Consumimos, luego existimos

JUAN LUIS CASTANEDOSECRETARIO DE LA ASOCIACIÓN PARA LA CUSTODIA DEL TERRITORIO Y EL DESARROLLO SOSTENIBLE (ACUDE)

En la actualidad, tenemos al alcance de la mano todo tipo de productos y bienes destinados a satisfacer nuestras necesidades; tanto las imprescindibles como las más superfluas. Este aparente beneficio supone un riesgo, ya que el consumismo de una parte minoritaria de la población mundial está provocando graves problemas ambientales y sociales de los que la mayoría de la gente no es consciente. Se sufre una dependencia, en ocasiones casi patológica, de todo tipo de bienes. Y no solo para satisfacer necesidades reales: estamos condicionados por una serie de valores que vende la publicidad, siendo bombardeados constantemente desde diversos frentes, de los que difícilmente nos podemos evadir.

El consumo desenfrenado invade la vida cotidiana, está de moda. Han proliferado los grandes centros comerciales, que ofrecen, además, unas alternativas de ocio al alcance de la mayoría de los bolsillos. Allí abundan los espacios para que los visitantes se gasten el dinero, estimulando la adquisición de productos no siempre necesarios. Las estrategias publicitarias consiguen provocar el deseo hacia estos productos; crean necesidades absolutamente irreales. Trabajamos muchas horas para ganar dinero y poder consumir. Y, paradójicamente, el poco tiempo libre que tenemos lo dedicamos a pasear por centros comerciales. Se bombardea a la sociedad con ideas que exaltan la importancia del consumo para la economía, para crear riqueza y para aumentar los puestos de trabajo. Pero se suele silenciar el verdadero perjuicio del consumismo, tanto para nuestra salud como para el medio ambiente y la naturaleza. Consumir más no mejora necesariamente nuestra calidad de vida; al contrario, hipoteca nuestro tiempo y dinero a cambio de una efímera satisfacción.

Es decir, estamos mediáticamente manipulados para consumir. Llenamos vacíos con lo que no necesitamos, pero que adquirimos dilapidando el dinero de forma irracional.

El impacto medioambiental de este consumo desenfrenado es igualmente grave. Pocas veces pensamos en que, para elaborar algo, se han tenido que extraer materias primas de la naturaleza, produciendo graves daños. Su transformación conlleva un gran consumo de energía y, al mismo tiempo, el uso de productos químicos perjudiciales para la salud y el medio. Una vez fabricado, el producto es distribuido, recorriendo en muchos casos miles de kilómetros, con el gran impacto que genera el transporte de mercancías. Finalmente, en este proceso se genera un residuo que no siempre se puede reciclar.

Una consecuencia de esta triste realidad es el excesivo uso de objetos fabricados con plástico, que han invadido los océanos incorporándose a la cadena trófica y acumulándose en los organismos marinos, con el consiguiente riesgo para la salud de las personas. Este es un aspecto del que se advierte desde muchos foros sociales o científicos. Otro ejemplo sería el cambio climático, el mayor problema ambiental del planeta, en el que el consumismo en los países industrializados tiene mucho que ver. Incluso la Unión Europea, a través de su programa comunitario de política y acción en materia de medio ambiente y desarrollo sostenible, ha alertado de las consecuencias del consumo irresponsable.

Por todo ello, se hace necesario tomar conciencia, especialmente en estas fechas navideñas, de que consumir por consumir acarrea problemas muy serios, no solo ambientales, sino también sociales. No es una exageración afirmar que la sociedad de consumo pone en peligro el futuro del planeta. En nuestra mano está revertir esta tendencia.

 

Fotos

Vídeos