cosas. No fumo, no bebo, no me he drogado nunca...; supongo que mucha gente pensará que he tenido una vida sosa [risas]. Hoy, fíjese, con todos aquellos chicos que me hicieron tanto daño, me llevo extraordinariamente bien.

«Bajar todos a la playa es un 'show'. Parecemos un circo, pero disfrutamos [risas] dándole alegría a la gente que nos ve»

«No tengo la menor duda de que Dios es mi padre y de que Dios provee»

«El Demonio es el principal causante de todos los males en esta sociedad»

-¿Cómo le educaron?

-Con amor, pero corrigiéndome y poniéndome límites. No fui un niño consentido. Precisamente, creo que uno de los errores que se cometen hoy en día es que no se ponen límites. A mis hijos los limito mucho y, claro, van contracorriente. Y no lo hago para coartarles la libertad, sino para que entiendan, y comprueben, la importancia de ser responsables. A los niños de hoy se les consiente demasiado.

-¿Qué le dice a sus hijos?

-Que hay que aprender a vivir en todas las circunstancias, y que la solución a los problemas no es escapar de ellos, no es evadirse.

-¿Qué quiso usted ser siempre?

-Arquitecto, como mi padre.

-¿Cuál es su mejor creación?

-La familia extraordinaria que estamos creando mi mujer y yo.

-¿A qué se niega?

-Al 'ojo por ojo'.

-¿Dónde encuentra consuelo?

-En Jesucrito, en la Iglesia. Soy consciente de que el único consuelo real, el que no falla, me lo da Jesucristo.

-¿Llegó a imaginarse que tendría familia numerosa?

-¡Noooooo! [Risas] Yo, no sé por qué, me imaginaba con tres hijos. Y ya ve, mi mujer y yo ya hace años que no viajamos nunca en el mismo coche porque nos tenemos que repartir en dos para poder desplazarnos los doce.

-¿Y qué pasó?

-Pasó que fueron llegando uno detrás de otro.

-[Risas] Ya, claro, pero ¿por qué decidieron tener tantos?

-Tanto mi mujer como yo pensamos que no somos nosotros los que damos la vida. Los hijos nos los da Dios. Lo vemos todos los días: no todo el que quiere tener hijos los tiene. Los hijos que vienen son los que Dios nos quiere dar.

-¿De qué está seguro?

-Sé que la felicidad no me la va a dar, por ejemplo, una casa más grande, que me haría falta [risas], ni tener un mejor coche, ni un sueldo mayor. La felicidad nos viene si nos entregamos a los demás, si pensamos más en el otro que en nosotros mismos. Está claro que los hijos te rompen todos los esquemas y los planes que te hayas hecho, pero también tengo comprobado que son una bendición. Nosotros somos felices y mis hijos también lo son. Y es curioso, muchas veces sentimos la envidia sana de la gente. Nos ven a los doce y dicen: «¡Qué envidia!». Y entonces tú [risas] tienes que hacer como si todo fuese maravilloso, cuando no le voy a ocultar que esto tiene su parte compleja, incluso muy compleja. Cuando alguien me comenta que soy un ejemplo de macho ibérico [risas], yo le digo: «No, no, más bien soy un lince ibérico en peligro de extinción», porque familias tan numerosas cada vez hay menos y deberíamos estar protegidos.

-Habrá quienes piensen que están locos.

-Sí, claro, lo piensan e incluso nos lo dicen a la cara [risas]. Y estamos acostumbrados a todo tipo de bromas, e incluso a alguna que otra ordinariez sin la menor gracia.

Dificultades

-¿Nunca se ha sentido agobiado perdido?

-Es que, incluso en los momentos de mayores dificultades, también económica, nunca me he sentido solo. En casa tenemos como un centro de alto rendimiento de todo: de la ropa, del calzado, de la comida... Exprimimos al máximo todos los recursos. Y, ya le digo, en los momentos peores me he sentido siempre profundamente querido, arropado por la familia y por gente que te ayuda y te arropa.

-¿Ha experimentado eso de «Dios proveerá»?

-Por supuesto, no tengo la menor duda de que Dios es mi padre y de que Dios provee.

-¿Siempre le concede lo que pide?

-Lo que tengo claro es que a lo mejor lo que le estoy pidiendo no es lo que yo necesito. Su voluntad será siempre mejor que la mía, de eso también estoy seguro.

-Cuando está cansadísimo...

-...¡o sea, siempre! [risas]...

-... ¿Cómo recarga pilas?

-Creo que deben recargarse por su cuenta, porque yo no tengo tiempo de recargarlas. A mí me gusta el deporte, y leer, y el cine, ¡pues claro que me gusta!, pero no puedo dedicarles tiempo. Y por supuesto que me gusta viajar, pero...; no hace mucho nos dijimos mi mujer y yo: «Oye, nos merecemos ya una semana en París». Y después: «Cuatro días en Londres tampoco estaría mal». Y seguidamente: «Pues dicen que Madrid está preciosa». Y finalmente: «¿Y si vamos a ver la Alhambra, que en el mismo día vamos y venimos?». Pues ni eso. El caso es que la gente se piensa que lo que pasa es que no nos gusta viajar [risas].

-Dígame una verdad verdadera.

-Yo he cambiado miles y miles de pañales. [Risas]

-¿Pone usted la otra mejilla?

-Lo instintivo es devolver el golpe, eso está claro que es así. Pero yo intento poner la otra mejilla, sí.

-¿Cómo reacciona cuando intentan tomarle por tonto?

-Me da igual.

-¿El Demonio existe?

-Claro, por supuesto, el Demonio es el principal causante de todos los males en esta sociedad. Inocula en la gente el deseo de hacerse cada uno un dios en sí mismo, de quererlo todo para sí. Y lo que Dios te dice es todo lo contrario. Por supuesto que existe el Demonio, y está haciendo estragos.

-¿Qué ha aprendido?

-Que no soy mejor que nadie, que soy capaz de hacer muchas de las cosas que juzgamos como barbaridades. Uno de los grandes regalos que me ha dado la Iglesia es descubrir que soy capaz de hacer lo mismo que ése al que estoy juzgando.

-¿Qué está pensando hacer?

-Pues me estoy planteando ponerle a mis hijos este verano una camiseta en la que se lea: «Somos 10». Ver a la gente contándolos resulta muy curioso. Cada vez que salimos de paseo, somos una manifestacion sin pancarta. Una manifestación a favor de la familia y de la vida. Y ahora, en verano, entenderá que para nosotros bajar todos a la playa es un 'show'. Parecemos un circo, pero disfrutamos [risas] dándole alegría a la gente que nos ve. En fin, el otro día le dije a mi mujer: «¡Voy a por agua!». Y cuando llegué al supermercado, ni se imagina el 'wasap' que me había enviado con todo lo que, aprovechando que iba a por agua, tenía que comprar. La de vueltas que di.

-¿El aborto en ningún caso?

-En ningún caso.

-¿Por qué está en política?

-Pienso que hay que implicarse. Yo también sé lo que es quejarse de todo tomando un café en la barra de un bar. A través de la política puedes defender aquello en lo que crees. Todos deberíamos ser más ativos en política. A mí me llamaron, se me ofreció la posibilidad y di el paso.

-¿Cuál era su relación con el PP?

-Siempre he votado al PP.

 

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