Diario de escritura (XVIII)

'La forma autónoma'/DE JUAN SÁNCHEZ
'La forma autónoma' / DE JUAN SÁNCHEZ
Miguel Ángel Hernández
MIGUEL ÁNGEL HERNÁNDEZ

Lunes 19 de agosto

Despiertas cansado, pero al menos estás en casa. Te dura aún el efecto del 'jet lag' y el infinito regreso del viaje a Cali. Solo te apetece sofá y lectura. Abres 'Formas de estar lejos', la última novela de Edurne Portela y ya no la sueltas en todo el día. Es dura. Pero te hace viajar al mundo académico norteamericano y a las casas solitarias en medio de la nieve. El sueño americano que tú apenas rozaste. Aquí ese sueño se convierte en pesadilla. La vida perfecta y estable pronto se deshilacha. El matrimonio se va al traste a causa de una violencia, que se ejerce desde el hombre hacia la mujer, pero que es una violencia sistémica, más allá de los cuerpos y los individuos. Una especie de virus del que ya no se puede escapar.

Uno acaba tocado al cerrar el libro. Como acaba la protagonista, cargando para siempre con sus ruinas. Porque, igual que en 'Mejor la ausencia', la clave aquí es que la violencia nunca desaparece del todo. Las cicatrices -físicas, psíquicas y sociales- permanecen y reverberan. Y a veces el texto y el relato -contarlo, narrarlo, decirlo- es la única posibilidad de hacer frente a ese dolor que consume por dentro.

Por la noche terminas de ver la tercera temporada de 'El cuento de la criada'. También ahí la violencia se expresa a través de la condensación y el silencio. Es la violencia del orden marcial y la jerarquía. Eso es, sin duda, lo mejor de la serie. Y proviene de la novela de Margaret Atwood. Pero todo lo demás ya cansa. Intuyes que no verás la próxima temporada. Prefieres esperar al nuevo libro de Atwood y cerrar de una vez la historia.

Martes 20 de agosto

Pasas la mañana frente al ordenador intentando terminar el texto sobre Patrick Hamilton y apenas escribes un párrafo. Querías haberlo terminado en julio y no hay manera de sacarlo hacia adelante. Sientes la tentación de escribir al artista para decir que abandonas. Necesitas acabar para ponerte con lo demás. Con los textos atrasados, y sobre todo con tu novela, que ya casi ni recuerdas.

Mientras, te enteras por las redes de que cierra el cine Rex. Como a muchos murcianos, la noticia te entristece. Has pasado allí algunos de los momentos más memorables de tu adolescencia. Instantes de intensidad grabados a fuego en la retina. Pero hace tiempo que aquel mundo comenzó a desaparecer. Para bien o para mal, hoy se han transformado los modelos de ocio. Es un proceso que viene de largo pero que ya no tiene marcha atrás. Primero, la aparición de las multisalas y la expulsión del cine a las afueras de la ciudad, como si fuera un parque de atracciones, y ahora la paulatina desaparición de los cines que quedan porque ya son insostenibles.

En las redes, miles de tuits culpan a la empresa y se lamentan por el cierre. Alguien contesta que si todos esos que ahora se quejan hubieran ido al menos una vez al Rex en lo que va de año, no habría cierre posible. Miras la agenda y compruebas que hace más de dos años que no pisas el Rex. Tú, que amas el cine y todas las semanas acudías puntualmente a ver cualquier cosa que proyectaran allí. Ahora pasas los fines de semana enganchado a las series de Netflix y te cuesta cada vez más salir de casa.

