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Los pozos de nieve de Sierra Espuña inician el camino para ser Bien de Interés Cultural

Dos de los pozos de nieve de Sierra Espuña, con las cúpulas derruidas. / guillermo carrión / agm
Dos de los pozos de nieve de Sierra Espuña, con las cúpulas derruidas. / guillermo carrión / agm

La Consejería encarga a Ecoproyecta un estudio para proteger legalmente estas construcciones de piedra centenarias, casi todas ya en ruinas

Miguel Ángel Ruiz
MIGUEL ÁNGEL RUIZ

El conjunto de pozos de nieve más grande de España prácticamente se ha desmoronado ante la pasividad de la Administración, que hasta ahora no ha considerado necesario proteger o restaurar las neveras de piedra de Sierra Espuña -salvo dos de ellas-. Hasta ahora, porque la Comunidad Autónoma acaba de dar el primer paso para declarar Bien de Interés Cultural (BIC) estas estructuras de piedra que entre los siglos XVII y XIX proveían de hielo en primavera a las ciudades de Murcia, Cartagena, Lorca y Orihuela. El estudio murciano Ecoproyecta, especializado en arquitectura y urbanismo sostenible, ha recibido el encargo de la Dirección General de Bienes Culturales, dependiente de la Consejería de Turismo y Cultura, para redactar el Plan Director, documento necesario para arrancar el expediente.

«La primera tarea consiste en identificar y documentar correctamente los pozos, saber cuántos hay y cuál es su estado de conservación», explica a 'La Verdad' el arquitecto Pablo Carbonell, uno de los socios de Ecoproyecta. Según algunos documentos oficiales y folletos turísticos del parque regional, hay 25 pozos de nieve -26 según las cuentas, más fiables, de Manuel Águila Guillén, biólogo y técnico de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Alhama-, pero Carbonell cree haber identificado los restos de otros tres, si bien este hallazgo está pendiente de un estudio arqueológico que confirme el origen de las señales advertidas sobre el terreno.

Un informe arqueológico confirmará si unos restos corresponden a tres pozos no documentados hasta ahora

Distribuidos en dos conjuntos situados en las umbrías de los Morrones de Totana y Alhama, estas estructuras consisten en grandes excavaciones cilíndricas que se cubrían con una cúpula. Todos los pozos están situados en la cota de los 1.350 metros salvo uno: el de las Ánimas, a 1.110, en la zona superior del Valle de Leyva y el único en término alhameño; el resto pertenecen al municipio de Totana.

Lugar de Interés Etnográfico

El informe de Ecoproyecta, que estará acabado a finales de abril y que tiene un presupuesto de 15.000 euros, determinará cómo abordar la conservación de un conjunto de arquitectura tradicional que encajaría en la categoría de Lugar de Interés Etnográfico, «por ser un lugar donde el hombre ha realizado una actividad históricamente y ha dejado una huella importante», señala Pablo Carbonell: «Más adelante veremos cuáles hay que restaurar, o si en otros solo se acometen actuaciones de consolidación», añade.

El Plan Director no se ceñirá solo a los pozos de nieve, sino que tendrá en cuenta el paisaje y el medio natural en el que están enclavados. «Estudiaremos los senderos tradicionales y las vías pecuarias para crear una pequeña infraestructura de comunicación que facilite la visita», adelanta Carbonell. Para integrar esta visión multidisciplinar, Ecoproyecta se apoya en el estudio Patrimonio Inteligente, que se encargará de la parte histórica y cultural, y en la consultora ambiental Islaya.

La protección legal de estas centenarias fábricas de hielo y la recuperación del paisaje original de la época en la que estaban a pleno funcionamiento es una iniciativa consecuente con la vocación ecoturística de un parque regional acreditado con la Carta Europea de Turismo Sostenible; Sierra Espuña es el único espacio natural de la Región que cuenta con esta distinción de calidad.

La recuperación de los pozos de nieve será además una baza en el expediente que prepara la Consejería de Empleo, Universidades, Empresa y Medio Ambiente para promover la candidatura de Sierra Espuña a la declaración de parque nacional, ya que una de las exigencias es precisamente la puesta en valor del patrimonio histórico.

Aunque este parece ser el intento definitivo, no es la primera vez que se plantea la protección de los pozos de nieve como Bien de Interés Cultural. El primer expediente se activó hace más de treinta años, en 1986, pero se guardó en un cajón y no se supo más de él hasta un tímido intento de reactivarlo en 2010, también fallido.

Piezas expoliadas y depósitos de basura en plena naturaleza

El asombro es la primera sensación que golpea a quien contempla por primera vez las neveras de Sierra Espuña. ¿Qué son esos grandes círculos de piedra, qué se guardaba bajo esas cúpulas, todas ya derruidas? Estas suelen ser las preguntas ante los vestigios de una actividad que consistía en almacenar la nieve del invierno en esas grandes bodegas subterráneas, apisonadas entre capas aislantes de paja, para venderla meses después en forma de hielo, necesario para conservar alimentos, fabricar helados o incluso para fines medicinales.

La industria del frío decayó en el siglo XIX y estas construcciones singulares comenzaron a venirse abajo en la soledad de las alturas de Espuña. Algunas cúpulas fueron desmontadas piedra a piedra para construir pedrizas y hubo pozos que se destinaron a la vergonzante misión de almacenar basura. En casi todos creció la hiedra.

Manuel Águila recoge en el libro 'Sierra Espuña, naturaleza y cultura'- publicado recientemente por la Dirección General de Medio Natural- la capacidad aproximada del conjunto de pozos de nieve, calculada en 1968 por el geógrafo Horacio Capel Sáez: entre 20.000 y 25.000 toneladas. «Unas cifras que en la actualidad resultarían impensables con el régimen de precipitaciones que tenemos», concluye el biólogo alhameño, uno de los mejores conocedores de la historia de este espacio natural.

 

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