«Cambiaría la medalla por ver a mis hijos»

Esther arranca con su cariño una sonrisa a Hugo, en su piso de Fuente Álamo./
Esther arranca con su cariño una sonrisa a Hugo, en su piso de Fuente Álamo.

El paraguayo premiado con la Orden al Mérito Civil por salvar a un anciano del fuego pide al Gobierno que permita a sus hijos venir a España

JORGE GARCÍA BADÍAMurcia

Pasó treinta veces por el quirófano y tuvieron que implantarle hasta piel de un fallecido. Tiene injertos por la espalda, el brazo, las nalgas... En su pierna izquierda el fuego le dio un 'mordisco' que le devoró más de diez centímetros del músculo tibial anterior y que le obliga a depender de una muleta para caminar. «Cada vez que me miro al espejo me da rabia y lloro». Su cuerpo le recuerda cada día a Hugo Daniel López el infierno que vivió el día de Navidad, cuando rescató a Trifón, fallecido en mayo de este año según informó a 'La Verdad' la familia, del fuego que abrasaba la casa del anciano, a su cuidado, en la pedanía archenera de La Algaida. Aquella gesta le valió a este paraguayo la Orden del Mérito Civil, pero tres meses después las palmaditas en la espalda han dado paso a otra sensación menos grata: «Me siento olvidado».

El conocido como 'héroe de Archena' trata de reprimir las lágrimas ante el equipo de 'La Verdad', hasta que habla de sus hijos y se derrumba. «Solo pienso en recuperarme y en ver a mis hijos». Para Hugo, el mejor remedio para combatir el dolor de las terribles secuelas de las que todavía se recupera sería el cariño de Rodrigo Daniel, de doce años; Estefanía, de once años; y Adamaris Esther, de seis. «El premio más grande para mi marido no es una medalla, es poder besar y abrazar a su hijos», lamenta su mujer, Esther Ramírez. Lo hace mientras sujeta la mano de Hugo para contemplar juntos los retratos de sus pequeños.

El mismo Gobierno de España que premió a Hugo con la Orden del Mérito Civil es el que ahora no concede al matrimonio el visado de reagrupación familiar para que sus hijos vuelen de Paraguay a España. «Cambiaría mi medalla por ver a mis hijos y volver a ser una familia».

Están en un callejón sin salida

El problema es la burocracia. «No cumplimos los requisitos para el visado: al ser cinco miembros nos exigen tener un piso de tres habitaciones y unos ingresos de 1.500 euros al mes», detalla la mujer. Dos requisitos inviables para el matrimonio porque Hugo tiene por delante un año de sesiones de fisioterapia de tres horas diarias y su mujer tampoco puede trabajar porque solo se le concedió un permiso de residencia por circunstancias excepcionales, válido hasta julio de 2016.

«Estamos en un callejón sin salida», resume el matrimonio. Hugo no puede dejar la rehabilitación que le cubre la mutua y Esther no puede regresar a Paraguay dejando solo a su marido. «Me cuesta mucho ponerme de pie, empiezo a temblar y me canso rápido. Por las noches me despierto por las pesadillas, escucho cómo gritaba el abuelo», murmura Hugo.

Nunca ha abrazado a Adamaris

El matrimonio está con el agua al cuello porque el permiso de residencia de Esther no le permite trabajar en España y sin un empleo tampoco pueden alquilar el piso de tres habitaciones que exige el visado de reagrupación familiar.

El 'héroe de Archena' se muere por dentro cada vez que habla por teléfono con sus hijos. «Me dicen 'Papi, te quiero ver', y me preguntan 'cuándo vendréis a buscarnos'». Pero no puede darle una respuesta a sus niños. La pareja lleva ocho meses sin viajar a su país, pero lo peor es que Hugo ni siquiera conoce en persona a su hija Adamaris. Su mujer explica que «me quedé embarazada en una de mis visitas a España y como no tenía permiso de residencia tuve que regresar a mi país para tenerla. Ese año contrataron a mi marido para cuidar a Trifón, de lunes a domingo, interno en su casa, y no ha podido conocerla en persona». Han pasado seis años y todavía no conoce la sensación de abrazar a su pequeña.

La pareja sobrevive con la prestación por baja que recibe Hugo de 585 euros al mes. «Nos marchamos de Archena porque el psiquiatra se lo recomendó a Hugo. Allí, todo el mundo le recordaba lo ocurrido», aclara Esther. Sus ingresos solo les han permitido alquilar una vivienda humilde de dos habitaciones en Fuente Álamo. Una cama de matrimonio y un par de sillones para el salón, junto a una pequeña televisión, es el exiguo mobiliario que tienen. Al alquiler destinan 350 euros y el resto de la pensión la mandan a Paraguay para que la abuela siga cuidando de sus hijos. «Ella está mayor y tiene problemas de movilidad».

Si hace falta limpia casas

Comen cada día en el bar Corre La Voz y a cambio Esther echa una mano a los familiares que regentan este negocio. También limpia alguna casa o negocio por 15 euros cuando se lo ofrecen. «Algunos meses los pasamos con treinta euros».

Durante los cuatro meses que permaneció hospitalizado su marido en La Arrixaca, se vieron obligados a vender por 1.500 euros una furgoneta Mercedes Sprinter para mandar dinero a sus pequeños. Ese vehículo de segunda mano lo compró Hugo para empezar en 2015 una nueva vida trabajando como repartidor en Paraguay. Pero el fuego truncó sus sueños y el reencuentro con su familia. «Me ha cambiado la vida a peor, pero no me arrepiento de salvar al abuelo». Fueron decenas los que anunciaron que organizarían actos solidarios para recabar fondos y ayudar a Hugo. «La mayoría quedó en palabras», lamenta Esther. Solo hubo cuatro actos en Archena, Elche, Suiza e Ibiza.

La conversación del cóctel

El Gobierno paraguayo premió a la familia comprometiéndose a pagar los billetes de avión de los tres niños y ya ha tramitado todos los papeles. Solo falta el Gobierno de España, pero sus exigencias económicas son insalvables. La mujer apela a la solidaridad (BMN: 0487-0036-06-9007003036) y a la conversación que mantuvieron con el rey Felipe después de entregarle a Hugo su medalla, en el Palacio Real, en Madrid. «Tuvimos la oportunidad de hablar con Su Majestad en el cóctel y le comentamos nuestro deseo de que nos facilitara que nuestros hijos pudieran estar con nosotros. Nos prometió ayudarnos. Hugo es el que más necesita ese afecto».

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