El acusado del crimen de Canteras: «Estaba enamorado de ella y perdí el control»

El acusado, Adrián S.C., este lunes en la Audiencia Provincial, durante el comienzo del juicio./Vicente Vicéns / AGM
El acusado, Adrián S.C., este lunes en la Audiencia Provincial, durante el comienzo del juicio. / Vicente Vicéns / AGM

El presunto asesino de Rosa niega haber planificado el asesinato de su exnovia y alega problemas psiquiátricos

Ricardo Fernández
RICARDO FERNÁNDEZMurcia

«Yo estaba enamorado y perdí el control. Tomaba de todo para poder olvidarme. Me hacía daño a mí mismo». Con esta frase, formulada ante el tribunal del jurado, Adrián S.C., el acusado de la muerte a cuchilladas de su exnovia el 25 de septiembre de 2017 en Canteras (Cartagena), venía a resumir este lunes por la mañana su estrategia de defensa y las supuestas razones, si es que se les puede llamar de tal manera, que habrían desencadenado el brutal crimen.

Adrián negó en la Audiencia Provincial de Murcia haber concebido un plan para acabar con la vida de su excompañera sentimental. «Solo quería saber por qué me había dejado, para quedarme tranquilo».

A preguntas del fiscal, relató que inició en abril de 2016 una relación con Rosa que duró alrededor de un año y medio, de los que los seis o siete primeros meses los pasaron en la casa familiar de Canteras. En febrero de 2017 se marcharon a Málaga «porque no me sentía cómodo. Tenía ataques de ansiedad porque no estaba acostumbrado a vivir en el campo». Un largo silencio siguió a la pregunta del fiscal sobre las razones por las que se rompió la relación. «¿Fue usted o fue ella?», le insistió el fiscal, a lo que el acusado respondió que «fuimos los dos. Ella quería que nos fuéramos a Cartagena y yo me iba a ir, pero un día ella se marchó y me dejó solo. Eso me sentó muy mal», y refirió que comenzó a ingerir fármacos psicotrópicos que mezclaba con alcohol.

Recordó que en julio, cuando fue por vez primera a Cartagena, la Guardia Civil lo envió de vuelta a Málaga. «Me subió al autobús y me eché a llorar». Negó haberla amenazado por teléfono con mensajes como «si no eres para mí, no serás para nadie». Lo único que admitió es haberle mandado un mensaje en el que le reprochaba que «me has olvidado en dos días y estás por ahí tirando (follando) y eso es de guarras». El fiscal le interpeló sobre si no pensaba que ella tenía derecho a reiniciar su vida. «Sí», señaló escuetamente.

Sobre la manera concreta en que se produjeron los hechos, refirió que «ella se asustó al verme y comenzó a gritar llamando a su abuela». Negó que llevara un cuchillo jamonero en la mochila y afirmó que las armas blancas las cogió cuando llegó el abuelo y se dirigió hacia él con una silla. Entonces él habría entregado los cuchillos a la abuela, «pero ella se vino a por mí y entonces se los quité». Dijo no recordar haber acuchillado a Rosa; «solo sé que me lo quise clavar yo. No era yo. Yo no quería quitarle la vida, aunque me sentía mal».

Señaló que después de todo lo ocurrido quiso suicidarse y se lanzó desde la azotea. «Estoy muy arrepentido y pido perdón a la familia», aseguró, antes de relatar que desde su infancia sufre múltiples problemas psiquiátricos, como problemas para el control de impulsos y brotes psicóticos. «He intentado matarme muchas veces en prisión. Me he tomado puñados de pastillas para matarme, he hecho de todo».

Antes de iniciarse su declaración, el abogado pidió que se le retiraran las esposas, a lo que accedió el presidente del tribunal, José Luis García, con la frase: «¿Se portará usted bien?».

De esta forma se fue desarrollando esta mañana el interrogatorio a Adrán S.C. por el salvaje asesinato de Rosa María Sánchez, la muchacha de 22 años que ese 25 de septiembre de 2017 recibió más de cuarenta cuchilladas en la casa de sus abuelos en Canteras.

Desde el duro banquillo de madera comenzó a responder de sus actos ante la Justicia, representada por los nueve ciudadanos que integran el jurado popular. El joven malagueño afronta una petición de 31 años de prisión por presuntos delitos de asesinato, allanamiento de morada y amenazas, que son las que habría enviado a la chica, horas antes del crimen, para advertirle de que, «solo eres para mí» y que si no retornaba con él «te vas a enterar. Ahora que me has bloqueado, voy a ir a por ti, chavala». En resumen, el clásico «si no estás conmigo no estarás con nadie», tan propio de los crímenes machistas, los protagonizados por aquellos hombres cuyas mentes e instintos siguen anclados en la prehistoria y siguen mirando a las mujeres como un simple objeto de su propiedad.

