Un esteta con alma táurica

El artista ciezano José Lucas, en su estudio de Puerto de Mazarrón, el pasado fin de semana. / antonio gil / agm
El artista ciezano José Lucas, en su estudio de Puerto de Mazarrón, el pasado fin de semana. / antonio gil / agm

Juan Ruiz Palacios
JUAN RUIZ PALACIOS

Atención. El café se enfría en el interior de una superlativa copa de balón y sobre la mesa nunca faltan los periódicos del día. En medio de esa escena, el pintor José Lucas (Cieza, 1945) da un sorbo, piensa por unos segundos y se pronuncia. «Esto es muy serio. Los antitaurinos son el motor que sostiene el mundo del toreo. El día que estos dejen de existir, la tauromaquia morirá. El arte siempre trastoca a los espíritus acomodaticios. He conocido a feroces antitaurinos que defienden al toro, como debe ser, pero algunos son partidarios de la pena de muerte». Y sigue: «Cuando el arte es verdadero cabrea a los contemporáneos. Y la fiesta del toro, hoy por hoy, está mejor que nunca, en el sentido de que se torea mejor que antes. Hay mucha más dignidad y se cuida hasta el más mínimo detalle». Punto.

El artista ciezano habla sin tapujos y con seguridad, y conoce bien los entresijos de la Fiesta. «Las grandes figuras del toreo ensalzan el arte en todas sus manifestaciones. La poesía, la pintura, la escultura, el teatro, la música, la arquitectura... Todas las artes tienen en su desarrollo la tauromaquia», sostiene. Y nombra 'Llanto por Ignacio Sánchez Mejías', de Federico García Lorca. Y 'La suerte o la muerte', de Gerardo Diego. Y otras tantas obras de Rafael Alberti y Jorge Guillén. «Y qué voy a decir de la pintura. Puedo empezar por Goya y seguir por Picasso. Por cierto, la tauromaquia de Picasso es una auténtica joya. También es una maravilla la ópera 'Carmen', de Bizet. Podría estar días enteros hablando de la influencia de los toros en el arte», se reafirma el ciezano, que admira y bebe de esos genios.

En medio de una anarquía disparatada y carismática, en la última planta de un chalé adosado de una calle de Bahía (Puerto de Mazarrón), Lucas se sumerge a contracorriente para crear, en medio de recortes de revistas, pinturas, pinceles, lápices, cubos y demás utensilios. «El artista bucea continuamente entre la frustación, la renuncia y el fracaso. Ahí es donde está la verdadera savia. Los éxitos a base de piropos debilitan mucho. Hay gente que me ha piropeado y les he dejado de hablar. Al arte le sobran fantoches y le falta más búsqueda», se desahoga.

El discurso plástico

La obra de Lucas se sitúa a caballo entre la figuración y la abstracción. «Cualquier manifestación que hago es muy visceral. Lo que busco es la esencia, el discurso plástico... Reparo en todo del mundo del toro, hasta en el traje de luces», dice el pintor, que recuerda los vestidos de torear diseñados por Picasso para Luis Miguel Dominguín. «Encierran un misterio y una magia increíbles. Por eso Picasso nunca diseñó una camiseta de fútbol», ironiza. «La tauromaquia ha inspirado a tantos artistas porque tiene una magia y esa cosa que no se puede explicar, ni coger. Encierra el misterio y el poder seductor de la belleza. Yo soy un esteta. Para mí, la estética es fundamental».

Se declara 'currista' y amante del toreo de Morante de la Puebla, Rafaelillo y Paco Ureña. «En el toreo ocurre lo mismo que en otras manifestaciones artísticas; siempre están en crisis. El día que el teatro o los toros no estén en la cuerda floja, desaparecerán. Y entonces el hombre será mucho menos valioso».

Los políticos, «a porta gayola»

En esta mañana de septiembre, tras una generosa tormenta, el pintor se dispone a culminar una colección de pavos, entre ellos uno dedicado a la niña de sus ojos, su hija María. Mientras coge los pinceles, confiesa a 'La Verdad' que «hay justificaciones más que suficientes para afirmar que el mundo taurino tiene una enorme importancia en la cultura. El toreo no es matar al toro, sino el mito que empezó siglos antes de Cristo en Egipto, en Grecia...». Y advierte: «¡Cuidado, que no se hable de la tauromaquia con desprecio! El mundo táurico siempre ha alimentado todas las artes».

Durante la conversación los temas vienen y van. Y el espíritu de los antitaurinos se cuela otra vez en el estudio mazarronero del ciezano. «En España tenemos que cuidar mucho a los antitaurinos, porque alimentan la Fiesta y excitan el ánimo y la afición a los que nos gustan los toros. ¿A que no has visto la foto de un antitaurino en ninguna taberna de España?». ¡Toma ya! Y continúa: «Me gustaría hablar diez minutos con los antitaurinos. Tienen que leer más para saber que el mundo táurico ha alimentado la imaginación, el talento y la sabiduría de artistas. Y también decirle a los políticos de ahora que me acuerdo de sus familias. Estaría bien recibirlos a porta gayola y picarles y banderillearles. Porque en la vida no hay que dejar de hacer lo que uno siente». Y punto.

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