¿El turismo? Bien, gracias

Vuelve a errar la Comunidad Autónoma al acudir otra vez a Fitur con un cóctel pensado más en satisfacer intereses de aquí y de allá que en apostar sin complejos por una oferta de sol y playa

Curiosos observando la torre de control del aeropuerto de Corvera. /Vicente Vicéns / AGM
Curiosos observando la torre de control del aeropuerto de Corvera. / Vicente Vicéns / AGM
Joaquín García Cruz
JOAQUÍN GARCÍA CRUZ

Mal empezamos si a los 500 invitados a la inauguración del aeropuerto de Corvera se les regala un tarro de pétalos de sal de Torrevieja con pimentón envasado en Novelda, en lugar de agasajarlos con sal de San Pedro del Pinatar y pimentón de Espinardo. Es como si a las ferias agrícolas lleváramos tomates de Almería y no de Mazarrón. Aunque no sea, esta, nimiedad suficiente para sospechar de las intenciones de Aena, obligada ahora a conjugar sus intereses en El Altet con los de Corvera, sí estamos ante otra muestra de la miopía que aqueja históricamente a la promoción del turismo regional, puesta en evidencia desde que en los albores de la industria Mazarrón abrió en Bolnuevo las primeras playas nudistas de España pero nadie se enteró y los amantes de andar en cueros se fueron en tropel a Vera, a pesar de que sus playas no le llegan a las de Mazarrón a la altura del tobillo, quizá porque alguien abrió allí un hotel nudista y en Mazarrón no se le ocurrió a nadie. Tampoco parece alentador el hecho de que, una vez abierto el aeródromo y después de tanta pólvora política gastada en su gestación, aún no esté claro cómo se llamará. Su denominación oficial -nada pegadiza- es 'Aeropuerto Internacional Región de Murcia', pero el Gobierno de la Comunidad Autónoma quiere darle el nombre de Juan de la Cierva, a lo que PSOE y Podemos se oponen arguyendo que el supuesto pasado franquista del inventor del autogiro podría chocar con la ley de Memoria Histórica. Al final, no nos engañemos, se le terminará conociendo por 'aeropuerto de Murcia', marca que se antoja mucho más comercial, o por 'aeropuerto de Corvera'. Todos estos apelativos figuran además en los buscadores de vuelos (la versión actual de las agencias de viaje), una circunstancia en absoluto baladí que termina de empañar lo que debería ser un mensaje para que se nos oiga alto y claro en el ruidoso mercado de los destinos turísticos.

Ahora es el turno de la iniciativa privada. Hay lugares tocados por la naturaleza en los que, sin embargo, resulta difícil comer bien o sencillamente divertirse

Ahora toca llenarlo de pasajeros extranjeros, a falta de vuelos nacionales. París, Roma, Copenhague, Düsseldorf, Londres y Dublín ya saben de su existencia, y en sus vallas y periódicos lucen también las excelencias de la Costa Cálida, merced a las campañas de la Consejería de Turismo y Cultura, que este año dispone de 6,5 millones de euros para invertir en promociones, una partida sin precedentes en los Presupuestos regionales. Está cantado que Corvera incrementará gradualmente el número de turistas europeos, al igual que el AVE lo hará en su día con los visitantes nacionales. La pobre oferta de estos primeros meses, limitada a doce destinos y solo tres países (Inglaterra, Irlanda y Bélgica) se ampliará desde mayo a seis países y 22 destinos, que operarán siete aerolíneas, sin contar la ruta a Oviedo, lanzada ya en su página web por la compañía Volotea. No está mal, para empezar. Pero todavía es poco para un sector con muchas potencialidades sin explotar y sobre el que se cierne una amenaza sobrevenida, el 'Brexit', de cuyo alcance da idea el dato de que el 42% de los turistas que llegan a Murcia son británicos, frente a una media nacional del 20%, una mayor exposición a lo que se decida en Londres que también significa duplicar el riesgo de un batacazo.

Vuelve a errar este año la Comunidad Autónoma al acudir otra vez a Fitur, la primera feria turística del mundo, con un cóctel pensado más en satisfacer intereses municipales de aquí y de allá, de mi partido y del tuyo, que en vender la rica oferta de sol y playa de la Costa Cálida. Esta debería ser la gran apuesta regional, sin desmerecer por ello otras opciones (turismo de patrimonio, de festivales, de religión), pero a la vez sin complejo alguno por sacar la sombrilla. Es sin duda lo que mejor funciona en una región bendecida por 3.000 horas de sol al año, casi 300 kilómetros de costa y playas de una calidad imbatible.

El riesgo ante un 'Brexit' duro es aquí mayor que en otros lugares, porque el 42% de los extranjeros que llegan son británicos, frente al 20% de la media nacional

La realidad ha evolucionado para bien en poco tiempo. El turismo supone ya el 11% del PIB regional, lo que equivale a la mitad de la riqueza del musculoso sistema agroalimentario en su conjunto y al doble de lo que la agricultura aporta por sí sola. Más de 5,7 millones de personas visitaron la Región en 2018, que fue el mejor año de la historia para un sector que lleva 65 meses consecutivos creando empleo. Atrás va quedando también, aunque todavía con cuentagotas, la ridícula cantidad de plazas hoteleras, que a fecha de hoy suman 20.569, de las que 11.000 están en el litoral y 1.945 se han abierto o reabierto durante los dos últimos años en doce hoteles de nueva planta o que han levantado nuevamente la persiana, algunos de ellos gestionados por cadenas de postín como Sheraton y Hilton. Las plazas alojativas (así llamadas en la jerga) se elevan a 60.133 con los apartamentos legales, los campings, los 'hostels' y los albergues. Datos, sí, datos, pero tan ciertos como los hechos que representan. Murcia empieza a estar por fin en condiciones de meter cabeza entre las comunidades punteras, y el aeropuerto ayudará a conseguirlo, comoquiera que finalmente se le denomine.

Ahora bien, la Administración llega hasta donde llega. La página de Murcia Turística 'momentos reservados' ofrece paseos en globo entre Carrascoy y Sierra Espuña, enoturismo, excursiones a lomos de caballo en Calblanque, descensos por el Segura, avistamiento de cetáceos en Mazarrón e inmersiones de buceo en Cabo de Palos, una de las joyas de la corona y a la que se apuntaron el año pasado 40.000 visitantes, franceses en su mayoría. Es el turno ahora de algunos ayuntamientos perezosos en sus tramitaciones urbanísticas, y es, sobre todo, turno para la iniciativa privada, a la que corresponde acompañar sus razonables exigencias de más promoción con proyectos dinamizadores que den vida a lugares tocados por la naturaleza en los que, sin embargo, resulta difícil comer bien o, sencillamente, divertirse. En la memoria queda, a modo de escarnio, la encuesta que el Imserso hacía entre los jubilados que años atrás elegían La Manga para sus estancias de temporada baja y en las que, una y otra vez, lamentaban tan complacientes viajeros cuánto se aburrían fuera del hotel.