¡UNA DE CORDERO, ODS!

ANTONIO CONTRERAS VERACatedrático de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Murcia

El consumo de carne de cordero se desplomó un 40% entre 2007 y 2017, agravando la crisis del sector ovino de aptitud cárnica, en especial de explotaciones extensivas. Aunque este descenso parece haberse frenado en el último año, la importación de cordero desde otros países como Italia o Grecia dificulta que esta recuperación repercuta sobre los productores nacionales.

Los pequeños rumiantes nos han alimentado y vestido durante siglos. Su pastoreo aprovecha recursos naturales, fija población al medio rural, ha generado diversidad de razas autóctonas, impregna nuestra cultura, ha modelado el paisaje, contribuido a la biodiversidad, al mantenimiento de las vías pecuarias y al control de los incendios, entre otros beneficios. Por ello, algunas comunidades autónomas comienzan a reconocer y recompensar estos «servicios ecosistémicos» y la ganadería extensiva se echa de menos donde está disminuyendo o ha desaparecido. En los 20 últimos años, España ha perdido el 36% del censo ovino y 'La Verdad' publicaba hace un mes: «la ganadería extensiva está en peligro en la comarca del Noroeste».

Las enfermedades que afectan al ganado y a la salud pública han sido un reto para el sector y desde los años 70 se han invertido cuantiosos recursos en la lucha contra la brucelosis (fiebres de Malta). A día de hoy, nuestro nivel de saneamiento es envidiable y aspiramos a ser reconocidos por Bruselas como Región 'Oficialmente Indemne de Brucelosis Ovina y Caprina'. Además, la lucha frente a la tuberculosis caprina, iniciada en Murcia en los años 90, es toda una referencia que ha sido emulada por otras autonomías. Paradójicamente, la ganadería ovina afronta su peor crisis con el mejor estatus sanitario de la historia y, si la tendencia no cambia, podríamos ver desaparecer el ovino extensivo de nuestro entorno en las próximas décadas.

Las razas autóctonas, legado genético de la ganadería extensiva y perfectamente adaptadas a las condiciones ambientales de cada territorio, deben ser conservadas por su valor estratégico. Entre las 44 razas autóctonas de ovino españolas, la Segureña y la Montesina aún pastorean en Murcia, sobre todo en el Noroeste. De la raza Montesina, oficialmente catalogada en peligro de extinción, apenas quedan 10.500 ejemplares (el 42% en la Región). La raza Segureña, de la que tenemos en Murcia casi un 20% del censo total, destaca por su adaptación a las duras condiciones de las Cordilleras Béticas Orientales. Es una raza de aptitud cárnica de referencia por la alta calidad y sabor de su carne. Además, dispone de una Identificación Geográfica Protegida que garantiza su procedencia de rebaños de raza Segureña y manejados a una altitud mínima de 500 m. en comarcas de Almería, Granada, Albacete, Jaén y el Noroeste de Murcia (Caravaca de la Cruz, Moratalla, Bullas, Cehegín y Calasparra). Otra singularidad de esta raza es la existencia de más de 20.000 cabezas, en condiciones puramente extensivas, y en régimen ecológico, en los ricos pastos de la Sierra del Segura (Campos de Hernán Perea). Cuando el otoño avanza y los hielos impiden el pastoreo, estos rebaños inician su 'vereda', a pie y por vías pecuarias, hasta las dehesas de Sierra Morena. Este fenómeno ancestral de la trashumancia, reconocido en 2017 como manifestación representativa del patrimonio inmaterial, se repite semestralmente a menos de tres horas de la ciudad de Murcia.

La mejor forma de ayudar a estas razas autóctonas, explotadas extensivamente, es «comiéndonoslas», aunque desconozcamos que esa actitud gastronómica sintoniza con el acrónimo de moda: ODS (Objetivos del Desarrollo Sostenible).