Abejas, osos, gorilas... las especies que los humanos podríamos hacer desaparecer en la próxima década

El cambio climático amenaza con destruir una tercera parte de los arrecifes de coral, uno de los ecosistemas más bellos y delicados que existen. / r. C.
El cambio climático amenaza con destruir una tercera parte de los arrecifes de coral, uno de los ecosistemas más bellos y delicados que existen. / r. C.

Un millón de especies, la octava parte de la biodiversidad de la Tierra, corren grave riesgo de desaparecer en las próximas décadas. Nosotros somos los culpables y, si no ponemos remedio, lo pagaremos muy caro

PAULA ROSAS

No es un informe alarmista cualquiera. Es 'EL' informe. El más amplio y detallado estudio sobre biodiversidad de los últimos años, elaborado por 455 científicos en 50 países que han evaluado los cambios ocurridos en las últimas cinco décadas en nuestro planeta y sus conclusiones son devastadoras: una de cada ocho especies animales y vegetales se encuentra en riesgo de extinción debido a la actividad humana. En juego está nuestra propia supervivencia. Los fundamentos de nuestra economía. La seguridad alimentaria. La paz.

La voz de alarma la ha lanzado la Plataforma Intergubernamental sobre la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos (IPBES), un organismo independiente impulsado por la ONU en el que participan 132 estados, entre ellos España, y que ayer dejó al menos una ventana abierta a la esperanza: no es demasiado tarde -dijo en París su presidente, Robert Watson-, pero hay que actuar ya. Un «cambio transformador» es necesario, a todos los niveles, del global al local; un giro de 180 grados que transforme nuestro modo de vida, desde lo que ponemos en nuestros platos hasta nuestro sistema financiero. Todo está interconectado.

Se calcula que en el mundo existen 8 millones de especies animales y vegetales, y cerca de un millón de ellas podrían extinguirse en las próximas décadas, un ritmo jamás observado en la historia de la humanidad, según el estudio presentado ayer en la sede de la Unesco en la capital francesa. La velocidad de extinción es centenares de veces mayor que la de los últimos 10 millones de años, y las cifras son desoladoras. Desde 1900, la abundancia media de especies locales se ha reducido en un 20% en gran parte de los hábitats del planeta. Al menos 680 especies de vertebrados han desaparecido desde el siglo XVI. Más del 40% de las especies de anfibios, un 33% de los arrecifes de coral y más de un tercio de los mamíferos marinos están amenazados. La situación es menos clara para los insectos, aunque los científicos consideran que un 10% estaría en peligro.

«Estamos erosionando los fundamentos de nuestra economía y subsistencia»

«Los ecosistemas, las especies, las poblaciones salvajes, las variedades locales de plantas y las razas locales de animales domésticos disminuyen, se reducen o desaparecen. El tejido vivo de la Tierra, esencial e interconectado, se reduce y se deshilacha cada vez más -asegura Josef Settele, uno de los principales autores del informe-. Esta pérdida es la consecuencia directa de la actividad humana, y constituye una amenaza directa para el bienestar de la humanidad en todas la regiones del mundo».

¿Quién es el causante? Sin duda, la acción del hombre, principalmente por la sobreexplotación de los recursos agrícolas y pesqueros. Tres cuartas partes del medio terrestre y el 66% del marino han sido modificados de forma significativa por la acción humana. En 2015, un 33% de los recursos marinos se seguían explotando a niveles insostenibles. A la agricultura y la ganadería se destina un tercio de la superficie del planeta y un 75% del agua dulce y eso, por supuesto, tiene consecuencias. Cultivamos mucho más -un 300% más desde 1970-, pero el suelo es cada vez menos productivo debido a su degradación, y el riesgo de desaparición de los polinizadores amenaza a una gran parte de la producción mundial, valorada en unos 515.000 millones de euros. En juego no solo están las abejas, sino nuestro alimento y economía.

El cambio climático -también provocado por el hombre- es otro de los factores del declive de la biodiversidad, ya que la frecuencia y la intensidad de los fenómenos climáticos extremos que lo acompañan, como incendios, inundaciones y sequías, se han multiplicado en los últimos 50 años. Solo desde 1980, las emisiones de gases de efecto invernadero se han duplicado, lo que ha provocado un aumento de las temperaturas del 0,7 grados. El impacto sobre los ecosistemas es ya tangible y en las próximas décadas podría exacerbarse. Junto a la sobreexplotación y el cambio climático, la contaminación y las especies invasoras son los otros factores que más afectan a escala mundial a la supervivencia de los equilibrios naturales. En los océanos existen ya 400 'zonas muertas', que representan una superficie mayor que la del Reino Unido. Solo la polución marina por plásticos se ha multiplicado por 10 desde 1980. Sus principales víctimas, las tortugas marinas: un 86% de las especies de estos reptiles se han visto afectadas.