La vista oral propiamente dicha se inició hacia las once de la mañana tras la designación de los miembros del tribunal popular, un trámite legal que se prolongó durante aproximadamente cuarenta minutos, un tiempo excepcionalmente breve para lo que suele ser habitual. Entre el público se encuentran varios familiares y amigas de la víctima, que accedieron a la sala con lágrimas en los ojos, con evidentes signos de nerviosismo y cogidas entre sí por las manos para transmitirse aliento unas a las otras.

El crimen se produjo meses después de que Rosa María rompiera la relación que mantenía con Adrián porque, en palabras del representante del Ministerio Público, le resultaba «insoportable» seguir a su lado. Ya en julio de ese 2017, la chica se lo encontró junto a la casa de sus abuelos en Canteras, hasta donde se había desplazado desde Málaga, y alertó a la Guardia Civil, que lo subió a un autobús con destino a la capital andaluza. La segunda ocasión en que se topó con tan ingrata sorpresa fue ya en septiembre, cuando vio a su exnovio en Cartagena y ello le hizo temer por su vida. Se acercó hasta el cuartel de la Guardia Civil para poner una denuncia, pero no se la tomaron porque no estaban los miembros del equipo de mujer y familia, y retornó ese mismo lunes para hacerlo. Ya de vuelta a Canteras, al domicilio de sus abuelos maternos, se topó con su pesadilla. Adrián accedió a la vivienda por el balcón, con ayuda de una escalera extensible, y súbitamente la habría agarrado por el pelo y habría comenzado a apuñalarla con un cuchillo jamonero de más de veinte centímetros de hoja. Hasta tres armas blancas habría empleado en el crimen, con las que presuntamente le asestó hasta 50 cuchilladas con tal brutalidad que uno de los cuchillos se partió contra el cuerpo de Rosa María. Las súplicas de la joven gritando por su vida no fueron atendidas.

El Ministerio Público sostiene en su escrito de acusación que todas las cuchilladas le fueron asestadas mientras la mujer se encontraba todavía viva, lo que ofrece una idea del grado de sufrimiento al que fue sometida. Fue su abuela, alertada por los gritos de la chica, la primera que se enfrentó al supuesto asesino, pese a lo cual no pudo salvarle la vida.

Mientras la secretaria de la Sala leía los escritos de acusación y defensa, el encausado, vestido con una camisa blanca de manga larga y un vaquero claro y sentado entre su abogado y un agente de la Policía Nacional encargado de su custodia, mantuvo en todo momento la vista baja, hacia sus manos esposadas.

En su exposición inicial, el fiscal, Orencio Cerezuela, aclaró al jurado popular que va a tratar de probar que existió un delito de amenazas, otro de allanamiento de morada y, principalmente, otro de asesinato, con especial ensañamiento y con alevosía, ya que la habría sometido a un sufrimiento insoportable y que no le habría dado opción alguna de defensa. Y todo ello en un contexto de violencia de género, machista, en el que el acusado era incapaz de aceptar que ella no quisiera seguir junto a él.

Por su parte, el abogado de la acusación particular, Emilio Cerezuela, solo insistió en sus primeras palabras en destacar que «no solo acabó con la vida de Rosa María, sino con su dignidad y con todo lo que era. Acabó con sus esperanzas, con sus expectativas y con todo lo que le quedaba por vivir». Recordó que le había hecho saber a sus padres que si le pasaba algo, que la incineraran; un deseo que no se ha podido cumplir hasta muy recientemente por la tramitación de las diligencias judiciales. Y respecto del procesado, señaló que en el hospital reconoció que llevaba tres semanas queriendo desplazarse hasta Cartagena y que había reservado un hostal en la zona desde la que parten los autobuses hacia Canteras, que encargó la escalera por teléfono y que conocía perfectamente las costumbres de Rosa. «Entró en la vivienda, se acostó en su cama y comenzó a fumar a la espera de que llegara».

«Es la maldad brutal sin finalidad alguna, salvo el de hacerla sufrir. Quería que la última imagen que tuviera en su vida fuera la de él, matándola», resumió el suplicio al que la sometió. «Ni siquiera quería dejarla ir a la universidad», señaló para mostrar hasta dónde llegaba su afán de posesión. Concluyó advirtiendo al jurado popular de que las penas que se piden no son en absoluto desproporcionadas, porque por más que se le impongan «saldrá a la calle mucho antes de lo que ustedes piensan y, desde luego, de lo que habría deseado la familia de Rosa».

Desde la defensa, asumida por Luis Alfonso López-Quiñones, se sostiene que el acusado venía sufriendo desde años atrás diversos problemas psiquiátricos, que habrían incidido en el desarrollo de los hechos. Y mantiene que en el momento de ver a su exnovia en la casa de Canteras, habría sufrido un trastorno mental que le habría llevado a acuchillarla «sin ser consciente de ello». El propósito es buscar la aplicación de una circunstancia atenuante, e incluso de una eximente de la responsabilidad, para rebajar sensiblemente o hasta anular la pena de prisión que se le pide.

El letrado defensor pidió al tribunal popular que ejerza su función «sin odio, sin emociones y con imparcialidad, solo atendiendo a los hechos».