Biólogos para el medio ambiente

DAVID VERDIELLPRESIDENTE DE LA COMISIÓN SECTORIAL DE MEDIO AMBIENTE DEL COLEGIO OFICIAL DE BIÓLOGOS DE LA REGIÓN (COBRM)

Cerrar el círculo. Esto es lo que se pretende conseguir en la producción de uno de nuestros más preciados productos agrícolas: el aceite de oliva. Y es que en la elaboración del 'oro líquido' se generan grandes cantidades de residuos -un subproducto conocido como alperujo- que ocasionan un grave problema para el medio ambiente. Los antioxidantes y polifenoles de este subproducto podrán tener ahora aplicaciones como bioestimulantes y bioprotectores para tratar cultivos hortícolas y leñosos.

Una de las enfermedades que está poniendo en serio peligro precisamente a los olivos es la producida por la bacteria 'Xylella fastidiosa' que, además de infectar a los olivos, también hace enfermar a vides y almendros hasta causar su muerte en poco tiempo. El agente transmisor de la enfermedad es una pequeña chicharra, por lo que una de las principales estrategias para frenar la dispersión de la bacteria es controlar las poblaciones de este insecto. Con este propósito se han desarrollado técnicas de ecología molecular para detectar la presencia de la especie en los estómagos de sus posibles depredadores naturales y, así, poder identificar las especies más eficaces para el control biológico de las poblaciones de chicharra.

'Beauveria bassiana' es un hongo altamente eficaz en la lucha biológica contra una especie invasora que estaba diezmando nuestras palmeras: el picudo rojo. El uso de este hongo como producto fitosanitario está permitiendo salvar la vida a miles de palmeras de nuestros espacios públicos y paisajes naturales. Hablando de hongos, y en relación con su uso gastronómico, existen ciertas especies muy apreciadas que se desarrollan en nuestro territorio y que se han conseguido cultivar después de años de investigación. Se trata de las trufas del desierto o turmas, cuyo cultivo en territorios semiáridos puede resultar una fuente de ingresos importante para las zonas rurales y ayudar, además, a la lucha contra el cambio climático y la desertificación de nuestras tierras.

El pulpo, del que solo en España se consumen más de 55 millones de kilos al año, no podía criarse en cautividad hasta hace poco por las elevadas tasas de mortalidad de sus alevines. Hace apenas dos meses se anunciaba como un gran hito científico la obtención de individuos juveniles de pulpo común ('Octopus vulgaris') con tasas de supervivencia superiores al 65%, lo que permitirá emprender el cultivo comercial de esta especie.

Una de las joyas animales de nuestra querida laguna salada es el caballito de mar, 'Hippocampus guttulatus'. Antiguamente muy abundante en el Mar Menor, su población ha sufrido una disminución drástica en las últimas décadas. Con un ciclo de vida muy peculiar, en el que el macho lleva los huevos en una especie de bolsa incubatriz hasta su eclosión, este pececillo podría salvarse de la extinción gracias a que se ha logrado cerrar su ciclo reproductivo en cautividad en las instalaciones del Acuario de la UMU.

El lector se preguntará donde quiero llegar con esta relación de éxitos conseguidos recientemente. Pues bien, todos ellos se han producido gracias al trabajo y desempeño de biólogas y biólogos. Y es que son muchos los ejemplos de profesionales de la biología que, día a día, desarrollan su labor en campos tan diversos como la divulgación y la concienciación ciudadana en materia de conservación de la naturaleza, la gestión ambiental de las empresas, las evaluaciones de impacto ambiental de grandes infraestructuras o desarrollos industriales, el seguimiento y la evaluación de la flora y fauna silvestres, la docencia y la investigación universitarias y en Educación Secundaria, el control de plagas, la mejora y protección de nuestros cultivos...

Administraciones, instituciones y empresas deberían tomar nota y valorar como se merece todo lo que podemos aportar como profesionales. Por nuestra parte, tenemos mucho que ofrecer, y ellas mucho que ganar.

 

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