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Veinte maravillas a 27ºC

Los ejemplares de tortuga boba que se encuentran en el reptilario. / Guillermo Carrión / AGM

El Centro de Recuperación de la Fauna Silvestre El Valle custodia con mimo las tortugas bobas nacidas de la histórica nidada de Calblanque

Miguel Ángel Ruiz
MIGUEL ÁNGEL RUIZ

No tienen nombre, aunque dentro de unos días serán identificadas con un número rotulado en el caparazón. Del 1 al 20, las crías nacidas tras el histórico desove de una tortuga boba en Calblanque, el pasado 28 de julio, son la alegría del Centro de Recuperación de Fauna Silvestre El Valle (CRFS). Acostumbrados a tratar aves, pequeños mamíferos, reptiles del terreno, tortugas marinas adultas y en general animales más corrientes, la presencia de los diminutos quelonios en las instalaciones de la sierra de Murcia ha dibujado una sonrisa en veterinarios, biólogos y agentes medioambientales. Tienen motivos: se trata del primer nido de esta especie en la Región de Murcia en más de cien años (hay otro anidamiento documentado en La Manga a finales del siglo XIX), un patrimonio natural sobrevenido que aumenta el valor de los espacios protegidos de la Comunidad Autónoma.

También un tesoro genético: las tortugas marinas tienden a regresar al lugar donde nacieron para depositar sus huevos, lo que científicamente se conoce como filopatría, así que hay esperanzas fundadas en que los neonatos que ahora mismo se desperezan en el reptilario del CRFS a una temperatura controlada de 27°C busquen en el futuro las costas cartageneras para perpetuar la especie.

Pero eso será dentro de treinta años; ahora toca asegurar la supervivencia de los veinte ejemplares de 'Caretta caretta' que nacieron entre el miércoles y ayer mismo en Cala Arturo y el Centro de Fauna, donde fueron trasladados neonatos y huevos sin eclosionar por motivos de seguridad, ya que el descenso de temperaturas tras el episodio de lluvias torrenciales puso en peligro el nido. Aunque por precaución aún se mantienen algunos huevos en la incubadora, no parecen estar fertilizados, así que no se esperan más nacimientos.

«¡Esto es extraordinario!», exclama la veterinaria Alicia Gómez de Ramón con una euforia que no se esfuerza en disimular. «Este evento único tiene que servir para que la sociedad se convenza de la necesidad de proteger el medio marino y también para que se conozca la gran riqueza natural que tenemos en la Región de Murcia», explica a 'La Verdad'.

El equipo integrado por los veterinarios María José Gens, Fernando Escribano (que precisamente ayer se encontraban en Calblanque, junto con el director general de Medio Natural, Fulgencio Perona, liberando dos tortugas bobas adultas curadas en El Valle, tras ser recogidas en junio con heridas en Isla Plana y Águilas), la propia Alicia Gómez y el biólogo Mario Escudero, asume la responsabilidad de criar a las pequeñas criaturas marinas para liberarlas dentro de un año, cuando pesen algo más de un kilo y ya no sean presas fáciles para gaviotas o peces.

«Ahora mismo aún no precisan alimentación, en el reptilario les hemos reproducido las condiciones del nido», detalla Alicia Gómez, «pero el lunes las llevaremos a los tanques del Imida (Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Alimentario), en San Pedro del Pinatar, para iniciar el proceso de cría en cautividad». En el Centro de Recursos Marinos de la Comunidad Autónoma comenzarán a proporcionarles una masilla grasa de pescado de forma esférica y a ponerlas en contacto con el agua, primero solo unas horas y más tarde durante todo el día.

El verano que viene abandonarán el acuario protector para salir al mar y afrontar, ya en solitario, las maravillas y los peligros del Mediterráneo, donde las tortugas bobas llevan años buscando refugio por el aumento de la temperatura en sus lugares habituales de desove en el Atlántico, sobre todo Florida y Cabo Verde. No estarán solas en sus primeros años de exploración marítima, cuando necesitarán suerte para esquivar plásticos, hélices, redes y sedales, ya que la temporada de cría también ha dejado nidos exitosos, igualmente por primera vez, en Castellón e Ibiza.