Miguel Ángel Martínez-Aroca: «Hay que lograr neutralizar los impactos del desarrollo»

Miguel Ángel Martínez-Aroca, presidente de Anpier y abogado de las DOP de Jumilla y Yecla, en los viñedos de Señorío de Barahonda. / A. M. QUINTANILLA
Miguel Ángel Martínez-Aroca, presidente de Anpier y abogado de las DOP de Jumilla y Yecla, en los viñedos de Señorío de Barahonda. / A. M. QUINTANILLA

«Los macroproyectos explotan el sol de la Región y se llevan el beneficio fuera», avisa el presidente de Anpier

Pepa García
PEPA GARCÍA

Miguel Ángel Martínez-Aroca (Murcia, 1971), presidente de la Asociación Nacional de Productores de Energía Fotovoltaica (Anpier), representa a 65.000 familias y pymes españolas, un 10% murcianas, que ahora celebran la eliminación del 'impuesto al sol'. Abogado de las DOP Jumilla y Yecla, se siente muy vinculado al Altiplano murciano, donde disfruta rodeado de los viñedos de uva Monastrell. Defiende el desarrollo de las renovables, pero no de cualquier manera. Critica que los grandes macroproyectos reproducen el pernicioso modelo de concentración de poder. Y está «muy cabreado» con los ecologistas de Yecla por la polémica que ha surgido en torno al último proyecto que lidera. «Las medidas de compensación han sido ejemplares», avanza.

-El sector de la alimentación es responsable del consumo de un tercio de la energía...

-Sin duda. En los países avanzados eso tiene una consecuencia penalizante, las emisiones que hay detrás. Por eso la importancia de consumir producto de cercanía y en la época que toca. Tenemos que ir cambiando los usos en los que la sociedad modernizada ha sido mal acostumbrada. Hay que reducir las emisiones de CO2 porque, efectivamente, el sector energético es responsable, pero porque hay una demanda. La energización no eficiente de los edificios requiere cambios. También hay que variar que esa demanda de energía sea de renovable.

«Sería deseable que se exigieran medidas de compensación ejemplares a todos los promotores»

-¿La energía solar navegará ahora con viento a favor?

-Confiemos en que sea así. Desde luego, la eliminación del 'impuesto al sol' es un paso decidido a favor del autoconsumo de la fotovoltaica. Era la traba más importante para su desarrollo. Ahora falta una didáctica del Gobierno central para animar a la población a que invierta en renovables en dos modalidades: una, en autoconsumo que pueden instalar en millones de tejados; y, dos, en nuevos proyectos de parques solares sociales para inyectar a la red energía limpia.

-El último informe del IPCC insiste en el cambio de modelo y recomienda variar los usos del suelo. No tiene mucho sentido que, por ecológica que sea la energía solar, se ocupen zonas naturales o agrícolas para parques, ¿no?

-Sin duda. A ver, hay que buscar un equilibrio y no siempre es fácil. Hoy por hoy, la fotovoltaica se instala donde hay una línea capaz de absorber la energía producida. Lo digo porque hay asociaciones ecologistas que piden que, por obligación, se instalen en los tejados de polígonos industriales. No es fácil porque esas líneas están colapsadas, y nos obliga a buscar terrenos rústicos. Obviamente, hay que buscar aquellos sin especial valor agrario ni ganadero. Y, por supuesto, en zonas sin protección ambiental.

-Ya que saca el tema, el proyecto que lidera en Yecla ha levantado ampollas. ¿Algo que añadir?

-Insisto, resulta importante conocer que la ubicación no es una elección libre del promotor; hay muchos parámetros que contemplar. No es capricho. Además, en este caso, lidero la construcción de un parque solar pequeño, de 2 MW en Yecla, que integran 100 familias, con 20.000 euros cada una: un proyecto con ADN 100% murciano y con todas las bendiciones de las administraciones, especialmente la medioambiental. No estando en ningún paraje protegido, había cierta fauna [alondra ricotí y otras esteparias] y Medio Ambiente nos ha ofrecido compensar con las mismas hectáreas que ocupa el parque con una finca agrícola y plantando esparto, romero y tomillo. Nos va a costar un dineral. Las medidas de compensación han sido ejemplares. Y lo que sería deseable es que se exigiera esto a todos los promotores de renovables de la Región. Pero si no construimos proyectos renovables, no va a haber ni raza humana que mantener. Hay que colaborar todos o esto será un infierno.

«Estamos muy mal acostumbrados a tener por triplicado todo. El planeta a este ritmo no va a dar»

-¿Qué modelo defiende Anpier?

-Estamos en contra de los grandes proyectos de energía fotovoltaica. Esos macroparques de 200, 300 o 500 MW que se anuncia que vienen a la Región. No es lo más adecuado porque llevan implícitos costes ambientales enormes, difícilmente compensables. Anpier aboga por proyectos de no más de 50 MW. Un modelo de éxito del que nos vamos alejando.