«Ya no tenemos excusas»

Esta exhaustiva radiografía del planeta -ayer se presentaron solo las principales conclusiones de un informe de más de 1.500 páginas que verá la luz en los próximos meses- ha evaluado los cambios que se han producido a lo largo de los últimos 50 años y traza un vínculo directo entre el desarrollo económico y su impacto sobre la naturaleza. El estudio ha revisado unos 15.000 referencias científicas y fuentes gubernamentales y, por primera vez a tal escala, ha tenido en cuenta la sabiduría autóctona y local. ¿Por qué? Porque las áreas naturales gestionadas por poblaciones autóctonas y comunidades locales se degradan más lentamente.

La población del planeta se ha duplicado en las últimas cinco décadas. No solo somos más, sino que somos muchos más, en torno a 7.600 millones de personas. Y consumimos mucho más por habitante. El desarrollo de la tecnología ha mitigado el impacto del hombre en ciertos casos, pero lo ha agravado en otros. Desde 1992, las superficies urbanas se han multiplicado por dos. Comprender mejor «la historia y las interconexiones mundiales que existen entre esos factores indirectos complejos» es fundamental para abordar el problema, señala Eduardo Brondízio, coautor del informe. La globalización ha acercado a los pueblos, pero ha dejado su impronta en la naturaleza. Hoy, muchos recursos se extraen de una parte del planeta para ser utilizados a miles de kilómetros de allí.

Números rojos

455
científicos de 50 países han evaluado los cambios ocurridos en el último medio siglo en nuestro planeta. Las conclusiones son devastadoras.
8
millones se estima que es el número total de especies animales y vegetales que existen en el planeta, incluidos 5,5 millones de especies de insectos. Un millón de ellas estaría en peligro de extinción en las próximas décadas.
60.000
millones de toneladas de recursos renovables y no renovables se extraen cada año de la Tierra, el doble que hace 40 años.
87%
de las zonas húmedas presentes en 1700 habían desaparecido en el año 2000. La destrucción de humedales es tres veces mayor, en términos porcentuales, que la de masas forestales.
25
millones de kilómetros de carreteras se construirán de aquí a 2050, el 90% de ellas en países en vías de desarrollo.
2.500
conflictos por combustibles fósiles, agua, alimentos y tierra están activos actualmente en el mundo.
560
razas de mamíferos domesticados habían desaparecido en 2016, y otras 1.000 especies están en peligro de extinción.
5,6
gigatoneladas suponen las emisiones anuales de CO2 que retienen los ecosistemas terrestres y marinos, lo que equivale a un 60% de las emisiones de combustibles fósiles.
70%
de los medicamentos contra el cáncer, ya sean naturales o sintéticos, están inspirados por la naturaleza.

La naturaleza nos alimenta, nos calienta, es fundamental para regular el clima. La fabulosa y compleja relación entre los millones de especies animales y vegetales es única y esencial para la supervivencia del ser humano. «Estamos erosionando los fundamentos mismos de nuestra economía, nuestros medios de subsistencia, la seguridad alimentaria, la salud y la calidad de vida del mundo entero», deplora el presidente del IPBES, Robert Watson. Las consecuencias de la pérdida de biodiversidad no son solo económicas, sino éticas, morales y, sobre todo, sociales. Su amenaza, recordaba ayer la directora general del a Unesco, Audrey Azoulay, «es un riesgo también para la paz y la seguridad mundial».

Revertir el curso de la historia es trabajo de todos y requiere la implicación de gobiernos y de actores privados. Ya no basta con tener objetivos sino que hay que pasar a la acción. El informe presenta un amplio abanico de consejos en favor del desarrollo sostenible, como establecer cuotas efectivas de pesca y áreas marinas protegidas, o promover prácticas que reduzcan la erosión del suelo. Pero el cambio también tiene que venir de cada uno de nosotros. «Como individuos tenemos que reducir el desperdicio de alimentos y el consumo excesivo de agua y energía, sobre todo en los países ricos. Pero también tenemos que considerar nuestra dieta, que tiene una profunda implicación en nuestra salud y en el medio ambiente», argumentaba ayer Watson.

No será fácil, reconoce el informe, porque los cambios, por su propia naturaleza, suscitan la oposición de aquellos con intereses vinculados al 'statu quo'. Pero tampoco es excusa, sentencia Azoulay: «Las generaciones presentes tienen la responsabilidad de legar a las generaciones futuras un planeta que no esté dañado irremediablemente por las actividades humanas. Nuestro conocimiento local y autóctono y científico prueba que tenemos soluciones y ya no tenemos excusas: tenemos que vivir de otra forma sobre la Tierra».