Diario de una lucha contra la trata

Una de las unidades móviles de rescate de Apramp atiende a víctimas de trata a pie de calle. / Apramp
Una de las unidades móviles de rescate de Apramp atiende a víctimas de trata a pie de calle. / Apramp

La asociación Apramp rescata a casi una treintena de víctimas de la esclavitud sexual en la Región en el último año. La ONG alerta de que cada vez más clientes de la prostitución reclaman mujeres que consuman drogas y consientan relaciones sin protección

Marta Semitiel
MARTA SEMITIELMurcia

La esclavitud tiene rostro de mujer, viste con escote y minifalda y piropea a cualquier cliente potencial que se cruza en su camino. Ofrecer sexo a cambio de dinero es, sin duda, la mayor forma de esclavitud del siglo XXI. Una realidad que constatan a diario las trabajadoras de la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención de la Mujer Prostituida (Apramp), cuya unidad de rescate atendió a 426 personas en la Región durante 2017. La esclavitud sexual está casada con el miedo. Por eso, solo 22 de las personas identificadas y atendidas por Apramp en la Región denunciaron su situación y consiguieron salir de ella en 2017. «La decisión de denunciar y pedir ayuda no es algo que se produzca de la noche a la mañana, es un proceso muy lento. Primero tienen que conocernos y confiar en nosotros, y luego tienen que creer que la Policía española las va a proteger en lugar de deportarlas», explica Ana María Estévez, coordinadora de la Unidad de Rescate de Apramp. Una vez que se produce la denuncia de una mujer esclavizada, la asociación se coordina con la Policía Nacional para ver cuál es la mejor forma para sacarla de la red de prostitución, «a veces se realiza una redada, otras veces se las lleva algún cliente infiltrado, o bien somos nosotros los que quedamos con ellas para traerlas directamente a la asociación. La forma de rescate varía en función de cada caso particular». Cuando consiguen salir de la red de prostitución, Apramp les da un hogar en sus pisos de acogida y les ayuda a desarrollar sus perfiles profesionales: «En la asociación, damos cursos de camarera de pisos, de español, incluso de auxiliar de enfermería. Y, por supuesto, seguimos proporcionándoles apoyo psicológico», apunta Estévez.

Exvíctimas al rescate

358
mujeres víctimas de trata atendidas por Apramp en 2017.
111
personas nuevas detectadas en situación de esclavitud sexual.
44
hombres víctimas de trata atendidos por Apramp en 2017.
24
transexuales víctimas de trata atentidos por Apramp en 2017.

Una furgoneta de Apramp recorre sin descanso las zonas más frecuentes de ejercicio de la prostitución con una única misión: identificar y atender las necesidades de las mujeres y niñas víctimas de trata. Doce mediadoras lingüísticas trabajan conjuntamente con la Unidad de Rescate para contactar con las víctimas y poder comunicarles sus derechos, así como las posibilidades legales que tienen en España. Ellas también fueron víctimas de trata rescatadas por Apramp, «nos enseñan la diversidad cultural en materia de salud y de violencia y, gracias a su labor, podemos crear acciones específicas para cada nacionalidad. Además es muy importante la sensibilidad que ellas aportan, ya que han sufrido la misma situación que las chicas a las que ahora se acercan».

La urgencia principal de las unidades de rescate de Apramp, que actúan en seis comunidades españolas (Madrid, Castilla y León, Asturias, Extremadura, Andalucía y Murcia), es cubrir las necesidades sanitarias de las víctimas: «Lo que más realizamos son acompañamientos médicos, sobre todo ginecológicos, porque las redes no se preocupan en absoluto por la salud de estas mujeres. Muchas veces las tienen en domicilios que usan como prostíbulos en unas condiciones muy insalubres. Además, cada vez son más frecuentes los clientes que les piden relaciones sin protección y consumo de sustancias, y esto las pone en un riesgo tremendo», explica Estévez.

La esclavitud sexual tiene rostro de mujer extranjera: Bulgaria, Colombia, Nicaragua, Nigeria y Venezuela son los principales países de origen de las víctimas de trata que acaban en la Región. Su llegada a España es toda una odisea. Su destino, rotar por calles y prostíbulos, «porque si los clientes siempre vieran los mismos cuerpos, el negocio dejaría de ser rentable».

Maltrato, abortos obligados y vudú

La experiencia de Ana María Estévez le permite asegurar que muchas redes de prostitución «obligan a las mujeres a consumir drogas para tenerlas enganchadas y que no puedan marcharse», pero esta práctica no es la única habitual entre los tratantes y 'madames' que gestionan las redes. «También las maltratan físicamente si no consiguen los beneficios que les marcan, y el maltrato psicológico es diario», en algunos casos hasta con rituales de vudú. La práctica del sexo sin uso de preservativo es otro requerimiento habitual que, además del contagio de enfermedades venéreas, les provoca embarazos no deseados, ante los que las redes las obligan a abortar.

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