Un estudio pionero del Oceanogràfic evalúa la tolerancia de las belugas al cambio climático

Una cuidadora mide la respiración a una beluga. / F. OCEANOGRÀFIC
Una cuidadora mide la respiración a una beluga. / F. OCEANOGRÀFIC

Permitirá estimar la capacidad de adaptación de los cetáceos del Ártico a las alteraciones del ecosistema

Pepa García
PEPA GARCÍA

Las últimas mediciones realizadas en el Ártico alertan de la presencia de un 50% más de agua de deshielo desde la era preindustrial. De hecho, según los científicos, el Ártico se está calentando entre dos y tres veces más rápido que la media del planeta por el cambio climático y las consecuencias de estos cambios las sufren, entre otras muchas especies, las belugas, de las que ya hay evidencias de que estarían buceando más a menudo y a más profundidad para comer.

Para saber si estos cetáceos podrán adaptarse a estas transformaciones es necesario estudiar en detalle su fisiología, algo difícil en el medio natural. Por ello, investigadores de la Fundación Oceanogràfic (Valencia) lideran un trabajo internacional que mide por primera vez la capacidad respiratoria de las belugas. Un estudio para el que cuentan con la participación voluntaria -«en todo momento los animales podían dejar de participar en las medidas simplemente alejándose», aclaran los científicos- de nueve belugas de tres centros oceanográficos: Valencia, Tejas (EE UU) y Vancouver (Canadá). El trabajo publicado en 'Respiratory Physiology & Neurobiology' y que considera que las belugas pueden actuar como centinelas del cambio climático. «Las belugas podrían ser especialmente vulnerables a alteraciones del ecosistema debidas al cambio climático, como una menor variedad de las presas o cambios en su distribución», explica Andreas Fahlman, investigador de la Fundación Oceanogràfic y primer firmante del estudio.

De hecho, estudios con belugas en el medio natural han permitido hallar indicios de que algunas poblaciones estarían dedicando más tiempo del habitual a buscar alimento, desplazándose a más distancia o alterando sus hábitos de buceo. Si esto se confirma, en un contexto de deshielo acelerado del Ártico las belugas estarían sometidas a una presión creciente.

«Es la primera vez que disponemos de información detallada sobre la respiración de las belugas», explica Fahlman. «Nos ayuda a entender su fisiología, su comportamiento en condiciones normales y, por tanto, nos permitirá detectar cuándo los animales están sometidos a estrés o enfermos». «Esta información -valora el autor de la mayoría de los trabajos sobre función respiratoria en cetáceos- es una pieza esencial del puzzle, si queremos saber si las belugas pueden invertir más energía en buscar alimento en un contexto de cambio climático».

Centinelas del ecosistema

Las belugas, cetáceos dentados y adaptados a vivir en un mar helado, pueden bucear en apnea a más de 700 metros para alimentarse sobre todo de peces, crustáceos y otros invertebrados del fondo marino. Su posición en la cadena trófica los convierte en centinelas de la salud de todo el ecosistema y, por tanto, en indicadores del impacto del cambio climático en la región ártica.

Para estimar la gravedad de la amenaza y determinar qué condiciones ambientales quedan más allá de los límites fisiológicos de estos mamíferos marinos «es crucial que entendamos el funcionamiento de su sistema respiratorio y cardiovascular», aclara Fahlman.

El que se publica ahora es el primer estudio sobre función respiratoria en belugas y tiene la peculiaridad de que se lleva a cabo con animales que participan voluntariamente en la investigación. Es un detalle importante, porque reduce la posibilidad de que las medidas reflejen el comportamiento estresado del animal, en lugar del fisiológico.

Los investigadores se basaron en equipos de medida de función pulmonar en humanos para desarrollar un instrumento específico para este estudio, el neumotacógrafo cilíndrico, un sello de silicona quirúrgica que se coloca sobre el espiráculo de las belugas. Los animales fueron entrenados durante meses para respirar en este dispositivo siguiendo las indicaciones de sus cuidadores. El objetivo era medir el volumen y el flujo de gases inspirados y expirados durante la respiración.

La interpretación de los datos recabados permite concluir que en cada respiración estos cetáceos intercambian el 30% del volumen de aire presente en sus pulmones, un porcentaje entre dos y tres veces superior al habitual en humanos. Entre cada inspiración transcurren entre 10 y 15 segundos.

El paso siguiente es relacionar la respiración de los animales con su metabolismo. Los investigadores creen que las medidas de función pulmonar pueden ser una forma no invasiva de evaluar la salud respiratoria de los cetáceos. Y, en última instancia, «los datos de este estudio mejorarán los modelos teóricos sobre los límites fisiológicos del buceo en mamíferos marinos y sobre el impacto de la acción humana en la supervivencia de las especies marinas; es una información muy importante para la conservación».

 

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