Se muere el cine como desaparecieron los coches de caballos y como poco a poco también morirán los libros. Y con ellos sucumbirá un mundo, una memoria, todo un sistema de experiencia. Tal vez en el futuro, como ya prácticamente sucede ahora, tan solo tengan usos museísticos -como todo aquello que se ha quedado obsoleto, que ya no sirve para su función original- y sean lujos reservados para unos pocos hípsters nostálgicos. El tiempo se mueve inexorablemente hacia delante. Más rápido incluso que nosotros. Eso es, en realidad, la modernidad, la continua aparición de lo nuevo y, en consecuencia, la infinita producción de lo viejo. Pilas de escombros, como reza la célebre tesis de Benjamin, que llegan hasta el cielo.

Miércoles 21 de agosto

Hoy el día brilla. Lo importante se resuelve y lo celebráis en el Morata. Te fascina el lenguaje popular, los profesionales, la gente que sabe vender. Acabas con una tarta de whisky con un chorro de JB. Era el postre que le gustaba a tu madre. Cada vez que lo tomas estás cerca de ella.

Por la noche comienzas a ver 'Mindhunter'. La primera temporada te maravilló, pero esta es aún mejor. Se nota enseguida cuando una serie es buena. Funciona todo. El guion, los actores, la fotografía, la dirección... Es David Fincher. Y eso es difícil superarlo. A veces ves series casi por inercia, pero cuando encuentras algo así te das cuenta de la basura que te tragas solo porque «es lo que hay que ver». Entre todo lo que has visto este verano, solo había que ver dos cosas: 'The Boys' y esta obra maestra.

Jueves 22 de agosto

Hoy está nublado y nada brilla. Todo sale mal desde el principio. Lo intuyes cuando ya te cae el café en la cocina y comienzas con el paso cambiado. Después, como un efecto dominó, todo empieza a deshilacharse. En un banco os tratan con displicencia. La mala sensación dura todo el día. Y se mezcla con el resto de las cosas que no acaban de salir. Demasiados frentes abiertos. No sabes lo que vas a acabar aguantando la presión.

Además, hoy es 22 de agosto y el silencio te punza la nuca. Aunque piensas que tal vez es mejor el silencio que las palabras cargadas de dolor. Hace cinco años se inició algo hermoso. Hoy un estruendo mudo derriba todo aquello que aún quedaba en pie. Y los versos de María Auxiliadora Álvarez dejan de tener sentido: «El derrumbe / nos ha dado / una nueva montaña». Ahora la montaña es abismo.

Viernes 23 de agosto

Todo pesa. Estás sin fuerzas. Intentas escribir, pero sigues sin poder concentrarte. Te sumerges entonces en 'Variaciones enigma', la novela de André Aciman, el autor de 'Llámame por tu nombre'. Es una lectura nostálgica. La abres ahora a sabiendas de que entrar ahí es también entrar en ese pasado que ha comenzado a desvanecerse. Rápidamente el tono te hipnotiza. Alguien te cuenta una historia al oído. Cinco historias de amor. Cinco variaciones de una misma manera de amar. Te reconoces en el protagonista. En su visión líquida y fluida del amor, en su sensibilidad, en la manera de experimentar las emociones... Hay libros que parecen escritos para uno y hacen vibrar filamentos íntimos y secretos.

Sábado 24 de agosto

Terminas de ver 'Mindhunter' mientras desayunas. Casi aplaudes al final. Lo repites: obra maestra. Ahí hay un autor. Uno de los grandes.

Por la tarde, cumpleaños familiar. Conversación agradable y rápido, a casa. El 'gin-tonic' lo tomas en tu sofá. Caes rendido a la cama.

Domingo 25 de agosto

Último domingo de agosto y no sales en todo el día de la casa. Vagueas, tocas la guitarra -sigues sin pasar de cuatro acordes-, dormitas y acabas de leer 'Variaciones enigma'.

Pronto se acaban las vacaciones y no has podido terminar nada de lo que te habías propuesto. Antes de acostarte planificas la semana y escribes en tu cuaderno para calmar la ansiedad. El lenguaje ordena el caos, lo domina y lo inmoviliza. Al menos durante esta noche. Es lo que necesitas para poder dormir.