Joan Jordá, el niño con «suerte» que huyó de las tropas franquistas

Joan Jordá posa en su estudio. /ERIC CABANIS (AFP)
Joan Jordá posa en su estudio. / ERIC CABANIS (AFP)

Casi medio millón de españoles escaparon a Francia hace 80 años tras la Guerra Civil

COLPISA / AFP

Para Joan Jordà, la 'retirada' se produjo cuando tenía 9 años a bordo de un tren que avanzaba mientras era ametrallado desde el aire. Tuvo que huir con su hermana mayor y su madre de la pequeña aldea de Cataluña en la que se habían refugiado para escapar de los bombardeos sobre su localidad de Sant Feliú de Guíxols.

«Dada la militancia de mi padre», que se había marchado al frente para luchar contra las tropas franquistas, les dijeron que tenían que irse. Primero, un campesino les prestó una carretilla, luego un soldado los hizo subir a un camión militar. «Para un niño, era una especie de aventura», que se convirtió, no obstante, en pesadilla cuando se subieron «a un tren abarrotadísimo, ametrallado desde el aire cada media hora». «Vimos heridos, quizás muertos», recuerda.

Más tarde, se refugiaron en un convento en desuso en Figueras, para acabar en Cerbère, entre ambos países, «encerrados en un tren, con destino desconocido». Mientras que la mayoría de los refugiados se fueron al suroeste de Francia, la familia de Jordà llegó a Grenoble, a los pies de los Alpes. En pleno invierno, se hallaron hacinados «con un manojo de paja por familia» en el interior de un parque, en una «especie de pabellón 'art déco' muy bonito, pero con los cristales rotos». Allí permanecieron tres meses. La comida escaseaba, muchos murieron. Estaba también el frío, «muy muy duro» y las condiciones «de higiene absolutamente terribles». «Todo daba asco», rememora.

Lo peor era su preocupación por el paradero de su padre. Finalmente, dieron con él, tras haber sobrevivido a los campos donde el gobierno francés internaba en condiciones muy arduas a los individuos «indeseables». Continuaron siéndolo bajo el régimen de Vichy, que colaboraba con el ocupante nazi durante la II Guerra Mundial y los enrolaba en batallones de trabajo, mientras la Resistencia podía a la vez contar con ellos. La familia de Jordà tuvo suerte: en el pueblo del suroeste donde se instaló, gracias a varios allegados, un gendarme avisó al padre de la inminencia de una redada.

Acogida

Si bien deplora que Francia, «como el resto de países», no hiciera nada por apoyar a la República española, Joan Jordà afirma haberse sentido «bien acogido» en este país del que obtuvo la nacionalidad en 1965.

Los republicanos españoles «fueron más allá de las normas de la sociedad de la época» y este anciano, tan frágil como recto, se mantiene fiel a sus valores, así como la mayoría de los hijos de refugiados, como su esposa, Amapola, según asegura.

Jordà se instaló en la región de Toulouse, en el sur francés, así como muchos de los 475.000 vencidos en la Guerra Civil que atravesaron la frontera entre el 28 de enero y el 13 de febrero de 1939. Este español casi nonagenario se consagró a la pintura, a la vez que encadenó los trabajos de costurero, como su madre, y en una fábrica. Entre sus compañeros, «muchos se convirtieron en médicos, ingenieros...», explica a la AFP. «Tenemos más suerte que quienes se quedaron y fueron a las escuelas del franquismo. Ellos conservaron algunos estigmas, un lado un poco servil», según Jordà.

La marcha a Francia

La región francesa de Occitania (sur) conmemora con exposiciones, conferencias, y marchas los 80 años del éxodo de los republicanos españoles, la 'retirada' que vio llegar a cerca de medio millón de españoles expulsados por la victoria franquista en el invierno de 1939.

El 28 de enero, el gobierno francés abrió las fronteras, primero a los civiles que llegaron tras la caída de Barcelona en manos del general Franco, dos días antes. El 5 de febrero, los soldados republicanos españoles fueron autorizados a pasar, en el último acto de un éxodo por el que llegaron a Francia unas 475.000 personas hasta el 13 de febrero.