Debut y puerta grande para José María Trigueros

Trigueros, con la muleta, ante uno de sus novillos, ayer en La Condomina./Nacho García / AGM
Trigueros, con la muleta, ante uno de sus novillos, ayer en La Condomina. / Nacho García / AGM

El novillero madrileño Marcos pasea una oreja y el murciano Parrita se marcha de vacío en el penúltimo festejo de la Feria de Murcia

FRANCISCO OJADOS

La novillada con picadores de la Feria de Murcia comenzó por malos derroteros. Los dos primeros de Lagunajanda se acabaron en el caballo y el tercero fue devuelto a los corrales por su exigua fortaleza. El astado que volvió a los corrales era el que estaba predestinado para el debut con los del castoreño de José María Trigueros, alumno de la Escuela de Tauromaquia de la Región de Murcia que dejó muy buenas sensaciones en el pasado Festival a beneficio de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). El novillo llevaba por nombre 'Triguero' y el novillero debutante lo recibió con tres largas cambiadas, dos verónicas y una revolera que levantaron los primeros clamores de la tarde. Luego dobló el animal las manos en varias ocasiones y en su lugar saltó al ruedo un sobrero de Las Ramblas, alto de cruz y largo, de 482 Kg.

Resultó bravo. Quedó medido en el caballo y fue ideal para el debut del murciano, que improvisó un inicio de faena con pases de rodilla en tierra al arrancar el novillo por sorpresa cuando se disponía a pedir permiso al palco para brindar al público. Luego firmó una labor basada en la mano diestra, en la que fluyeron series ligadas de buena composición. Pinchó en un primer encuentro y cobró después una estocada entera al encuentro de la que el ejemplar de Las Ramblas dobló en los medios. Trigueros paseó el primer trofeo de la tarde.

Del sexto consiguió la oreja que le abría la puerta grande, pese a demorarse con la espada y escuchar un aviso. Este último tuvo calidad y llegó con opciones a la muleta porque apenas se picó. Lo había recibido Trigueros con la larga cambiada, dos faroles más de rodillas y un buen ramillete de verónicas; y vistoso resultó el galleo por chicuelinas para llevar el astado al caballo. Redondeó su labor de capa con un quite por saltilleras en el centro del ruedo. Brindó a su tío y echó las rodillas a tierra en el comienzo de faena. Muy buena actitud. Tuvo virtudes la faena, como citar de lejos y dejarse llegar al novillo para ligar series bien rematadas, con pinturería. De lo mejor, fue una tanda al natural abrochada con un farol y el pase de pecho que llegaron mucho al tendido, y ajustadísimas fueron las bernadinas finales.

Solvencia

Una oreja paseó Marcos del cuarto de la tarde, que casi no recibió castigo en varas. Lo recibió el madrileño con dos faroles de rodillas en un palmo de terreno. Realizó un quite por chicuelinas y sin brindar comenzó de rodillas en terrenos de tablas. Luego su faena fue de total solvencia ante un burel con escaso poder pero infinita nobleza. Dejó la muleta en la cara para ligar y templó. Tuvo empaque el toreo al natural y al final se metió entre los pitones. Pinchó arriba antes de un buen volapié.

Parrita, por su parte, se tropezó con un primer novillo que se defendió por su falta de fuerzas, y con el que poco pudo lucirse, salvo en los lances rodilla en tierra del saludo. Tuvo la gallardía de recibir al quinto a portagayola. Sin embargo, no hubo sintonía en la faena de muleta, con un astado que tuvo sus teclas. Al murciano le costó afianzarse y se le vio sin la frescura con la que ilusionó de becerrista a esta plaza.