Un gigante de hielo a la deriva

Un gigante de hielo a la deriva

Un iceberg del tamaño de Gran Canaria, el tercero mayor del siglo, se desprende de la costa oriental de la Antártida

Alfonso Torices
ALFONSO TORICESMadrid

Un enorme bloque de hielo, algo más grande que Gran Canaria, flota desde el pasado 25 de septiembre por el océano, a la deriva, después de que ese día se desprendiese un gigantesco iceberg de la costa oriental de la Antártida.

El programa Copérnico, una red de 30 satélites con los que la UE y la Agencia Espacial Europea (ESA) escudriñan cada fenómeno significativo en la Tierra, fue quien grabó a lo largo de cinco días la enorme y acelerada fractura en la plataforma de hielo antártica Amery y quien desde entonces monitoriza y rastrea la singladura hacia el oeste de D28, el nombre técnico del monumental iceberg, que tardará años en fragmentarse y derretirse y que se puede convertir en un grave peligro para la navegación marítima.

Las imágenes, capturadas desde el espacio por el satélite Sentinel 1, muestran el 20 de septiembre cómo se ha abierto una kilométrica grieta en la plataforma Amery –la tercera masa de hielo flotante unido a la costa más grande del continente– y como solo cinco días después el iceberg está ya completamente desprendido.

No se debe al cambio climático sino a la rotura lógica y periódica de los glaciares flotantes antárticos, según la experta mundial Helen Fricker

D28, con una superficie de 1.580 kilómetros cuadrados, un espesor de hielo de 210 metros y un peso de 315.000 millones de toneladas, es el tercer iceberg más grande que se ha separado de la Antártida en este siglo.

Su precedente más inmediato es Berg A68, el enorme bloque de hielo (5.800 kilómetros cuadrados), entre tres y cuatro veces mayor que D28, que arrancó hace dos años y arrojó al mar casi un 12% del hielo de la plataforma Larsen C, ubicada al otro lado del continente blanco, en el extremo noroeste. Sin embargo, ambos monstruos de la naturaleza palidecen ante el tamaño de B15, el iceberg de 11.000 kilómetros cuadrados –el tamaño aproximado de Jamaica– que se desprendió en marzo de 2000 de la barrera de hielo de Ross, al sur del continente.

Imágenes satelitales de la fractura en la plataforma de hielo antártica Amery del día 20 de septiembre (i) y del 25 de septiembre (d).
Imágenes satelitales de la fractura en la plataforma de hielo antártica Amery del día 20 de septiembre (i) y del 25 de septiembre (d). / ESA

Una fractura anunciada

La fractura de la plataforma Amery –que no perdía un trozo de semejante tamaño desde hace 50 años– se ha producido al esprín, pero la botadura de D28 se esperaba desde hace unos 17 años. Helen Fricker, profesora de la Universidad de California y una de las mayores expertas mundiales en glaciares, detectó la fisura en la barrera de hielo en 2002 y, de hecho, esperaba la ruptura para un poco antes, entre 2010 y 2015.

Fricker, a través de Twitter, desligó la fractura del hielo de Amery del fenómeno del cambio climático, pues recordó que, a diferencia de lo que ocurre en la parte occidental de la propia Antártida o en Groenlandia, zonas muy afectadas por el calentamiento global, las plataformas orientales del continente aún no sufren el aumento acelerado de la temperatura. «No se debe al cambio climático. Aunque hay mucho de lo que preocuparse en la Antártida, no hay aún motivo de alarma sobre esta plataforma en concreto».

Se debe, añadió, a un proceso natural, que se repite cada 60 o 70 años, en el que estas plataformas, formadas por la nieve caída en el continente y los glaciares que fluyen hacia la costa, deben perder «parte de la masa que ganan constantemente».