Teresa Rosique: «En el PP me consideraban su bestia negra»

Teresa Rosique, fotografiada hace unos días en el puerto de Cartagena. / Pedro Martínez
Teresa Rosique, fotografiada hace unos días en el puerto de Cartagena. / Pedro Martínez

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

He aquí Teresa Rosique (Cartagena, 1950), natural del barrio de pescadores de Santa Lucía, madre de tres hijos y abuela de seis nietos, diputada socialista en la Asamblea Regional, durante cuatro legislaturas, y voz que atormentó a los gobiernos de Ramón Luis Valcárcel durante años con sus denuncias de corrupción urbanística. Se tomó muy en serio su papel de David contra Goliat, y jamás se achicó ni se dio por vencida. Hoy es la presidenta del PSRM-PSOE.

Doce tragos

1. ¿Un sitio para tomar una cerveza?
En el puerto de Cartagena.
2. ¿Una canción?
'Mediterráneo', de Joan Manuel Serrat.
3. Libro para el verano.
'La voz dormida', de Dulce Chacón.
4. ¿Qué consejo daría?
Haz lo que creas que tienes que hacer.
5. ¿Cuál es su copa preferida?
De cerveza.
6. ¿Le gustaría ser invisible?
Algunas veces, sí.
7. ¿Un héroe o heroína de ficción?
No tengo.
8. Un epitafio.
[Ninguno]
9. ¿Qué le gustaría ser de mayor?
Una abuela vivaracha.
10. ¿Tiene enemigos?
Adversarios.
11. ¿Qué detesta más?
El rencor y el hacer daño al otro.
12. ¿Un baño ideal?
La playa del Barco, en La Manga, no tiene nada que envidiarle al Caribe.

-¿Dónde estaba usted metida?

-Hasta que Diego Conesa [secretario general del PSRM-PSOE y actual delegado del Gobierno en Murcia] me llamó para decirme que quería que fuese la presidenta del partido, estaba en la gloria llevando una vida de lo más normal, por fin sin responsabilidades políticas y dedicada a mi familia, a la que ya bastante tiempo le había robado. Cuando se acabó mi labor en la Asamblea Regional, tras cuatro legislaturas, le aseguro que no me entró ningún mono [risas]. Estaba muy feliz siendo solo militante de base.

-¿Qué pensó cuando le llamó Diego Conesa?

-Me sentí abrumada. Pensé que era todo un honor y me mostré muy agradecida, pero me costó dar ese paso. Me había propuesto poner distancia con la política. Pero aquí estoy, para echar una mano en todo lo que yo pueda.

-¿Cómo ve el panorama?

-Con mucha ilusión. Estamos viviendo una época apasionante. Vamos a avanzar, sin duda: me refiero a la sociedad, a los derechos y a la justicia social. Lo veremos.

«Tuve un debate durísimo, durísimo con [Ramón Luis] Valcárcel. Eran los años del rodillo puro y duro»

«La madre superiora se empeñó en que yo hiciese el papel de Santa María Micaela del Santísimo Sacramento»

-¿No es demasiado optimista?

-Soy realista. Es un hecho, por ejemplo, que la llegada de Pedro Sánchez al Gobierno de España ha sido un revulsivo importante, a pesar del cabreo que tiene la derecha de este país por haber perdido el poder. Una derecha que ha cuestionado la legitimidad del nuevo Gobierno, que es lo mismo que cuestionar las reglas del juego democrático. Solo las aceptan cuando les benefician a ellos; cuando no, no hay reglas que valgan.

-¿Qué le resultaba lamentable?

-Era como si este país se hubiese resignado a que no había posibilidad de cambio. Y, de repente, se demuestra que era posible romper con esa resignación.

-Millones de ciudadanos han votado al PP.

-Y seguirá teniendo muchísimos votos. La española es una sociedad plural, y se necesitan partidos que encaucen ese voto de derechas. Lo importante es que el PP no gire hacia la extrema derecha, que es el riesgo que se corre si nos atenemos a algunas declaraciones de Pablo Casado, que mira hacia atrás en vez de hacia el futuro. En temas como el del aborto, por ejemplo, da la impresión de que no conoce a la sociedad que tiene delante y a la que aspira a gobernar.

-¿Cómo es la derecha española?

