Sonia Ruiz: «Ahora que está todo tan jodido, hay que darle la vuelta a la tortilla»

Sonia Ruiz, jugadora de baloncesto BSR, en el paseo marítimo de Mar de Cristal. / J. M. RODRÍGUEZ / AGM
Sonia Ruiz, jugadora de baloncesto BSR, en el paseo marítimo de Mar de Cristal. / J. M. RODRÍGUEZ / AGM

«En el monte o en el mar, me siento libre, en paz conmigo misma», confiesa la jugadora de baloncesto BSR

Pepa García
PEPA GARCÍA

A Sonia Ruiz (La Unión, 1981) un desgraciado accidente de tráfico en 1999 la hizo inseparable de su silla de ruedas, una experiencia que le cambió la vida, la forma de afrontarla y su rumbo profesional. Amante y practicante de deportes, el baloncesto en silla de ruedas (BSR) le sirvió de acicate para superarse y le proporcionó el medio para ganarse la vida. «Fue un flechazo y, hasta el día de hoy, es uno de mis amores». Jugadora de la selección española de BSR, se ha convertido en el Mundial Femenino de BSR 2018 en Hamburgo en la primera jugadora con 100 partidos disputados con La Roja y además fue elegida miembro del quinteto ideal del Mundial 2018. Y no es la primera vez. «¡Y eso que casi doblo la edad a algunas jugadoras! Estoy empezando mi segunda juventud. Me quedan 5 o 6 años buenos, si me respetan las lesiones». Toda una estrella del BSR, esta unionense toca casa cuando está junto al Mar Menor, en Mar de Cristal; su refugio cuando regresa al terruño tras largas estancias fuera.

-¿Qué siente aquí?

-Me gusta tanto este sitio que solo lo quiero para mí. Pero este año, que ha sido tan estresante profesionalmente: el club -UCAM Murcia BSR- ha crecido de manera exponencial, además hemos regresado después de muchos a una competición del nivel del Mundial,...; y a nivel personal también ha sido complicado, no me ha relajado ni el Mar Menor.

Actitud ante la vida marina: «Pienso que no sabemos disfrutar de las cosas sin tener posesión de ellas»

-¿Qué hace en esos casos?

-Irme unos días a la montaña, el otro sitio en que puedo desconectar. Además, lo necesitaba, porque empezaba a plantearme si las personas me caían bien [bromea].

-¿Qué es lo que le engancha?

-Respirar, y pensar, y sentirme libre. Aunque se puede creer que en el monte, con silla de ruedas, muy libre, muy libre no eres... Pues en cuanto a temas de movilidad no, pero en cuanto a disfrutar del entorno... Me hace sentirme en paz conmigo misma. Además, me meto en una piragua y a navegar. En el medio acuático me siento completa, aunque hasta que llegas al agua es un poco complicado [ríe].

El Mar Menor: «Muy mal, pero mejor que el año pasado. Creo que porque no ha llovido tanto y no ha arrastrado el sedimento maldito»

-¿Cómo se mueve en el monte?

-Soy como la Nancy accesorios. Tengo un montón de complementos para la silla. Una rueda delantera que me permite ir con mi perra 'Ada' a pasear por el campo; otro acople que es como una bici para ir por senderos más complicados y por la arena; tengo otras ruedas que son más anchas y hacen la silla 'todoterreno': parezco un tractor. Al final, buscas calidad de vida, ser lo más autónoma posible.

-¿Cómo ha encontrado su Mar Menor tras las largas ausencias?

-Jodido, muy mal. No me refiero a este año, pero, me acuerdo que, de pequeña, para llegar al agua tenía que andar un montón. Y, cuando volví, pensé: o me he hecho muy grande o aquí falta arena. Pero, al final, siempre te apetecía meterte al agua, no olía. Y cada año ha ido en detrimento, hasta el año pasado que se puso fatal, daba asco. La verdad es que este año me he bañado poquito, pero lo he visto mejor. Creo que es porque no ha llovido tanto y no ha arrastrado el sedimento maldito: los minerales. Que se le echa la culpa a la agricultura, pero está la minería también. Y las personas: el otro día, un domingo, estaba todo lleno de gente. La raza humana es lo peor. El paseo estaba lleno de latas, plásticos, pañales... Era como si la noche antes hubiera habido un macrobotellón y no lo hubieran recogido. Y la arena llena de basura. Estamos de prestado y nos lo cargamos todo.

