Las ninfas del Segura

JOSÉ MANUEL ZAMORAVOCAL DE LA ASOCIACIÓN DE NATURALISTA DEL SURESTE

Que las aguas del río Segura a su paso por la Huerta de Murcia discurren más limpias que antaño es un hecho consumado. La estampa de una cloaca a cielo abierto por la que fluían espumosas aguas residuales, que poco invitaban al uso público, forma ya parte del pasado. Allá por 1999 la Asociación de Naturalistas del Sureste (Anse) alertaba sobre el alto grado de contaminación del río Segura y reclamaba un esfuerzo a las Administraciones Públicas para revertir esta maltrecha situación.

Casi dos décadas después, tras contundentes progresos en la depuración de aguas y en el control de los vertidos, el Segura luce a día de hoy mucho mejor aspecto que por aquel entonces. Álamos, almeces y taráis pueblan los meandros del río insinuando el éxito de las plantaciones realizadas por voluntarios y de los esfuerzos dirigidos a la restauración fluvial. Garzas, martinetes e incluso el martín pescador recorren rutinariamente las orillas del Segura en busca de suculentos barbos, carpas y cangrejos. En el barro, excrementos de color carmesí depositados sobre una roca delatan la presencia de la nutria, un mamífero carnívoro de hábitos acuáticos que llegó a desaparecer en la Vega Baja durante los años de severa contaminación. La misma suerte corrió la anguila, que parece haber recuperado parte de su distribución histórica y ha retornado a las acequias, los azarbes y al propio cauce del río Segura. Algunos de estos argumentos, como la presencia de la nutria, se esgrimen hoy día con demasiada frecuencia en los medios de comunicación para demostrar la mejora en la calidad del agua y la recuperación ambiental del río Segura. Sin embargo, más que indicar la pureza de las aguas, lo que realmente nos está dictando la presencia de la nutria es que hay suficiente comida, sobre todo cangrejos de río.

En la mitología griega, el término náyade es acuñado para referirse a las ninfas de los ríos, arroyos y pozas que tienen la facultad de purificar las aguas. Los zoólogos han recurrido al mismo término para referirse a las almejas de río (las náyades) que habitan los lechos fluviales y filtran el agua para alimentarse. Considerado uno de los grupos animales más amenazados del planeta, la mayoría de especies de náyades se encuentran en declive debido a la alteración de los cauces fluviales y a los altos niveles de contaminación en los ríos. Dado su carácter filtrador, cualquier evento de contaminación de las aguas afecta directamente a estos moluscos bivalvos. Pero, además, las náyades requieren de la presencia de determinadas especies de peces nativos para completar su ciclo vital, pues sus larvas necesitan fijarse a las branquias del hospedador para culminar su desarrollo. Paradójicamente, algunas de las especies de peces de las que dependen las náyades para reproducirse, como el esturión europeo, se encuentran en franca regresión.

En la cuenca del Segura, la única especie de náyade con presencia histórica es 'Potomida littoralis', una almeja de gran tamaño que poblaba la Vega Baja y cuyas conchas aún se pueden encontrar en los quijeros de las acequias mayores, amontonadas entre el sedimento retirado por las mondas. Aquí, donde actualmente no se le conocen poblaciones vivas, muy probablemente sea el barbo del sur el único pez que puede ejercer de hospedador de las larvas. Sin embargo, en la Vega Baja el barbo se encuentra arrinconado por especies invasoras como la carpa e impedido en su migración por la presencia de presas. Por tanto, es lógico pensar que los eventos de contaminación de las aguas y la regresión del barbo arrastraron a la almeja de río hasta el mismísimo abismo de la desaparición. Quién sabe si hoy, quizás, entre las limpias aguas del Segura donde nada una anguila y bucea una nutria, siga viviendo enterrada una ninfa de río.

 

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