-En España tenemos una derecha poco leal con las cuestiones de Estado. Es decir, una derecha que mira más hacia sus intereses que hacia los de Estado, y que ha jugado con temas con los que no debería haber jugado, como los del terrorismo y la inmigración. Y frente a eso, en los temas de Estado el PSOE ha sido leal, no al PP, sino a la Constitución, a la Ley y a las reglas del juego democrático. Eso, en la derecha, ni lo ha habido ni lo vamos a encontrar. Yo eso lo tengo clarísimo.

-¿Y qué propone hacer con una izquierda tan desunida, tan poco dada a, de veras, sumar fuerzas?

-¡Ay! [Suspira] Creo, fíjese, que la izquierda está aprendiendo.

-¿Sí?

-Sí. Mire, el ejemplo está en los ayuntamientos, donde en muchos está gobernando la izquierda porque ha sido capaz de ponerse de acuerdo para ello. Creo que lo que pasó hace dos años, cuando se presentó por primera vez a presidente del Gobierno Pedro Sánchez, y Podemos votó junto al PP impidiendo un Gobierno de progreso y facilitando de alguna manera que siguiera gobernando [Mariano] Rajoy, ha sido una lección que pienso que esa parte de la izquierda, aunque tarde, ha empezado a entenderla. Eso no quiere decir que no se sigan cometiendo errores. Si una parte de la izquierda se instala en planteamientos maximalistas, volverá a ganar la derecha, ¡y no quiero ni imaginármelo!

-Así es que le gusta Pedro Sánchez.

-Yo aposté por Pedro Sánchez desde el principio, sí, y me dolió enormemente lo que se hizo con él [el propio aparato de su partido lo defenestró]. Pero, finalmente, los militantes hablaron alto y claro y Pedro Sánchez ganó las primarias. A partir de ahí, sobran los resquemores y todos los socialistas remamos, desde luego yo en eso confío, en la misma dirección.

-¿Y cómo ve esta Región?

-Imagíneselo: lleva casi 24 años gobernada por el PP, algo en lo que creo que alguna responsabilidad habremos tenido también la izquierda. No seré yo la que le eche la culpa de ello a los ciudadanos, con el argumento de que se equivocan con su voto. Respeto la decisión que toman los ciudadanos, que son libres para elegir. Ahora bien, la escasez de logros no aporta ninguna credibilidad a la gestión que se ha realizado. Y, por otro lado, la lista de imputados por corrupción de altos cargos de los Gobiernos del PP en la Región es escandalosa. Todavía tenemos casos [de presunta corrupción urbanística] colgados judicialmente, y siguen apareciendo más.

-La Justicia va muy lenta.

-Demasiado, pero, por ejemplo, en el 'caso Zerrichera' [el primer gran caso de presunta corrupción urbanística en la Región denunciado por el PSOE] ya hay condenas. Lo que sucede es que las condenas se han dado en unos niveles de la Administración que no tenían capacidad para decidir. En el 'caso Zerrichera', creo que, judicialmente, se han escapado los grandes responsables, aquellos que sí tenían capacidad de decisión. ¿Qué capacidad de decisión puede tener un director general cuando tiene por encima a un consejero, cuando tiene por encima a un presidente de la Comunidad? Es curioso: en este caso, [el exconsejero Joaquín] Bascuñana firmó la recalificación urbanística para publicarla en el Boletín Oficial de la Región de Murcia (BORM).

Años muy duros

-¿Sabe usted que para el PP no es usted precisamente su musa?

-[Risas] Fueron años muy duros de lucha contra la corrupción, con Pedro Saura [actual secretario de Estado de Infraestructuras, Transporte y Vivienda con Pedro Sánchez] como secretario general del PSRM-PSOE. Éramos conscientes de lo que estaba pasando en cuanto a recalificaciones y pelotazos urbanísticos: La Zerrichera, Novo Carthago, Cabo Cope... El dilema era: o mirar para otro lado o denunciar, y decidimos que el PSOE no podía mirar para otro lado.

-Y usted se convirtió en la cara más popular de toda aquella cascada de denuncias...

-... Me tocó, sencillamente. Estaba de portavoz en la Asamblea Regional y lo asumí. Y lo asumí porque lo vi claro, ya que de lo contrario no me hubiese metido en ese berenjenal. Teníamos los datos que lo demostraban: los pelotazos consistían en recalificar suelo en espacios naturales, beneficiando a los amigos en detrimento del interés general, y eso, ya le digo, no lo podíamos consentir desde el PSOE.

-¿Lo pasó mal?

