Erdogan amenaza a la UE con dejar pasar a 3 millones de refugiados

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, participa en un acto político de su partido en Ankara./Efe
El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, participa en un acto político de su partido en Ankara. / Efe

Un enfadado líder turco chantajea con los desplazados para que los europeos dejen de considerar invasión su operación en el norte de Siria

MIKEL AYESTARANCorresponsal. Jerusalén

Toda guerra tiene varios frentes y mientras los soldados de Turquía, acompañados de milicianos del Ejército Nacional Sirio, atacan el norte de Siria, Recep Tayyip Erdogan abrió el frente diplomático para arremeter contra las voces críticas con la operación 'Manantial de paz'. Un Erdogan enfadado recurrió a los refugiados sirios para disparar contra Bruselas y amenazó con «abrirles las puertas» para que lleguen a suelo europeo. «¡Eh, Unión Europea! No pueden etiquetar nuestra operación como invasión», defendió el líder islamista antes de asegurar que si la UE no deja de usar este término «abriremos las puertas y enviaremos a los 3,6 millones de refugiados» sirios. Los mismos a los que el presidente piensa realojar en la «zona de seguridad» que quiere establecer a lo largo de la frontera.

Tras la oleada de refugiados sirios del verano de 2015, la UE y Ankara llegaron a un acuerdo por el que los turcos se comprometieron a controlar los flujos de desplazados hacia territorio comunitario a cambio de la liberalización de los visados y ayudas de hasta 3.000 millones de euros. Erdogan acusó a los europeos de «mentir» y no cumplir con su parte del pacto y denunció la espera de 40 años de su país para poder entrar en el club comunitario.

Bombardeos en la ciudad de Ras al-Ein.
Bombardeos en la ciudad de Ras al-Ein. / EFE

Pese a las amenazas del líder turco, la alta representante para la Política Exterior de la UE, Federica Mogherini, reclamó el cese de la acción militar en el norte de Siria. «Cometeríamos un error si ahora cuestionáramos las ayudas a las agencias internacionales que atienden a los desplazados y las vinculáramos a los movimientos militares», advirtió Mogherini, para recordar después que «la UE no financia a las autoridades turcas, sino a las agencias internacionales».

Otra voz de peso en Europa que no reculó ante las amenazas de Erdogan fue la del presidente de Francia, Emmanuel Macron, quien condenó «con la mayor firmeza posible la ofensiva militar unilateral en Siria» y alertó de que Turquíal «asume el riesgo de ayudar al EI a reconstruir su califato».

Para gran parte de la comunidad internacional, incluidos compañeros de partido de Donald Trump, se trata de una «invasión». Erdogan lo califica de «operación para eliminar el terrorismo». El discurso del presidente pretendía ganar apoyo y por ello se dirigió directamente a los países de la OTAN, de la que Turquía es miembro, y especialmente a EE UU, porque «no aceptamos que elijáis a una organización terrorista antes que a Turquía».

El Gobierno de Ankara considera «terroristas» a las Unidades de Protección Popular kurdas (YPG), que encabezan las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS) que hasta la semana pasada eran las principales aliadas de Washington en la lucha contra el grupo yihadista, un combate ahora en el aire. Las YPG son el brazo sirio del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) con el que Ankara lleva décadas en guerra.

Rusia se alinea con Ankara

Además de Bruselas, el presidente turco también tuvo palabras especiales para Arabia Saudí, que «cada día mata a civiles en Yemen», o Egipto, cuyo presidente, Abdelfatah el-Sisi, es un «asesino». Ambos países condenan el movimiento militar turco en el norte de Siria.

Los civiles sirios huyen de las zonas de combate.
Los civiles sirios huyen de las zonas de combate. / EFE

Mientras la ofensiva avanza, en los despachos no paran los movimientos para adecuarse a la nueva situación generada por la retirada de EE UU de una zona tan importante de Siria. El ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, adelantó que «vamos a defender la necesidad de un diálogo entre Turquía y Siria» y se mostró comprensivo con Erdogan y sus «preocupaciones legítimas sobre la seguridad de sus fronteras». Todo lo contrario que el primer ministro en funciones de Israel, Benyamin Netanyahu, quien condenó «firmemente la invasión turca» y ofreció «asistencia humanitaria al valiente pueblo kurdo».

La dureza de Erdogan hacia el exterior se multiplica en casa, donde la mayoría de partidos y medios de comunicación cerraron filas en torno a la invasión. No hay espacio para voces discordantes cuando se trata de seguridad nacional y 21 personas fueron detenidas y docenas, incluidos cinco diputados opositores, están siendo investigadas por criticar la operación. Entre los detenidos figuran los editores de la versión online de dos periódicos turcos críticos con el Gobierno, Hakan Demir y Fatih Gökhan Diler. Las purgas son continuas desde el intento de golpe de 2016.

Éxodo de 60.000 civiles sirios para alejarse de la frontera con Turquía

Columnas de humo se levantan en la frontera entre Turquía y Siria. Los bombardeos son intensos, pero también la quema de neumáticos para intentar dificultar las operaciones de los aviones. Los kurdos volvieron a pedir a EE UU la declaración de una zona de exclusión aérea, pero no hubo respuesta. Al menos 60 cazas turcos participaron en el inicio de la ofensiva y penetraron unos 30 kilómetros en un territorio sirio del que salieron decenas de miles de civiles.

Parece claro que Donald Trump no quiere interferir en la operación 'Manantial de paz' lanzada el miércoles por Turquía. Los combates se intensificaron a lo largo de toda la frontera y las milicias kurdas respondieron con el lanzamiento de cohetes y morteros contra cuatro poblaciones turcas próximas a la verja de separación que dejaron al menos seis civiles muertos -entre ellos un bebé- y 70 heridos. El balance en el lado sirio es de al menos 23 combatientes y 9 civiles muertos, dos de ellos niños, por los bombardeos aéreos y disparos de artillería, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH).

Durante toda la jornada el Ejército se dedicó a retirar partes del muro de separación para facilitar el acceso de las tropas, un movimiento que se suele producir al caer la noche. El Ministerio de Defensa en Ankara calificó la marcha de la operación como «un éxito» y aseguró que «solo se están atacando refugios, posiciones, armas y vehículos que pertenecen a las organizaciones terroristas», pero los civiles no opinan lo mismo. La intensidad de los bombardeos sembró el pánico entre la población y más de 60.000 personas dejaron sus casas para buscar un lugar seguro en la provincia de Hasake, alejada de la frontera.

La operación militar ordenada por Erdogan aumenta la cifra de seis millones desplazados internos que ya causaron los últimos ocho años de guerra en Siria, según datos de la ONU, y desde el Consejo de Derechos Humanos del organismo internacional advirtieron de que este movimiento turco «podría traer inseguridad, caos y el riesgo de un resurgimiento del Estado Islámico (EI)».

La preocupación por el futuro de la lucha con el EI se acentuó cuando los kurdos informaron de que se produjeron bombardeos en zonas muy próximas «a la prisión de Jarkin, en Qamichli, donde se hallan muchos terroristas del EI», indicaron en un comunicado en el que especificaron que esta cárcel «alberga a los más peligrosos criminales originarios de 60 países». Según el acuerdo alcanzado entre Trump y Erdogan, Turquía se encargará de estos prisioneros una vez establezca su «zona de seguridad».

Las fuerzas kurdas están solas y quieren negociar con el Gobierno de Damasco para tratar de frenar a Erdogan, pero el viceministro de Exteriores, Faysal Mekdad, se encargó de alejar esta opción. «En este momento no estamos preparados» para volver al diálogo con «los aliados de EE UU», zanjó.