Daniel Torregrosa: «¡Espero que alguien critique el libro. Que todo el mundo hable bien de él no es bueno!»

Daniel Torregrosa, con la tabla periódica que decora la Facultad de Química de la Universidad de Murcia a su espalda. / vicente vicéns / agm
Daniel Torregrosa, con la tabla periódica que decora la Facultad de Química de la Universidad de Murcia a su espalda. / vicente vicéns / agm

El químico y divulgador científico publica con Cálamo 'Del mito al laboratorio', una obra con la que bucea en las historias de los clásicos para extraer referencias científicas

Rosa Martínez
ROSA MARTÍNEZ

Del mito al laboratorio'. Así se llama el libro que Daniel Torregrosa (Murcia, 1969) ha publicado en la colección 'Arca de Darwin' de la editorial Cálamo. Un compendio de 56 historias protagonizadas por héroes, diosas y otros personajes extraídos de antiguas historias griegas, romanas, nórdicas, hawaianas o procedentes del Ártico, vinculadas con la ciencia. El porqué de los nombres de algunos planetas o asteroides, los de los propios elementos químicos, cuya tabla periódica cumple este año su 150 aniversario, o los de gran parte de aquello que nos rodea hunde, explica Torregrosa, sus raíces en el mundo antiguo. Están conectados. Con 'Del mito al laboratorio', el divulgador murciano, autor del blog 'Ese punto azul pálido' y cofundador de la Asociación de Divulgación Científica de la Región (ADCM), da cuenta de todos esos nexos. Publicado a finales del pasado noviembre, el libro acaba de estrenar su segunda edición.

«Ha sido un descubrimiento, como el famoso viaje del héroe que sale y conoce aventuras». «Toda nuestra cultura está basada en los mitos; cualquier libro o película son historias ya contadas». «Vivimos en el mejor momento de la historia de la humanidad gracias a la ciencia». «Hay que pelear por que sean, cada vez menos, los casos de pseudociencia». «En Grecia había menos machismo en comparación con el que estamos viendo últimamente» SUS FRASES

-Dicen que las leyendas tienen una parte imaginada y otra de verdad. ¿Ocurre igual con los mitos?

-Los mitos responden a aquello que los antiguos no podían explicar con la razón. El mito de Thor, por ejemplo, daba respuesta a un fenómeno natural, como es un rayo. Lo fácil era pensar que alguien poderoso lo lanzaba, pero es una tradición inventada.

-¿Cuándo comenzó a interesarse por los mitos?

-Más que por los mitos, siempre he sentido interés por la unión de disciplinas aparentemente distantes. Se me ocurrió que en la ciencia había mucha inspiración relacionada con la mitología y me dediqué a investigar aquellas historias que tuvieran más de una referencia en el campo científico. Me han salido 56.

-Es una lista bastante amplia, entiendo que el trabajo ha sido laborioso.

-No ha sido fácil. Ya de por sí, contar el mito ha sido una locura porque las fuentes de la mitología son inabarcables; hay mucha información, y es complicado. Lo conseguí acudiendo a las fuentes primarias, y sobre todo, a los libros de Ruiz de Elvira, un autor murciano al que he recurrido mucho. Luego, para el tema de la ciencia, lo que he hecho ha sido buscar en artículos y libros las posibles referencias; algunas las encontré un poco por casualidad.

-¿Le ha sorprendido lo que ha ido encontrando?

-¡Eso ha sido lo más chulo! Ha sido como un descubrimiento, como el famoso viaje del héroe que sale y conoce nuevas aventuras. Me he encontrado con cosas que desconocía, y he aprendido muchísimo, tanto de mitología como de ciencia. El libro abarca muchas disciplinas, desde la física a la química, pasando por la geología, la informática, la astronomía, las matemáticas...

-¿Qué le impulsó a escribirlo?

-La gente me lo pedía. Leía los artículos de mi blog 'Ese color azul pálido' y me preguntaba por qué no hacía el libro. Tuve también un espacio en la radio con mucho impulso en el que hablaba de mitología y ciencia; fue un poco por petición popular, y por encargo de la editorial. Me dio un año para hacerlo [ríe]. Para mí, la divulgación es un hobby.

-El resultado, ¿ha sido bueno?

-La verdad es que el público lo está recibiendo muy bien, sobre todo el público más joven. Yo ni siquiera pensé que podía estar escrito para ellos. Creo que a todos nos gusta que nos cuenten historias y estamos predispuestos a ello. El libro está lleno de curiosidades y su lectura es muy ligera y variada. ¡Espero que alguien me critique el libro, porque esto de que todo el mundo hable bien de él tampoco es bueno! [Risas].

-De las 56 historias que cuenta, ¿cuál le ha atrapado más?

-La primera, que habla de Prometeo. Fue el titán que robó el fuego a los dioses y nos lo trajo a los humanos. El fuego ha sido el gran avance de la ciencia, y sobre Prometeo hay muchas referencias: tenemos una luna en Saturno, un asteroide que se llama Prometeo, un volcán, el propio elemento químico, prometio; un árbol que era el más antiguo del mundo pero se taló... un montón de referencias. Me gusta porque hay también mitología que desconocía, como la hawaiana y la inuit.