-Sí, la verdad. Eran los años de las grandes mayorías absolutas del PP, del rodillo puro y duro. Trabajábamos a tope, pero luego llegábamos a los debates y chocábamos contra un muro monumental: daban igual los argumentos, los hechos, daba igual todo. Salíamos a la tribuna y se reían, no escuchaban, se mofaban...; pero, ahora, muchos de los que se reían tanto están viéndose con los jueces. Luego llevábamos razón. También tengo que decirle que, aunque en el PP me consideraban su bestia negra, jamás me pudieron poner una querella, jamás; lo deseaban, pero no se atrevieron. Yo era consciente de que las acusaciones de corrupción eran reales. Es verdad, también, que en aquellos años el dinero fluía, la construcción daba mucho trabajo y parecía que [los socialistas] íbamos contra el progreso. Y contra lo que íbamos era contra la indecencia.

-¿Qué momento recuerda?

-Tuve un debate durísimo, durísimo, con [el expresidente regional y actual europarlamentario Ramón Luis] Valcárcel. En la tribuna siempre me he mantenido firme, pero cuando salí [del salón de plenos] y me fui al despacho que compartía con Rosa Peñalver [actual presidenta de la Asamblea Regional], rompí a llorar. Él me llamó gandula, por ejemplo, pero yo jamás lo insulté a él. Yo no decía que ellos eran corruptos, aunque se daban por aludidos, efectivamente; lo que hacía era calificar sus acciones de corruptas. Mi denuncia era sobre los actos, sobre los hechos. Por ejemplo, había políticos y familiares de políticos vinculados a Polaris World, y cuando hablamos de Polaris World lo hacemos de recalificaciones urbanísticas de muchos millones de metros cuadrados. Al final: cartón piedra todo, burbuja todo, pinchazo todo. Estas políticas del PP han supuesto un coste muy grande para la Región de Murcia.

-¿Usted y Ramón Luis Valcárcel se saludan?

-Sí, yo saludo a Valcárcel. Aunque el debate político haya sido duro, yo el respeto institucional siempre lo mantengo. Fíjese: gente muy significativa del PP me ha mostrado su respeto, a pesar de las fuertes discrepancias. En fin, no fue agradable hacer lo que se tenía que hacer. Recuerdo un debate en televisión, con [el exconsejero de Medio Ambiente y exdelegado del Gobierno en Murcia Francisco] Marqués, en el que me dijo que él me llevaba en su coche, si yo quería, a ponerle una denuncia ante el juez. Mi contestación fue: 'Guárdese la gasolina, porque le va a hacer falta cuando el juez le llame'. Y el juez le llamó. Así todo.

-¿Siempre ha sido usted tan 'peleona'?

-¡Y tan idealista! Creo que era una niña buena [risas], aunque tenía algunas cosas...

-...¿qué cosas?

-Pues... recuerdo que preparándome para la primera comunión, con una maestra a la que adoraba, me explicaron que el que moría en gracia de Dios, sin pecado, se iba al cielo, así es que yo planifiqué mi suicidio. Me dije: 'No tengo que dar lugar a pecar, porque así me voy para arriba...; o sea que... ¡en cuanto comulgue!'. Lo que pasa es que en la catequesis seguimos avanzando, claro, y llegamos a otro punto en el que se nos dijo que era pecado quitarse la vida. ¡No se puede imaginar la decepción que me llevé, yo que lo tenía ya todo previsto! Cuando se lo cuento a mis hijos, nos partimos de risa.

-¿Qué le gustaba mucho?

-Hacer teatro me encantaba. Y montar tómbolas. En una obra de teatro que hicimos en [el colegio] Adoratrices, la madre superiora se empeñó en que yo hiciese el papel de Santa María Micaela del Santísimo Sacramento. Guardo la foto vestida de monja.

-¿Usted es creyente?

-Lo he sido y, de hecho, en que yo sea de izquierdas influyó mucho mi relación con la Juventud Obrera Cristina, la JOC. Ahí fue donde hice mi revolución mental. Y allí aprendí eso de 'ver, juzgar y actuar'.

-¿Dígame una verdad verdadera?

-[Risas] No es que yo quiera hacerle la competencia a Gloria Alarcón [vicesecretaria general de Economía, Igualdad de Género y Po-

líticas Públicas del PSRM-PSOE], que dice que sus huevos fritos son los mejores del mundo, pero tengo que decirle que mi tortilla de patatas, que preparo con una receta que heredé de mi madre, tiene mucha fama. Entre mis amigos, mi familia y los amigos de mis hijos triunfa totalmente.

Temas

Psrm