«¿Y tú qué haces? ¡No llores y levanta la cabeza!»

Rosa María, madre de la joven asesinada, increpa al acusado, al fondo, con la vista en el suelo./Vicente Vicéns / AGM
Rosa María, madre de la joven asesinada, increpa al acusado, al fondo, con la vista en el suelo. / Vicente Vicéns / AGM

Los padres y abuelosde la joven asesinada en Canteras ofrecen un desgarrador relato sobre las vejaciones que sufría Rosa María y sobre la manera en que la mataron

Ricardo Fernández
RICARDO FERNÁNDEZ

«La cogió por el pelo, la sentó a la fuerza en el sofá y la apuñaló». Con testimonios como el de Ana, la abuela de Rosa María, la joven de Canteras asesinada en septiembre de 2017 presuntamente a manos de su exnovio, es fácil comprender que la sesión del juicio que ayer acogió la Audiencia Provincial de Murcia se convirtiera en un suplicio casi insoportable durante largos momentos. Desde luego, para los familiares más cercanos a la víctima, que se vieron obligados a recordar con todo detalle el espanto vivido en aquellas horas trágicas, sino también para los asistentes a la vista oral y hasta para los nueve miembros del jurado popular.

También para el propio acusado, Adrián S. C., de 24 años, quien hundido en el banquillo junto a su abogado, permaneció durante horas sin levantar la vista del suelo para no tener que afrontar las miradas acusadoras que los testigos le dirigían. Tanto es así que fueron varios los familiares de Rosa María, cada cual en su momento, durante sus respectivos turnos de declaración, los que le reprocharon con indisimulado desprecio que no tuviera el valor ni la vergüenza de mirarles a los ojos. El presidente de la Sala, José Luis García, tuvo que intervenir en esas ocasiones para evitar que la situación degenerara en algo más grave.

La sucesión de relatos desgarradores se inició con José, el abuelo de la víctima, que fue testigo directo de la agresión, ya que acompañaba a su nieta cuando esta llegó a casa y se topó con el presunto asesino, que había entrado a través del balcón con ayuda de una escalera. «Ella subió a la planta superior y enseguida oímos gritos. Subimos y vimos a ese individuo con tres cuchillos. Lo primero que hice fue coger una silla para darle, pero mi mujer me pidió que llamara a la Policía. Empecé a llamar a todos sitios, llegó un vecino y cogimos unas porras o algo para ir arriba, pero ya había empujado a mi señora y no había forma de abrir la puerta», indicó al jurado José, el abuelo materno de Rosa María. «Solo oía gritos, gritos; se oían desde la calle. Gritos alarmantes. ¡Qué va a hacer una persona a la que le están pegando tantas puñaladas! Pues gritar».

Negó que el acusado fuera a buscar los cuchillos a la cocina. «Los llevaba ya cuando subimos. Los llevaba así, por delante, como si fuera un pistolero».

Al término de su declaración, también el abuelo de Rosa María se dirigió hacia el acusado y espetó: «¿Y este tío es que no puede levantar la vista, que le vea yo la cara?».

«La encerraba bajo llave»

Igualmente emotivas fueron las palabras pronunciadas por el padre de la víctima, Francisco José, a quien el juez José Luis García le ofreció sus condolencias. «Gracias», fue apenas capaz de responder, con la voz entrecortada. Rememorando a preguntas del fiscal la relación que Adrián tenía con su hija, afirmó que «estaba mal, porque él se iba y la dejaba encerrada en la habitación bajo llave, le escupía, la maltrataba… Le hizo de todo. Al final hasta la violó, que me enteré porque al final ella se lo contó a mi mujer».

«Él se marchaba y la dejaba encerrada con llave, le escupía, la maltrataba... Un día hasta la violó»

El hombre confirmó que, en tales circunstancias, fueron a buscar a su hija a Málaga y se la llevaron de vuelta a Canteras. Adrián nunca lo asumió y solo buscaba que la chica regresara a su lado. Coincidiendo con las fiestas de Carthagineses y Romanos, supieron que el exnovio estaba en Cartagena. «Esta noche no vas a salir, porque este no ha venido a nada bueno», le dijo Francisco José a su hija. Explicó que acudieron a poner una denuncia a la Guardia Civil y los agentes les dijeron que no se la podían coger, porque no estaban los especialistas en violencia doméstica. Tampoco aceptaron la petición de salir a buscar al exnovio o montar un operativo de vigilancia.

Al día siguiente sí lograron poner la denuncia y reseñaron en el escrito los mensajes amenazantes que constantemente le enviaba. «Siempre decía que si no era para él no sería para nadie», indicó.

El padre de la muchacha se echó a llorar cuando le enseñaron los cuchillos que sirvieron para dar muerte a Rosa María. Y siguió llorando cuando recordó que «era una chica muy buena, que nunca antes había conocido a un chico, que solo quería estudiar y siempre estaba en casa».

«Le decía gorda, puta...»

La madre de Rosa María, con la que compartía nombre, comenzó narrando cómo Adrián maltrataba a su hija en su propio domicilio. «A veces escuchaba cómo le decía gorda, puta, guarra… Yo hablaba con él y le decía que estaba en mi casa y que respetara a mi hija o se tendría que ir. Pero ella siempre lo perdonaba, porque estaba enamorada».

Entonces se dirigió al acusado y le instó a mirarla. «¿Y tú que haces? ¡No llores y levanta la cabeza!». El magistrado tuvo que volver a intervenir. La mujer explicó que Adrián era «tremendamente celoso» y que vejaba a su novia con acciones como escupirle en el desayuno cuando se enfadaba con ella por cualquier razón.

El día del crimen, la mujer confirmó que estaba hablando por teléfono móvil con Rosa María cuando esta entró a casa y subió al primer piso. «Vio los cristales en el suelo y dijo: 'Mamá, ¿qué ha pasado aquí que está todo hecho un desastre?' Luego ya solo se oyeron gritos y se cortó la llamada», recordó entre lágrimas y sin dejar de removerse en la silla de los testigos.

«Solo la oía gritar: ¡Ay, ay!»

Antonia, abuela materna de la joven asesinada, declaró a través de videoconferencia y acompañada por una asistente para las víctimas de delitos. «Cuando llegamos a casa, mi nieta subió. Yo fui detrás de ella y estaba mi nieta sentada en el sofá, con mucha sangre. Él estaba pegado a ella con los cuchillos en la mano. Le dije que qué había hecho. Ella me dijo que se estaba desangrando. Y él la cogió por el pelo, la sentó en el sofá y siguió apuñalándola. Al final me dio los cuchillos. Luego se abalanzó sobre mí y empezamos a pelearnos y me quitó los cuchillos. Me dijo que no llamara a la Policía porque si no la mataba. Me echó de allí y cerró la puerta. Ya no pude volver a entrar. Solo la oía gritar. ¡Ay, ay, ay!».

El juicio continuará con las declaraciones de agentes de la Guardia Civil que investigaron el crimen y con las de los forenses que hicieron la autopsia al cadáver, cosido a cuchilladas, de Rosa María.