-¿Cómo llegó a la mitología hawaiana?

-A través del planeta Makemake. Me pregunté de dónde venía este nombre tan raro, y resulta que hay un observatorio en Hawái muy importante al que quisieron rendirle homenaje.

-¿Esta obra le ha permitido también viajar?

-¿Físicamente? No, ¡ya quisiera! [ríe], pero me ha dejado con muchísimas ganas de ir a Grecia, a la cuna. Los griegos son los grandes iniciadores de la mitología.

-¿Qué pone de relieve su libro?

-Que hay una falsa dicotomía entre ciencias y letras. Las separamos en los estudios y en todo, cuando la cultura es única. Todo bebe de las mismas fuentes y está interrelacionado, no hay por qué hacer esa separación.

-¿Esta distinción es contraproducente?

-No está bien que la gente de ciencias no tenga formación clásica. Cuando vas con amigos a un restaurante, por ejemplo, y hay que hacer la cuenta para ver a cuánto toca cada uno, siempre hay alguien que dice: 'Hazla tú que eres de ciencias', pero nadie contesta: 'Oye, léeme la carta que tú eres de letras'. Creo que no debería ser así ni lo uno ni lo otro.

-¿Qué le debemos hoy a los mitos?

-Todo. Toda nuestra cultura está basada en las historias de los mitos, cualquier libro o película son historias ya contadas en 'La Ilíada', en 'La Odisea'... Evidentemente, la ciencia y la tecnología han avanzado muchísimo, pero las influencias están ahí. Esto lo he descubierto ahora. Cualquier palabra tiene raíces griegas, pero también ese 'thriller' que nos encanta, o, por ejemplo, el arte; la mitología está en los cuadros más famosos a lo largo de la historia.

-Si todo lo que nos rodea es ciencia, ¿por qué esta es tan desconocida en algunos aspectos?

-Es curioso. Vivimos en una sociedad tecnológica y científicamente espectacular, en el mejor momento de la historia de la humanidad, gracias a la ciencia. Solo la potabilización del agua casi ha triplicado la esperanza de vida, pero la gente se ha acostumbrado a tener un móvil en el bolsillo y no se ha preocupado de saber de dónde viene toda esta tecnología. Y esto hace que la gente acabe con pseudociencias, porque somos muy propensos a creer.

-¿A qué riesgos o consecuencias nos aboca esa despreocupación?

-A que sea más fácil que nos engañen. No tenemos pensamiento ni espíritu crítico, ni tampoco conocimiento científico y nos pueden engañar con mayor facilidad. Pero, sobre todo, perdemos la perspectiva de hasta dónde hemos llegado y gracias a qué ha sido, que no ha sido otra cosa que al progreso científico y a su metodología.

-¿Esa pérdida de perspectiva es cada vez mayor?

-No lo creo, yo soy muy optimista en ese sentido. Lo que pasa es que ahora todo se magnifica porque hay un altavoz muy grande que son las redes sociales e internet, y ahí tiene cabida cualquier cosa. Pero cuando hablo con la gente, lo que veo, es que cada vez hay más cultura científica. Es cierto que se dan casos extremos, por ejemplo, movimientos antivacunas, a los se les da mucho bombo, y parece que todo el mundo es así, pero no lo creo. Estamos, y no es que yo lo diga, sino que hay libros e informes, en el mejor momento de la humanidad en cuanto a calidad de vida, a menor violencia y guerras, y a un nivel científico muy bueno; y la gente es muy consciente de ello. Hay que pelear por que sean, cada vez menos, los casos de pseudociencia; igual que hay mucho ruido en internet, también ahora es más fácil acceder a información rigurosa.

-¿Qué le parece la medida adoptada por el Gobierno en cuanto a restringir la venta en farmacias de productos cuya eficacia no está contrastada científicamente?

-Es un avance. Había un vacío legal y todo eso se ha regulado. El camino es la cultura, pero también la legislación, para que nadie se aproveche del desconocimiento de la gente. La ciencia es humilde, se puede rectificar, pero está sometida al método científico; es la forma más objetiva que tenemos de conocer la realidad.

-¿Qué es para usted una certeza?

-Esa es una pregunta difícil. El ser humano tiene muchos ecos de percepción; para mí, realmente, una certeza sería no confiar en los sentidos, sino en la instrumentación más objetiva posible.

-¿A qué cree que puede contribuir su libro?

-A pasar un buen rato y a disfrutar de la unión entre mitología y ciencia. Con eso me doy por contento.

Además de Prometeo, en el libro de Torregrosa, su primera publicación individual, aparecen otros personajes de la mitología como Thor, Plutón, Cíclope y los Titanes, pero también un amplio número de figuras femeninas, como Helene, Átropos, Ariadna, Gea, Iris, Haumea o Makemake, «que también era mujer», precisa Torregrosa.

«Es cierto que, aunque fuera un poco salvaje, la figura de la mujer existía en la mitología, y no solo como víctima, sino como guerrera o diosa destructora».

-Sin embargo, tanto en cómic como cine, las referencias a las figuras mitológicas masculinas son mayores.

-Sí, porque la sociedad ha sido machista. En Grecia había menos machismo en comparación con el que estamos viendo últimamente.

 

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