Crítica de teatro

¡No estaba muerta, que estaba de parranda!

Concha Velasco interpreta a Lucrecia Conti./Gerardo Sanz
Concha Velasco interpreta a Lucrecia Conti. / Gerardo Sanz

Concha Velasco convertida en fantasma, ovacionada en Molina

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Tranquilos todos, que no estaba muerta, que estaba de parranda. Concha Velasco, que se ha puesto la ortodoxia y todo su palmarés por montera, porque le ha dado la real gana y a ella plim, que para eso es Concha Velasco, y ahí la tenemos, con sus 79 años y esos ojos y esa sonrisa suya capaces todavía de provocar incendios, interpretando esta función inclasificable que es 'El funeral', que ella pidió a su hijo Manuel que le escribiese y que, de paso, él también ha dirigido. Una obra escrita para que la actriz se divirtiese, y eso hace: disparatando a su anchas dando vida a Lucrecia Conti, «la actriz más importante del cine, el teatro y la televisión de España», que en su funeral tiene a bien aparecerse para vérselas con sus dos nietas, un sobrino y su representante, obviamente a cual más tonto. Un fantasma juguetón, burlón, con carácter, amiguísimo de Buenafuente y que se ríe de sí mismo y hasta de la madre que lo parió. Esta querida Concha, que el jueves en un abarrotado Teatro Villa de Molina peleó como una leona para sobreponerse a sus jodidos malestares físicos y a unas décimas de fiebre, no deja de sorprender.

Así fue

Obra: 'El funeral'.

Autor y director: Manuel M. Velasco.

Intépretes: Concha Velasco,Jordi Rebellón, Irene Soler, Irene Gamell, Emmanuel Medina.

Escenografía: Asier Sancho. Iluminación: José Manuel Guerra.

Representación: Teatro Villa de Molina, jueves 31 de enero de 2019.

Calificación: Diferente.

Y menuda ovación del público se llevó al finalizar la representación de este 'Funeral' que, como ella misma dice, con más razón que San Pedro, no es 'Hamlet', ni lo pretende. Si es que Concha Velasco siempre ha gustado mucho, y en esas seguimos. Porque hay que ver lo mucho que gusta Concha Velasco, haga el mismísimo ganso o se ponga la toca de Santa Teresa, cante la 'chica ye-yé' encima de una excavadora en marcha o se ponga por montera todos los gallos de la madrugada, se deje sobar con fruición los pechos de almendra por Michel Piccoli (en 'París Tombuctú') o te parta el alma en varios trozos interpretando a Madame Rosa.

Gusta mucho cante, baile, anuncie planchas, haga comedia, tragedia, musicales, se desfogue con el cancán o se ponga a vender muñecas chochonas en una tómbola. Y gusta mucho, porque además de ser una mujer excepcional, algo que por otro lado no es que venga aquí muy al caso, lo que también es, sin duda, es una actriz gloriosa, capaz de dar vida a la tremenda Carmen Orozco de 'Herederos' sin que le tiemble el pulso, y de haber interpretado, de sobra cumplidos ya los setenta años, una de esas obras de las que jamás nadie que haya tenido la suerte de ver podrá ya olvidar jamás: 'Reina Juana', a las órdenes de Gerardo Vera, donde ella sola en escena da una lección de interpretación que merecería ser esculpida en mármol.

A Concha Velasco se lo perdonamos todo porque aquella chica de la Cruz Roja, aquella novia de película de Manolo Escobar, aquella casi niña que quería ser artista y soñaba con parecerse a Escarlata O'Hara, aquella brava intérprete de 'Tormento' tuvo la habilidad hace ya muchos años de adentrarse en la parte más vulnerable y sentimental de los espectadores, y de acomodarse en ella con toda familiaridad; y el resultado es que nos tocan a Concha Velasco y saltamos como si nos estuvieran insultando a la madre que nos parió.

Y como lleva tantos años de carretera y telón al cuerpo, entregándose al público con una generosidad incalculable, a Concha Velasco le sobran tablas, giro y revoluciones por minuto; y eso que hace cuatro años le faltó un suspiro para no contarlo. Te atrapa y ya estás perdido. Fue artista flamenca con Manolo Caracol, y chica de revista con Celia Gámez, y ha hecho llorar como nadie con 'Buenas noches, madre' -que junto a Mari Carrillo estrenó en 1985, y todavía estamos llorando-, y se dejó la piel y hasta el último chavo haciendo 'Hello, Dolly'. Y ahora hace de fantasma y al que no le guste, debe pensar ella, pues que no mire. Qué no, que no estaba muerta, que estaba de parranda, como muy bien cantaría Peret, que tampoco era Leonard Cohen, pero que tenía salero.