Homenaje a un padre cantonal

Homenaje a un padre cantonal

La II República rindió tributo en 1931 al médico cartagenero Manuel Cárceles Sabater, líder del levantamiento federal del 12 de julio de 1873

Pocas veces encontraremos un fecha tan señalada en el calendario histórico de Cartagena como la del 12 de julio. En ella, hace 141 años se inició uno de los hechos históricos más destacados de los muchos ocurridos en nuestra ciudad. Nos referimos al inicio de la llamada Sublevación Cantonal de 1873.

Para ilustrar parte de lo ocurrido aquel día vamos a utilizar una foto del año 1931. Es una fotografía que, como tanta otras, permanece descontextualizada. Ahora, en nuestra sección, intentamos dotarla de contenido identificando a los personajes que figuran en ella.

En la mesa aparece sentado un personaje mayor con barba blanca. ¿De quién se trata? No es otro que el doctor Manuel Cárceles Sabater, verdadero protagonista de aquel histórico 12 de Julio de 1873 en Cartagena y en España entera.

Estudiante en Madrid

Manuel Cárceles Sabater era un joven estudiante de medicina de 20 años en 1873 cuando recibió el encargo del presidente del Comité de Salud Pública de Madrid, Roque Barcia, de trasladarse a Cartagena, de donde era natural, e iniciar desde allí un movimiento que lograra instaurar en España la República Federal. Cárceles había tenido un ascenso fulgurante entre los federales madrileños por su participación como orador exaltado en reuniones y mítines del partido.

Aun así, es sorprendente la decisión de Roque Barcia porque en los ambiente federales y en la sociedad decimonónica de la época, la juventud no era precisamente un aval. Muchos de los que recibirían el mensaje pensarían que era un muchacho sin experiencia que venía a imponerse a ellos, personas con una trayectoria de muchos años en el campo federal. Realmente, así sucedió y no le hicieron mucho caso, hasta que vieron, en la mañana del 12 de julio, que aquel chaval había destituido el Ayuntamiento y sublevado a Cartagena. Entonces, se unieron a él.

El encargo de Roque Barcia

Manuel Cárceles llegó a Cartagena el día 30 de junio. Inmediatamente, comenzó a llevar a cabo la tarea encomendada por Barcia, organizando reuniones con los jefes de las compañías de voluntarios móviles y sedentarios de Cartagena. Desde el primer momento, contó con la ayuda de Romero Germes, uno de los elementos más influyentes entre los federales cartageneros. Las reuniones se celebraban en el club federal de la calle Jara y los mítines en la Plaza de San Francisco. En estos contactos pudo observar el descontento que existía en la marinería y los cabos de cañón de las dos fragatas operativas en ese momento en la marina: 'Vitoria' y 'Almansa'.

En vista de esto los atrajo, sin hablar de revoluciones pero preguntándoles francamente si estarían a su lado en caso de que estuviera en peligro la República. Contestaron unánimemente que se contara con ellos para el movimiento. Cárceles muy pronto consiguió reunir un núcleo de jefes de la milicia y marinos que serían, en pocos días, los autores del movimiento insurreccional. Tomaron el Castillo de Galeras y el Ayuntamiento, iniciándose la epopeya que duraría cerca de siete meses.

Finalizada la sublevación, Cárceles sufrió persecuciones, destierro e incluso una condena a muerte que le duró más de treinta años, hasta que fue indultado. Pero todo esto no fue óbice para desarrollar una brillantísima carrera médica, con una consulta afamada en Madrid.

Cuando se proclamó la II República en 1931, Manuel Cárceles se convirtió en un icono para los republicanos, que veían en este longevo hombre toda una figura histórica. Cartagena reclamaba a su hijo ilustre y organizó una visita de varios días para Manuel Cárceles. Fue su último acto público, pues pocos meses después falleció.

Llegó a Cartagena acompañado de sus hija, Rosario Cárceles, y del marido de ésta, Manuel Gómez Acebo, y el programa de actividades fue extenso y emotivo: visita al Arsenal, conferencia en el Teatro Principal, discursos, visita al Ayuntamiento y a los círculos republicanos, inauguración de una calle dedicada a su persona; y, finalmente un banquete en el Gran Hotel. A este preciso momento corresponde la fotografía que ilustra el artículo de hoy.

Teatro Principal y Gran Hotel

En la mesa acompañan al doctor Cárceles, a la izquierda según se observa la imagen, su hija Rosario y el alcalde de Cartagena, Isidro Pérez San José; y a la derecha, Ramón Navarro, candidato constituyente del Partido Republicano Radical de Cartagena. También están Salvador Ríos, Luciano Fructuoso, Prats y el doctor Eugenio Pina Brotóns. Detrás hay simpatizantes de la causa republicana radical, el partido de Alejandro Lerroux. Destacan Casimiro Bonmatí Azorín y un sacerdote.

Finalizamos con la transcripción de lo publicado en el diario 'La República' del 17 de junio de 1931, sobre la llegada de este galdosiano personaje: «Cartagena se honra ahora con la visita de uno de sus hijos más queridos. El Doctor Cárceles es algo nuestro representativo del espíritu de aquellos cartageneros que, en defensa de su dignidad, inmolaron sus vidas ante el ara de la Libertad. A la vista de este ciudadano ejemplar, modelo de republicanos, nos sentimos orgullosos de haber nacido en esta ciudad que siempre tuvo la nobleza de entregarlo todo sin pedir nada en recompensa de su sacrificio».

«Al contemplar la figura simpática del iniciador del movimiento cantonal que hizo que el nombre de Cartagena se pronunciara con respetuosa admiración en todos los rincones de nuestra patria, vemos en él a todos nuestros viejos; pasan por nuestra imaginación los episodios gloriosos de aquel levantamiento, único en la historia del mundo; vemos a nuestros románticos abuelos, henchidos sus corazones de patriotismo, empuñar las armas para defender nuestra ciudad de la codicia de un gobierno tiránico».

«Pero si la traición y la perfidia hicieron que su sacrificio no se vieran compensado con el triunfo que moralmente consiguieron, ahora que respiramos aires de Libertad y Justicia, Cartagena ofrenda en el Doctor Cárceles un merecido homenaje a todos los cartageneros que asombraron al mundo entero con sus hazañas».

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