«En Abanilla se respiraba el ambiente perfecto para grabar la obra»

Jesús Serna. / lv
Jesús Serna. / lv

El director de cine Jesús Serna presenta su última obra, 'Lo que queda'

MINERVA PIÑERO

Alejado de las grandes producciones, Jesús Serna (Albatera, Alicante, 1984) encuentra en el cine independiente la libertad. «Como pasaba en algunas películas de los sesenta, que contaban lo que querían con un bajo presupuesto», explica este director de cine. Formado en el Centro Universitario de Artes TAI, en Madrid, prefiere -por timidez- mantenerse detrás de las bambalinas. Con pinceladas de suspense, 'Lo que queda', su última creación, fue galardonada hace una semanas como Mejor Película en el DEA Open Air International Film, un festival de cine en Saranda (Albania). En su obra cinematográfica aparecen dos localizaciones murcianas: el Salto del Usero y Abanilla, donde el profesional siente que el tiempo se ha quedado anclado en el pasado.

-¿Cómo es Esteban, el protagonista de 'Lo que queda'?

-Es un chico que vive tranquilamente en su pueblo, con su moto. Un día se levanta y se da cuenta de que nadie le reconoce. Entonces, empieza a luchar por su identidad. Pero llega un momento en el que recapacita y empieza a pensar que ser un desconocido puede ser algo a su favor para ver las cosas desde otro punto de vista. Le da la vuelta a la tortilla. La obra la he dirigido junto a Lucas Parnes, mi compañero.

-¿Quiénes son los personajes que tratan a Esteban como a un extraño?

-Su tía, su novia, la Policía... Hasta su madre le dice que no sabe quién es, que no quiere saber nada de él, que no es su hijo. En total, han participado 16 actores.

-¿En qué época se desarrolla?

-Se supone que es el presente, pero también podría ser otro tiempo. Es un presente un tanto atemporal, como si estuviera anclado en el tiempo.

-¿Qué encontró en Abanilla que llamase su atención?

-Nosotros buscábamos que de alguna manera en la película se reflejase el aire de Levante de la Península. Queríamos que el ambiente no fuera demasiado moderno. En Abanilla, con sus calles estrechas y peatonales, y con sus cuestas, se respiraba el ambiente perfecto. Grabamos por la parte alta del pueblo: nos pareció superbonita. En la Región también nos desplazamos hasta el Salto del Usero para hacer algunas tomas. Aunque ese rincón es muy popular por aquí, en el exterior lo conocen pocas personas.

-¿Qué otras localidades aparecen en la película?

-En total, hemos recorrido once pueblecitos entre la Vega Baja y Albacete, como Abanilla, Elche de la Sierra, Albatera...

-¿Cuál es su mensaje?

-No es una película con mensaje, como la mayoría. Lo que planteamos es un juego de la realidad; una especie de quién es quién; un juego entre cómo es una persona y cómo la ven los demás... Todas las caras del poliedro forman una personalidad, pero al final es uno mismo quien debe sentarse y retener su forma de ser. Es un mensaje abierto, una historia que se repite.

-¿Cómo y cuándo se le ocurrió esta idea?

-El proyecto comenzó cuando le conté una anécdota a Lucas en un viaje a Valencia, hará unos cinco años. Un familiar me llamó y me preguntó que dónde estaba, que mi madre llevaba tres días buscándome, cuando mi madre estaba justo a mi lado viendo la novela. Se lo dije a Lucas y, después de un año, me presentó un guion.

-Entonces, ¿'qué es lo que queda'?

-Un final abierto. Algo. Nosotros decimos que cada cual pondrá lo que quiera ver en el final. Más que responder a las preguntas, como a veces hacen en las películas en las que te dan todo mascado, buscamos lo contrario. Jugamos a plantear preguntas y a que el espectador sea el que ponga de su parte.

-¿Qué premio recibieron en el festival de Saranda, en Albania?

-Un busto, una réplica en miniatura de una cabeza de un dios romano. Así es la imagen del festival. Según los arqueólogos y los historiadores, seguramente sea la cabeza de Apolo. El busto original lo encontraron en un yacimiento, cerca de Saranda.

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