Un policía local de Puerto Lumbreras: «Vete a robar lejos y seremos amigos»

Un juez investiga si un policía local de Puerto Lumbreras marcaba los objetivos a una banda de ladrones que asoló la comarca y si se quedaba con una parte del botín obtenido

Ricardo Fernández
RICARDO FERNÁNDEZ

Las diligencias judiciales de la 'Operación Sivo' se asemejan por momentos al guion cinematográfico de un moderno 'western'. La historia va de una activa banda de cuatreros, un grupo de ladrones de ganado y de saqueadores de cortijos que tenía asolada la comarca de Puerto Lumbreras -tan reseca y polvorienta por zonas que bien podría confundirse con el desierto de Tejas-, y de un agente de la ley, una especie de 'sheriff' a lo murciano, que se habría especializado en el difícil arte de mirar hacia otro lado y que, en la peor de las hipótesis, incluso habría llegado a marcarle los objetivos a los bandidos y a sacar rédito personal de los botines obtenidos. Todo ello bajo una ineludible premisa: la de mantener limpio su territorio. «No toques mi zona; vete a robar lejos y seremos amigos», era el supuesto lema del servidor de la ley. Un mandato tan interiorizado por los maleantes que todos ellos lo repitieron sin variaciones, palabra por palabra, frente a los agentes de la Guardia Civil que por fin les echaron el guante.

Lo de los robos de ganado se había convertido, de unos años a esta parte, en algo consustancial a esa comarca y a esa actividad económica. Quien tuviera un corral por tales lares sabía que era cuestión de semanas, cuando no de días, que acabara llevándose un disgusto. Basta señalar que, solo entre enero y septiembre de 2017, la Guardia Civil recibió denuncias por catorce asaltos a granjas de los parajes y pedanías de El Molino, Cazalla, Los Chirinos, Puente, Espartal, Camino Los Valencianos, Rambla de Nogalte, Cabezo Negro, Puente de los Catorce Ojos, Rambla del Pintao, El Esparragal, Almendricos...

Una sangría imparable de saqueos que llevó a los Equipos Roca de la Benemérita a activar la llamada 'Operación Ovis' -en honor a la oveja, cuya denominación en latín es 'Ovis orientalis aries'- y a dirigir su mirada sobre un clan familiar, radicado en Puerto Lumbreras y liderado por una pareja ya conocida por ese tipo de actividades ilícitas.

«A mi marido le entregó una pistola y le dijo que borrara la numeración y, además, le dio diversa munición, que más tarde la dejé yo en la Guardia Civil», ha declarado una de las principales testigos

La mujer, se dijeron los agentes, se encontraba en una situación propicia para cantar. No solo se había divorciado unos meses antes, sino que en apariencia había sufrido malos tratos por parte de su ya exmarido y encima acababa de ser denunciada por este, que la acusaba a su vez de estar maltratando a los hijos.

«Un tal Giménez»

De forma que se lanzaron sobre esta señora, por nombre Encarna, la citaron en el cuartel y no tuvieron que animarla en demasía para que acabara dando pelos y señales de una larga lista de latrocinios supuestamente cometidos por quien fue su esposo -incluido un asalto a la vivienda de un policía nacional-, para que añadiera en el mismo lote las identidades y descripciones físicas de todos los compinches de la banda y para que finalmente, a lo largo de tan aprovechable desahogo, sacara a relucir un nombre que hizo que el grado de atención de los investigadores creciera de golpe varios enteros. El de «un tal Giménez», por más señas agente de la Policía Local de Puerto Lumbreras.

-«¿Y qué dice que hacía ese policía local, señora?», la interpelaron los guardias civiles.

Ella les respondió, solícita, con un prolijo relato acerca de todo un cúmulo de presuntas actuaciones ilícitas, que iban desde facilitar infraestructura a la banda de ladrones, como un corral en el que guardar y engordar los corderos sustraídos, hasta el de señalarles algunas de las granjas y domicilios que podían ser saqueados. Además de sostener que este agente sacaba más tarde un supuesto provecho personal del botín, al apoderarse de los objetos sustraídos que más le interesaban.

«Si hubieran pillado al Giménez le quitan el traje bien quitado», se escucha en una grabación entregada a la Guardia Civil

«Se quedaba con palos de golf, lámparas de cerámica, jamones... Algunos de esos objetos los tiene todavía, porque yo limpiaba en su casa y los veía allí», manifestó.

Y finalizó la lista de presuntas tropelías ajenas asegurando que «una vez vi cómo le entregaba una pistola a mi marido y le decía que borrara la numeración, además de darle diversa munición. Esas balas las acabé entregando yo más tarde en la Guardia Civil de Puerto Lumbreras».

'El Portugués' lo ratifica

Para ese momento, los ojos de los agentes del Equipo Roca lanzaban chiribitas. La 'Operación Ovis' había pasado a convertirse en la 'Operación Sivo', de igual manera que el objetivo de desarticular una banda de ladrones de ganado se había visto ampliamente superado por los indicios surgidos contra un servidor de la ley. La prioridad era ya establecer si un funcionario público se había corrompido hasta tal extremo.

Decididos a actuar con la mayor prudencia posible, por razones obvias, los investigadores se centraron en localizar a otro de los presuntos integrantes de la banda, un portugués a quien había identificado como Vitor Manuel D.S.M., con más antecedentes policiales que conchas tiene un galápago. Un menda del que, pese a tener prohibida la entrada en España, sospechaban que realizaba periódicas incursiones por la comarca del Guadalentín con fines nunca lícitos: dar un palo, vender las reses y salir cortando de nuevo hacia tierras lusitanas.