Respeto a la naturaleza: «No hay más que ver el día de las monas o la romería cómo queda el campo»

-¿Qué opina de las iniciativas ciudadanas para mejorar el entorno?

-Ay, me encantan. Me gusta mucho que la sociedad, de verdad, se conciencie (nos concienciemos) con cuidar lo que nos han prestado. Porque, al final, puedes pensar que llegas y te vas, pero normalmente dejamos un legado (familia, amigos,...) y si no somos capaces de cuidar lo que les vamos a dejar a quienes queremos, tenemos un serio problema.

-Por su trabajo como jugadora de BSR ha viajado bastante, ¿qué diferencias encuentra con otros países?

-Vengo de Alemania y he estado por Europa preparando el campeonato del mundo y la mentalidad es totalmente distinta. Las ciudades están mucho más limpias, no se ve nada por el suelo. Y, sin embargo, hay muy pocas papeleras; la gente se guarda las cosas. Y luego, ellos (en Alemania, Noruega, Inglaterra, Francia,...) tienen la política de que entregas la botella de plástico, la lata o el vidrio y te pagan por ello. Es una forma de concienciar y de sacarte un dinerillo. No sé por qué no lo hacen aquí, porque nosotros por dinero matamos [vuelve a bromear].

-¿Cómo cree que conservamos la naturaleza aquí?

-Mal, no hay más que ver el día de las monas o la romería cómo queda el campo.

-¿Qué piensa cuando ve a legiones de padres e hijos armados de gamberos para coger peces, cangrejos,...?

-Pienso que no sabemos disfrutar de las cosas sin tener posesión de ellas. Todo es nuestro. ¡Pero si lo bonito de todo es poder observarlo! De pequeña buceaba un montón y me encantaba ver una familia entera de caballitos de mar. A mí no se me ocurría llevar el caballito de mar a mi casa.

-¿Le daremos la vuelta a los problemas en el Mar Menor?

-Siempre me manejo en aspectos positivos y quiero pensar que sí. Pero será a largo plazo, porque tendrán que ser las generaciones que vengan detrás. Como para todo. Yo también uso eso para la normalización de la discapacidad, porque a veces también hay un estigma. Creo que, ahora que está todo tan jodido, es el momento de darle la vuelta a la tortilla y empezar a trabajar en cómo debe de ser el mundo.

-Y, la gente con problemas de movilidad, ¿os sentís bien tratados?

-Todavía existen los centros inclusivos. Si hay, por ejemplo, 25 institutos en Murcia, hay dos totalmente aptos para personas con discapacidad física. Cuando deberían ser todos. Estos dos tienen servicio de rehabilitación... Me parece bien, pero no termino de compartirlo porque a veces les he preguntado si hacían Educación Física y resulta que, de tres horas, hacen una, las otras dos están en rehabilitación. ¿Eso es un centro inclusivo y segrega a la hora de hacer Educación Física? [Se pregunta asombrada]. Muchas veces, vendemos humo.

Con un caballito de mar tatuado en la piel

«Mi familia siempre ha vivido aquí. Mi abuelo era guardia jurado de la playa y, desde que tengo uso de razón, recuerdo el Mar Menor. Es mi favorito no solo de la Región, sino del mundo. 37 años llevo aquí, el mismo día que terminaba el colegio me venía y me iba el día de antes. Y, también venía los fines de semana. Cuando llegó el momento de tener una vivienda, no encontraba ningún sitio donde de verdad quisiese vivir y me acordé de que siempre quise estar aquí. Así de claro», razona Sonia Ruiz, que se confiesa amante de los caballitos de mar, tanto que lleva uno tatuado en la piel.