-¿Cómo ha afectado el parón normativo a la tecnología en España?

-Nos hemos quedado a la cola del desarrollo de la energía renovable en la UE, de ser un país pionero. Y estamos en una situación muy complicada para cumplir los compromisos de reducción de emisiones en 2020. Creemos que no se va a llegar al 20% de origen renovable. Eso es consecuencia de la normativa contraria al desarrollo de nuevos proyectos de renovable que aprobó el gobierno del PP en 2012, cerrando el registro y, además, castigando con recortes retroactivos hasta la saciedad (de hasta el 50%) a los parques y a las familias que habían confiado en la seguridad jurídica del BOE en 2007. Esperemos y confiemos que el nuevo Ministerio de Transición Ecológica ponga la nave rumbo, nuevamente, hacia altas miras de cumplimiento de cuotas de renovables.

-Pero, en este caso, ¿hablamos de macroproyectos, otra vez?

-Exacto, la subasta que diseñó el PP priorizó los grandes proyectos, y eliminó de la subasta los más pequeños, por precio y por potencia. Ese diseño se concentra en torno a titularidades únicas. Y, muchas, son de fondos de inversión o grandes compañías, y están forzando al legislador a volver a hacerles un diseño normativo a medida. Desde Anpier pedimos a los políticos una cuota mínima del 25% para proyectos pequeños y distribuidos.

-¿Beneficia más este modelo?

-Sí, porque ancla poblaciones al territorio, redistribuye la riqueza entre murcianos y empresas autóctonas. Eso significará que los ingresos se quedarán en Murcia. Fue imposible que el PP lo contemplara y lo que ha resultado es una subasta en manos de grandes compañías y fondos de inversión que van a construir macroproyectos. Eso explota el sol de la Región y se lleva el beneficio fuera. Y no sé cómo explicárselo ya, me duele la boca.

-¿Cómo llegó a la energía solar?

-Lo hice por convencimiento medioambiental, como necesidad. Entonces, había otras oportunidades para invertir. Era el año de los grandes beneficios inmobiliarios y en bolsa. Y decidí invertir mis pocos ahorros en clave de sostenibilidad, respondiendo al llamamiento del Estado en 2007. En aquellos años fui padre de dos hijos y consideré que en el sector de las renovables reducía emisiones y dejaba un planeta más limpio a esas dos criaturas. Y así lo hicieron las 65.000 familias, que invertimos 25.000 millones de euros para generar 3.600 MW de potencia; el 10% de todas esas cifras corresponden a la Región.

-¿Cuál es su relación con el medio natural?

-Respetuosa 100% con la naturaleza. Me gusta pasear con mi familia por el Altiplano, aprovecho para hacerlo siempre que puedo. No cojo plantas, no dejo basura... La naturaleza es nuestra madre y hay que cuidarla hasta el extremo. Además, compenso por 10.000 las emisiones de mi familia.

-Hablaba de un cambio de modelo productivo, ¿se debe decrecer?

-Lo que tenemos que conseguir es neutralizar los impactos a la naturaleza de ese desarrollo. La clave no está en oponerse a esa ola, sino en exigir como condición 'sine qua non' para seguir caminando que el desarrollo sea sostenible energéticamente. Y no hay otra manera que cerrar las centrales de carbón; reducir el consumo de petróleo, hay que ir hacia el vehículo eléctrico; y evitar el gas en calefacciones y generación, que es fósil y contamina. Tenemos que incrementar eólica, fotovoltaica y biomasa, la gran desconocida. Nuestros bosques sufren incendios porque desperdiciamos la biomasa, que podríamos recolectar; les haríamos un gran servicio y obtendríamos una energía necesaria.

-Pero no solo la energía es el problema, los científicos advierten de que no va a haber recursos al ritmo actual.

-Sí, sin duda eso requiere cierta moderación. Estamos muy mal acostumbrados a tener por triplicado todo. Tenemos un problema con la alimentación. Unos países viven demasiado bien y se permiten el lujo de tirar a vertederos toneladas de alimentos, mientras otros pasan hambre. El planeta a este ritmo no va a dar.

Como en casa, en los viñedos de Monastrell

«Para mí la naturaleza, el cultivo, es una parte muy importante de mi vida. He elegido el viñedo de Monastrell por su importancia para la agricultura de la Región. Considero, además, que esta está interrelacionada con el sector energético, ya que es responsable en un 75% de las emisiones de CO2 a la atmósfera y los cultivos están directamente afectados por efectos ya patentes como la ampliación de los ciclos de sequía, la elevación de las temperaturas y lo que se nos anuncia que viene», asegura en los viñedos de la familia Candela, junto a la bodega Señorío de Barahonda, donde conviven sanos con un parque solar. «Algo que sería imposible junto a una central nuclear o de carbón».

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