Moros y Cristianos doblegan a la lluvia

Desfile de Moros y Cristianos./J. Carrión / AGM
Desfile de Moros y Cristianos. / J. Carrión / AGM

El público, que tuvo que abrir los paraguas a mitad del desfile, arropó con fuertes aplausos los espectaculares boatos del rey Aben Hud y del infante Alfonso

María José Montesinos
MARÍA JOSÉ MONTESINOS

Los hombres también lloran, aunque se trate de aguerridos Moros y Cristianos. A lo largo de la jornada del sábado, con intervalos de nubes y chaparrones, que hacían presagiar un desfile cuanto menos pasado por agua, fueron muchos los miembros de kábilas y mesnadas que no pudieron reprimir las lágrimas. Fue el caso de Javier Arenas, presidente de la Federación de Moros y Cristianos, que solo se recompuso al sentirse arropado por los aplausos del público, que no se movió de la Gran Vía incluso cuando la lluvia arreció pasadas las 9 de la noche. También lloró lo suyo Loli Reyes, presidenta de la kábila Ibn Arabi, a la que pertenece Quintiliano Ruiz Nogueras, el rey Aben Hud de este año, que derrochó lujo y fantasía junto a su esposa María Ángeles, en el papel de favorita, de pie ambos sobre una espectacular carroza. El boato del rey moro dejó boquiabiertos a quienes presenciaban el desfile. Un grupo de caballos de doma, una niña como experta amazona a caballo, la gracia y armonía de varias bailarinas, el hijo de Ibn Hud en un carro de caballos, las bandas de música, otro caballo a riendas largas irguiéndose sobre las patas traseras, los portadores con sombrilla y con plumeros y las escuadras femenina y masculina con la colla Moros Nous cerrando el boato dejaron perplejos a murcianos y a visitantes, entre ellos a Didier e Isabelle, un matrimonio de Córcega, que quiso inmortalizar con la cámara del móvil los mejores momentos.

Este año el desfile salió a las 8 de la tarde. Todo un acierto. Porque aunque estaba pensado, según el presidente de la Federación, para que acudiera más gente y para que los niños pudieran presenciarlo sin que se les hiciera demasiado tarde, el cambio horario también fue crucial para que los festeros arrancaran desde la plaza de Camachos sin lluvia. Pasadas las 9 de la noche, arreció un aguacero que obligó a abrir los paraguas, aunque el público no se movió de la Gran Vía, aplaudiendo a las bailarinas y a los festeros de los quince grupos -ocho kábilas y siete mesnadas- ya fueran a pie o a caballo.

Las fiestas de Moros y Cristianos cumplen este año su 35 aniversario y desde la Federación se trabaja con ahínco para conseguir la declaración de Interés Turístico Internacional. Y eso se refleja en la gran entrada que recorrió el sábado la arteria principal del centro urbano, desde el Puente Viejo hasta la plaza de la Fuensanta. Una fiesta que cuenta con savia nueva, como pudo apreciarse anoche con la participación de niños y niñas de muy corta edad, que merecieron los piropos de muchas madres sentadas a ambos lados de la carrera. También fueron muy aplaudidas las abanderadas de la Federación, cada una en su carroza, de pie, desafiando a la lluvia, en algunos momentos. La infantil, Ana Luna, lucía un bonito traje en tonos azules mientras que Silvia Martínez, abanderada mayor, hizo gala de sus dotes de equilibrio sobre unas tinajas con serpientes con una tapa que la elevaba y bajaba.

Tras la kábila de IbnArabí, desfilaron marcando el paso al ritmo de la música, Almorávides de Mursiya, Abu L'Abbas, Abenamar, Abenmardenix, 'el Rey Lobo' -en cuya filá participó un año más Susana Hernández, portavoz del Grupo Municipal Socialista en el Ayuntamiento-, Mudéjares, Abderramán y Almohades de Murcia.

Le seguía la carroza del Festero del Año, Eduardo Gil de Pareja, con su boato. A continuación abrió el bando cristiano la mesnada Caballeros y Damas de Jaime I el Conquistador, a la que pertenece el infante Alfonso y su dama-personajes encarnados por Rafael Benedicto y su esposa, Carmen Martínez Guillén-. El centro ecuestre El Tranco, la Agrupación Músico Cultural Orcelis de Orihuela, distintas filás invitadas como la de Jaime I de Petrer, Orden del Temple de Orihuela y Caballeros y Damas de la Encomienda de Cieza, además del ballet Gawazi de Alcoy, la Agrupaciòn Musical Bongo Band, de Albatera y la Clarabalba de Montavernel de Valencia formaron parte del rico boato. Le seguían las mesnadas Caballeros y Damas de San Juan de Jerusalén, Santa María de la Arrixaca, Huestes de Fernando III, Caballeros del Temple, Orden de Santiago e Infante don Juan Manuel. El mercado medieval de la Federación puso el broche de oro al desfile.

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