«Una clienta del estanco nos dijo que en la fachada había un paracaidista»

El paracaidista enganchado en la antena de una vivienda. / Antonio Garnés

El teniente coronel del Ezapac salva la vida tras desvanecerse durante un salto rutinario de la Base Aérea y acabar colgado en la antena de un edificio de Sangonera la Seca

Jorge García Badía
JORGE GARCÍA BADÍA

La experiencia, el casco y la suerte evitaron ayer que perdiese la vida el teniente coronel del Escuadrón de Zapadores Paracaidistas (Ezapac). «Ha vuelto a nacer», comentaban a 'La Verdad' Candela y Silvia. Ninguna de las dos hermanas terminaba de digerir lo sucedido en su estanco de Sangonera la Seca, situado en la avenida de Lorca. «Se escuchó un golpe muy fuerte y una clienta que salía nos dijo que en la fachada había un paracaidista». Pasaban diez minutos de las 13 horas cuando un salto rutinario de la Base Aérea de Alcantarilla casi acaba en tragedia. «Nos asustamos mucho», admitieron las dos hermanas.

Sin embargo, el temor que les embargó a ambas al encontrarse en la fachada al mando semiinconsciente y colgando de su paracaidas, a dos metros del suelo, no les impidió reaccionar con diligencia. «Mi madre sacó unas escaleras de casa y los trabajadores del banco salieron corriendo para ayudar a cogerle los pies para que no se ahogase», resumió Antonio -otro de los propietarios del estanco Garnés- sobre la rápida reacción que tuvieron los testigos de este accidente militar. «Había mucha gente gritando: '¡Rápido ayudadle'!»

Todo apunta a que el teniente coronel del Ezapac sufrió un desvanecimiento durante el salto. «Iba cayendo con los brazos colgando y la cabeza apoyada en un hombro», precisa Antonio que en ese momento regresaba de ayudar a sus hermanas, Candela y Silvia, tras realizar el reparto de tabaco en varios negocios. «Estaba en la fachada del edificio, colgando de la antena de mi casa».

Ingresó en La Vega

La antena de televisión es de aluminio, pero resistió el peso del militar, su paracaidas y su mochila. Este fue el primer milagro que contribuyó a que el mando salvase la vida. «Cayó justo en el hueco que hay entre los dos edificios», expusieron Candela y Silvia como otro de los factores clave que, junto a la experiencia del teniente coronel y al casco que llevaba, evitaron una jornada luctuosa. «Solo sangraba por una brecha que tenía en la mandíbula», apuntó Antonio. De inmediato, en la avenida de Lorca se personaron más de una decena de militares y una ambulancia de la Base Aérea.

«Unos militares se subieron por la casa de mi tía hasta la terraza y lograron soltar el paracaidas». El personal médico estabilizó 'in situ' al herido y, tras colocarle un collarín, lo trasladaron de urgencia al Hospital La Vega de Murcia. «Cuando lo bajaron al suelo empezó a hablar, pero no se acordaba de nada», apuntó el estanquero. El teniente coronel del Ezapac quedó ayer ingresado en el centro hospitalario y ahora el Ministerio abrirá una investigación para esclarecer las causas del accidente.

 

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