GP de Rusia

Para Ferrari, cada gran premio es un Vietnam

Los Ferrari de Sebastian Vettel (i) y Charles Leclerc, en Rusia./Dimitar Dilkoff (AFP)
Los Ferrari de Sebastian Vettel (i) y Charles Leclerc, en Rusia. / Dimitar Dilkoff (AFP)

La Scuderia se encuentra en su mejor momento deportivo de la temporada, pero lejos de haber paz, a cada carrera se tensa más la cuerda entre sus pilotos

DAVID SÁNCHEZ DE CASTROMadrid

Ferrari lleva camino de un nuevo subcampeonato del mundo de constructores (el de pilotos apunta a llevárselo Valtteri Bottas), y gracias. El dominio absoluto de Mercedes a principio de campaña ha hecho insuficiente la espectacular racha de la Scuderia desde el parón veraniego, cuando han sumado cuatro 'poles' (las cuatro de Charles Leclerc) y tres victorias. De hecho, haciendo un parcial desde el GP de Bélgica hasta el de Rusia, el monegasco sería campeón con 83 puntos, por 72 de Lewis Hamilton y 61 de Valtteri Bottas. Lejos de ese podio, Sebastian Vettel sumaría 38.

Nadie puede negar que Ferrari ha exprimido al máximo sus opciones en el inicio de la recta final de la temporada, pero el coste a pagar está siendo altísimo. Eso que vienen a llamarse la paz social, tan propio de otros ámbitos como el empresarial, el institucional y, a veces el futbolístico, es un sueño ahora mismo en Maranello. La estrategia que dirige el español Iñaki Rueda ha dado sus frutos, de momento, aunque ya es tarde para luchar con un Hamilton que se dirige irremisiblemente hacia su sexto título del mundo. Una estrategia basada en las palabras que más temen o que más aprecian en función de la dirección del viento los pilotos: órdenes de equipo.

La Fórmula 1 es una disciplina automovilística individual que se juega por parejas. Parece un oxímoron, pero no le falta ninguna razón: todos los jefes de las escuderías dirán que lo importante es el equipo, pero todos los pilotos piensan primero en sus resultados y luego en el global de lo que puedan rascar para los colores que defienden. Es en mantener el equilibrio entre estos dos puntos donde deben esforzarse los responsables, especialmente si en su pecho luce un escudo con la historia y leyenda del Cavallino Rampante.

La buena sintonía que había entre Sebastian Vettel y Charles Leclerc cada vez se está enfriando más. Ora órdenes de equipo para uno, ora para otro, pero siempre con el alemán con el beneficio de la duda. Si le pueden beneficiar a él, dado que es el tetracampeón que ficharon y no el canterano que criaron, lo harán. Y si esas órdenes no le gustan, se las puede saltar sin ningún tipo de consecuencia, como demostró en Sochi. A Leclerc no le queda otra que aceptarlo con cierta deportividad, a sabiendas de que en la pista está arrasando en su primer año vestido de rojo al que llegó como gran esperanza de batir a Lewis Hamilton. Un objetivo en el que Vettel ha fallado estrepitosamente año tras año.

No es la primera vez que las indicaciones desde el muro le entran por un oído y le salen por otro a Vettel. Ya en sus años de Red Bull acabó desquiciando a Mark Webber, que sin ser un piloto puntero nunca dio una voz más alta que otra. El famoso episodio del 'Multi 21', cuando se negó a dejarse pasar por el australiano acabó mandando al buen amigo de Fernando Alonso al WEC, donde triunfó con Porsche antes de retirarse definitivamente del automovilismo.

Aunque Vettel no es inocente en esta historia, Leclerc tampoco. Las órdenes de equipo son sagradas, ya que tanto quitan en una carrera como pueden dar en otra. En Monza, el joven que ha levantado pasiones entre la afición tifosi también se excedió en su defensa sobre su compañero, que aunque ha sido sistemáticamente beneficiado por el equipo, sigue defendiendo el mismo escudo que él. Y no es lo mismo pelear contra un rival que contra un compañero, aunque muchas veces se vean bajo el mismo prisma.

Las aptitudes de un veterano como Mattia Binotto al frente de la Scuderia están en entredicho. En los cuatro fines de semana que le ha ganado por la mano el sábado a Mercedes ha tenido que sufrir más de lo esperado para llevarse la victoria. De hecho, de no ser por esa avería de Vettel que le hizo abandonar en Rusia y su consecuente coche de seguridad, lo más probable es que el británico no hubiera sumado una victoria más en su palmarés y unos puntos que le acercan aún más a la victoria final.

Quedan cinco fines de semana de competición en la Fórmula 1 y todo apunta a que se volverá a la normalidad. Si Ferrari aún aspira a dar la campanada, debe recuperar la paz y dejar de autosabotearse. No vaya a ser que el napalm, ese material inflamable que se usó en la guerra de Vietnam, acabe de quemarlo todo en el 'box' rojo.