Natación

El 'molinillo' llega a Tokio

Alberto Martínez levanta el pulgar, en Gwangju, tras conocer su clasificación para los Juegos Olímpicos de Tokio. / rfen
Alberto Martínez levanta el pulgar, en Gwangju, tras conocer su clasificación para los Juegos Olímpicos de Tokio. / rfen

El nadador cartagenero Alberto Martínez logra una plaza en las Olimpiadas de 2020

RUBÉN SERRANOCARTAGENA

Dicen sus familiares y más allegados que empezó a frecuentar la piscina del Arsenal militar de Cartagena en 2003 con su hermano David, que tiró por otro camino y ahora es médico. Y que allí, con solo cinco años, Alberto Martínez (Cartagena, 1998) dejó asombrados a los entrenadores y miembros del Club Natación Marina-Cartagena Áncora. «Tenía una frecuencia de brazada diferente a los demás», recuerda su entonces compañera en el agua, Margarita Domínguez. «Le decíamos el 'molinillo', porque movía los brazos muy rápido, aunque no era efectivo hasta que perfeccionó el movimiento», añade con cariño su entrenadora, Marga Cabezas, un día después de que aquel niño haya conseguido su sueño: lograr una plaza para los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, gracias a su octavo puesto en la final de 10 kilómetros en aguas abiertas.

Interno en el CAR de Sant Cugat con el equipo de Mireia Belmonte, cumple su sueño con 21 años al quedar octavo en la final de 10 kilómetros en aguas abiertas, en Corea del Sur

La histórica noticia para la natación cartagenera saltó la pasada madrugada a más de 10.000 kilómetros de la ciudad portuaria. Concretamente, en Gwangju (Corea del Sur), donde estos días se está celebrando el Mundial. Alberto Martínez, de 21 años, logró el billete para esa cita el pasado mes de mayo, en el Europeo que se disputó en Francia. Ayer fue la final de 10 kilómetros en aguas abiertas (la distancia olímpica) y logró su sueño: quedó en octava posición en esa prueba, que llevaba preparando años, y llegó a solo seis segundos y medio del ganador y gran favorito: el alemán Florian Wellbrock, que hizo el recorrido con un tiempo de 1:47:55.90.

«Me he encontrado con mucha fuerza y en muy buenas condiciones. Todavía no tengo palabras para describir lo que he conseguido. Aún no puedo asimilarlo ni darle muchas vueltas, porque no acaba la competición y dentro de dos días tengo los 25 kilómetros. Ahora toca recuperarme, descansar y seguir currando. Llevaba tres años detrás de este objetivo. El sueño de ir a unos Juegos Olímpicos lo tengo desde bien pequeño. Pero principalmente, con este día y con este momento, son tres años los que lo estoy trabajando. Sabía que era capaz de hacerlo y ahora se ha hecho realidad, era posible y lo he conseguido», dijo ayer a 'La Verdad' el cartagenero desde Gwangju, por mensaje de WhatsApp y antes de irse a la cama.

«Llevo soñando con este momento desde que era un niño, y trabajando en ello desde hace tres. Aún no puedo asimilarlo»

La madurez, en Canarias

El nadador cartagenero se crió en Ciudad Jardín y terminó sus estudios en el instituto Ben Arabí. A la misma vez hizo sus 'pinitos' en travesías de Cabo de Palos y hasta en la del puerto de Cartagena, en 2016. Tanto su compañera Margarita como su entrenadora coinciden en que el momento de su eclosión fue mucho antes, en 2013, en un campeonato infantil en Barcelona. Y el salto definitivo, en 2016, cuando fue subcampeón de España júnior y absoluto. «Ahí empezó a cambiar, a hacer un trabajo específico de fuerza en el gimnasio, porque antes solo nadaba», recuerda la entrenadora. Hasta que en septiembre de 2017, viendo sus posibilidades, se marchó al CAR de Sant Cugat. Allí entrena a las órdenes del francés Fred Vergnoux, del grupo de trabajo de Mireia Belmonte.

«Con 5 años, en la piscina del Arsenal, ya tenía una frecuencia de brazada diferente», recuerda su compañera Marga

Su clasificación para los Juegos Olímpicos es el paso definitivo para confirmar que es la gran esperanza nacional en aguas abiertas. «Es un chico sensato, formado, estricto y al que le vino muy bien la armonía que respiraba en Cartagena para coger valores», asegura su madre, Ana María Murcia. La entrenadora Margarita va más allá: «Siempre fue exigente consigo mismo. De niño me decía que cuándo iba a poder competir contra los demás, que quería triunfar. Primero aprendió a nadar y luego trabajó hasta aburrirse. Fue paciente y constante».

«He renunciado a estar con mi familia y con mis amigos»

La madre de Alberto Martínez, Ana María Murcia, se comunica con su hijo por teléfono móvil. Lo hace así desde septiembre de 2017, cuando el nadador cartagenero decidió dejar su vida en su ciudad para seguir creciendo deportivamente e internarse en el CAR de Sant Cugat, en el equipo de la campeona olímpica Mireia Belmonte. «Cuando no podíamos entrenar en la piscina del Arsenal, teníamos que ir mendigando a otras municipales, como la de Pozo Estrecho y La Aljorra», recuerda su entonces compañera, Margarita Domínguez, que ahora es profesora en Canarias. Por eso, dio el paso y reside en Barcelona. Allí estudia a distancia el grado de técnico superior en actividades físicas y animación deportiva. «He renunciado a todo, a estar con mi familia y con mis amigos. Pero estoy haciendo lo que me gusta. Fred Vergnoux es un sargento de hierro. No pasa una y detesta las excusas. Yo lo llevo bien», explicó Martínez en una entrevista concedida en mayo a 'La Verdad'. Entonces, ya decía estar «tranquilo y confiado» en lograr el 'billete' a Tokio.