Vuelve el otoño, vuelven los malos humos

JOSÉ ANTONIO HERRERARESPONSABLE DE RESIDUOS Y CONTAMINACIÓN DE ECOLOGISTAS EN ACCIÓN EN LA REGIÓN DE MURCIA

Llega el otoño, y como viene siendo habitual, vuelven a observarse, y a olerse, las quemas agrícolas en comarcas y municipios de la Región de Murcia. Sufrimos de nuevo extensas y densas nubes de humo, cuyos penachos se ven a kilómetros a la redonda, e igualmente alcanzan kilométricas extensiones. Si, además, las condiciones meteorológicas favorecen que las nubes envuelvan núcleos de población cercanos, tenemos un problema mayor, y muy serio.

No es de extrañar que aumenten las quejas y denuncias por contaminación y afecciones a la salud derivadas de las quemas, que se extienden por todo el territorio regional: Cartagena, Mazarrón, Cieza, Murcia o Águilas. Quejas por 'daños colaterales' que evidencian un problema que exige una respuesta urgente y decidida por parte de las administraciones locales y autonómica.

Imágenes recientes de quemas agrícolas en Águilas, absolutamente impresionantes, demuestran por sí solas la preocupante magnitud que alcanza el problema, y hace incomprensible la pasividad institucional. Preocupa pensar que los responsables de proteger la salud de la población parezcan insensibles a estas imágenes de inmensas nubes de humo cubriéndolo todo durante horas, y haciendo el aire irrespirable.

Conviene aclarar que, aunque se trate de una práctica muy arraigada, la quema de residuos vegetales no está permitida por la ley de residuos. Existen alternativas viables, como el triturado para compostaje o enmienda orgánica, o diferentes destinos energéticos, pero quemar es más barato.

Además, las quemas suponen la emisión a la atmósfera de toneladas de CO2, gases contaminantes y partículas. Así lo han advertido tanto la Dirección General de Calidad Ambiental como la de Salud Pública. Ambas han apuntado que las quemas tienen una elevada incidencia en la calidad del aire que respira la población, disparando los niveles de partículas y contaminantes, con efectos nocivos para la salud. Es decir, respirar humo es una cuestión más grave que una simple molestia: es un problema de salud pública.

Varios informes desvelan las emisiones contaminantes, con efectos negativos sobre el sistema respiratorio y cardiovascular de la población. Algunos contaminantes persistentes, bioacumulativos y muy tóxicos. Compuestos orgánicos volátiles como el benceno, y semivolátiles como el benzopireno. Y si hay presencia de cloro, plaguicidas y plásticos en los restos, también se emiten sustancias tan nocivas como plomo, bifenilos policlorados o dioxinas responsables de varios tipos de cáncer en humanos, entre otros efectos, agravando los riesgos para la salud.

Ante este grave problema de salud pública, la respuesta de la Consejería de Agricultura ha sido decepcionante y contraria a lo esperado: 'echar más leña al fuego'. Y es que optó por aprobar una 'Orden de quemas' en 2017 con la que trataba de dar carta blanca a las mismas, bajo la excusa del «riesgo fitosanitario». Medida totalmente irresponsable, que protegía a quienes contaminan, anteponiendo el beneficio económico frente al derecho de la población a respirar un aire saludable.

Este evidente fracaso institucional y empresarial en materia de gestión de residuos agrícolas precisa de una participación activa de Comunidad Autónoma y ayuntamientos, con la aprobación de un Plan Regional de Gestión de Residuos Agrícolas que prohíba las quemas, salvo en contadas y justificadas ocasiones, y que promueva las alternativas. Así como medidas municipales para la protección de la calidad del aire de la población.