Un sábado de noviembre del año pasado le echaron mano en un garito de La Hoya de Lorca y se dispusieron a interrogarlo acerca de las sustracciones de ganado ya relatadas por Encarna. Y Vitor Manuel, a quien en apariencia le da ya lo mismo ser acusado de ochenta robos que de ochocientos, no solo ratificó su participación en los asaltos, sino que añadió nuevos detalles sobre la presunta colaboración del policía local lumbrerense. «Que sustrajo corderos el 16 de septiembre en Puerto Lumbreras y se los vendieron a un tal Pijete. Que tras ese robo utilizaron un corral facilitado por el agente Giménez, donde cebaban y engordaban el ganado. Que de todo ello tenía conocimiento el citado policía local», señaló en su manifestación.

Tras atribuirse otro asalto a un bar de Vélez Rubio (Almería), en el que el grupo de apoderó de un buen número de jamones, 'El Portugués' señaló que «algunos de ellos se los regalaron a ese agente para su consumo». Y aseguró que el policía municipal «sabía que robábamos, pero su lema era: 'No toques mi zona; vete a robar lejos y seremos amigos'. También dio detalles del saqueo de un cortijo almeriense y del allanamiento ya conocido de la vivienda de un policía nacional y ratificó que parte de los objetos sustraídos se los quedaba el agente Giménez: «Lámparas, una mesa de mimbre, piezas de cerámica, garrafas de aceite...».

Una grabación reveladora

Con los indicios contra el policía local tomando consistencia, los guardias civiles volvieron a citar al cuartel a la primera testigo para tomarle una declaración ampliatoria. Y la mujer relató un episodio sucedido unos años antes, cuando la banda retornaba de una de sus incursiones delictivas y se toparon con el agente Jiménez en la puerta de la casa de Encarna y su entonces esposo. «Preguntó dónde habían pegado el palo», a lo que los ladrones, en apariencia bien aleccionados, habrían respondido que no había sido «en su zona». Seguidamente, la mujer del policía municipal, que también estaba presente, habría comenzado a seleccionar objetos procedentes del asalto, como varias lámparas de porcelana y un espejo de gran tamaño, y se los habría llevado.

Encarna no se quedó ahí, pues además entregó a los guardias civiles la copia de una grabación que en aquella ocasión había efectuado con su teléfono móvil. En ella se escuchaba su propia voz, junto a la de otro de los presunto ladrones, de nombre Eugenio, y una vecina llamada María, mientras comentaban las actividades presuntamente irregulares en las que estaba inmerso el agente.

-Encarna: «¿Quién es más corrupto, Eugenio? ¿Quién es más corrupto? Luego a luego, el... este, cómo se llama... ¿Giménez o el Quisco (su marido)? Si te pones a comparar, luego a luego...».

-Eugenio: «Mira, eh, por corrupto es más Giménez, porque Giménez va con traje y es ya corrupto por procedencia, ¿vale? (...)».

-Encarna: «Eh, no te acuerdas, cuando estaba aquí, que venía casi todos los días. ¿Te acuerdas?».

-Eugenio: «Claro, la María lo ha visto. Y de jamones 'robaos' que se ha comido (...) Y más de una cosa que ha buscado, que se ha traído de algún... de algún chalé de ingleses que estaba (...)».

-Encarna: «Él y la Agustina de Aragón (la mujer del agente), que también tenía tela. Porque no me digas tú a mí, María, tú lo sabes porque tú lo has visto igual que yo, porque no eres ninguna tonta, tu has visto que se traían cosas y tú te podías imaginar que eso era robado (...)».

-María: «Se llevó un cuadro un día que ese cuadro me quedé yo muerta por él».

-Encarna: «Uh, sí, espejos...».

-María: «El espejo».

-Encarna: «Lámparas...»

-Eugenio: «Lámparas».

-Encarna: «Todo lo que se llevó, madre mía».

-Eugenio: «Mesas de esas antiguas guapas (...)».

-Encarna: «Se ha llevado 'to' lo que ha 'querío', 'to' lo que ha 'querío'. Además tú lo has visto, María. 'To' lo que ha 'querío' y más. Es un 'desgraciao'. Pues bueno (...)».

-María: «Uf, si lo hubieran pillado al Giménez le quitan el traje bien 'quitao'».

Después de que la propia María ratificara ante la Guardia Civil que todo lo que se decía en esa grabación era cierto, los investigadores localizaron a la dueña de un cortijo de Almería que había sufrido un robo. La mujer, holandesa, les aportó unas fotos con un grupo de lámparas de cerámica que le habían sido sustraídos y varios integrantes de la banda las reconocieron como las que se llevó el agente Giménez. Con todos esos datos en su poder, los agentes pidieron una orden de registro a un juez de Lorca y procedieron a entrar en la casa del policía local, donde hallaron unas lámparas que parecen corresponderse con esa descripción. El policía pasó en ese momento a verse investigado por presuntos delitos de falsificación de documento público, omisión del deber de perseguir delitos, receptación y complicidad en robos con fuerza.

En su declaración en el juzgado, que prestó el pasado julio asistido por el letrado Paulo López, el sospechoso negó todos los hechos y aseguró estar siendo acusado por venganza. Fuentes próximas al caso sostienen que recientemente ha reforzado su defensa con el penalista Raúl Pardo-Geijo Ruiz.

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