Tenores

Crítico de música clásica de 'La Verdad' y cofundador de la Asociación Pro Música de Murcia

OCTAVIO DE JUAN

De los tres tipos básicos de cantantes líricos (tenores, barítonos y bajos) han sido los tenores los más numerosos. Una proporción que se da tanto a nivel mundial como en nuestra Región. Lo que no quita para que la mayor celebridad en nuestra particular historia sea la de aquel insigne barítono del barrio de Santa Eulalia, Mariano Padilla, contemporáneo del gran maestro Fernández Caballero, uno de los cantantes más prestigiosos de la época y al que le ocupó, también, el mérito de birlarle a Tchaikovsky la única mujer de la que estuvo enamorado el gran compositor ruso, la soprano belga Desirée Artot.

Historias aparte, y por lo que a propósito de esta preciada distinción se refiere, nos viene a la memoria un conjunto no desdeñable de nombres de tenores de la tierra de distinta celebridad que si en unos casos rebasaron nuestras fronteras, en otros ejercieron principalmente su arte en la Región. Entre los primeros estarían los del murciano Ginés Torrano, del yeclano Julián Molina, del abaranero Carlos Moreno, por descontado, y del algezareño David Baños, a quien, por cierto, tendremos la oportunidad de escucharle en este mismo mes de octubre encarnando el Alfredo Germont de 'La Traviata'.

En un hipotético segundo grupo estarían otros menos conocidos pero de probada profesionalidad, como los también murcianos José Manzanera, Antonio Lozano y el cartagenero Plazas Ketterer, a quienes se suma el igualmente cartagenero Francisco López, poseedor de una de las voces líricas más bellas y musicales de las escuchadas durante mi ya no corta tarea de crítica musical en este diario.

No fueron fáciles los primeros años de estudio de nuestro tenor Carlos Moreno en la Escuela Superior de Canto en Madrid, para los que resultaron insuficientes la módica beca de quince mil pesetas de la Diputación Provincial y las escasas ganancias obtenidas en diversos oficios con los que tuvo que pechar en la Villa y Corte, hasta el definitivo salto a los Estados Unidos para ingresar en la Academy of Vocal Arts, de Filadelfia, que le abriría las puertas de una carrera internacional.

Dentro de las distintas variantes que ofrece el tipo de tenor (di grazia, cómico, lírico, spinto, dramático, hasta el heldentenor wagneriano), Carlos Moreno respondería a la de un spinto, de voz y temperamento caudalosos, que explicaría su predilección por los personajes puccinianos de 'Bohème', 'Butterfly' y 'Tosca', sobre los que principalmente ha basado sus éxitos en su extensa carrera desarrollada tanto por las Américas del Norte y del Sur como por la Europa desde los Países Bálticos hasta los teatros Romea y Cervantes de su tierra.

Pero no puede apreciarse bien esta larga trayectoria de más de treinta años sin vincularla al alma del pueblo de Abarán que la sustenta. Un pueblo en donde la música, en su versión zarzuelística, no es lujo ni diversión, sino parte fundamental de su propia existencia que responde a un glorioso pasado en el que, además de haber hecho posible en tiempos la coexistencia de tres compañías líricas (Amigos de la Zarzuela, del Arte Lírico y Luis Frutos), tuvo arrestos suficientes para crear un prometedor Concurso Nacional de Canto que ahora podría volver bajo el nombre de este insigne y apasionado abaranero en cuya persona reconocemos ahora la de todo un pueblo.