Diario de escritura (X)

'Báculo-Hisopo-Cosa'./Sergio Porlán
'Báculo-Hisopo-Cosa'. / Sergio Porlán
Miguel Ángel Hernández
MIGUEL ÁNGEL HERNÁNDEZ

Lunes 24 de junio

Rodaje por la mañana. La semana se va a hacer larga. Salís con la cámara y la pértiga de sonido a la calle a grabar varias escenas del Don Quijote de Mieke Bal. Isabel y tú tratáis de convencer a los viandantes para que aparezcan en la película. Una mujer deja que cojan su perro, un hombre simula hablar por teléfono mientras el actor intenta quitarle el carricoche con su hijo, una chica -Julia, esta sí, amiga- pelea con Don Quijote mientras su hijo llora, un camarero deja que le tiren la bandeja al suelo, otra chica permite que le desordenen la tienda de ropa a la hora del café... Os sorprende la generosidad de la gente. Recuerdas la película de Manuel Summers, 'Todo el mundo es bueno'. Mieke no da crédito. Tal vez sea el poder de la cámara. O que esto es Murcia y no Ámsterdam.

Coméis juntos, grabáis otra escena y sales corriendo hacia el taller de escritura. Hoy reflexionas sobre el microrrelato. La teoría del iceberg. Lo que se ve es apenas un momento de una acción. La historia es todo lo que está debajo. La clave es, comentas, poner la mente en modo 'microficción'. Una actitud. Una disposición. Hubo un tiempo en que la tuviste. Hace varios años que desapareció.

Al terminar la clase, te quedas unos minutos hablando con María. Conoció en un viaje a Cati, uno de los personajes de tu novela. Su historia también está llena de encuentros fortuitos. El sincrodestino, una vez más. Algún día tendrás que comenzar a creer.

Martes 25 de junio

Bien temprano, rodáis varias escena en la Cresta del Gallo. Theor se mete en el papel de loco y comienza a gritar y a comer tierra. Tú haces de cura y acabas por los suelos en la actuación. No es lo tuyo.

Por la tarde, grabáis en la plaza de la cruz y todo el mundo mira. De nuevo, el poder de la cámara.

Miércoles 26 de junio

Por la mañana, elección de asignaturas para el año siguiente. Es todo muy vergonzoso e infame. Prefieres no pensar en ello.

Por la tarde, anestesista. Mientras esperas, te da tiempo a terminar de leer 'Contrafactuales', el libro de Richard J. Evans sobre la historia virtual. Lo que pudo haber sucedido y no sucedió. Ucronías, historias posibles, presentes alternativos. Te interesa ese tipo de historia porque rompe con la idea de que las cosas son como son y lo hecho, hecho está. Esa es, sin duda, la primera piedra para la transformación del presente, pensar que todo podría haber sido diferente.

Tras el médico, club de lectura en la Biblioteca Río Segura. Estás en el límite y hay preguntas que ya no sabes cómo contestar. No es solo que todo lo que digas te suene a 'ya dicho', sino que hay palabras que se resisten a emerger. Lo percibes con claridad: ha llegado el tiempo de callar. Al menos durante unos meses.

Jueves 27 de junio

Rodáis en el Palacete de la Seda y vuelves a hacer de cura. Esta vez te metes rápido en el papel. Después, coméis todos juntos y te quedas un rato hablando con Jesús. Al menos estos días han servido para volver a conectaros.

Por la tarde, última clase del Club Renacimiento. Al terminar, habías previsto asistir a la presentación de la revista de Eduardo Balanza. También a tomar algo con Marta Sanz, que presentaba en Colette. Pero decides irte a casa. Mañana te operan y necesitas estar tranquilo. Dormir es una opción.

Viernes 28 de junio

A las nueve llevas a la huerta al equipo de rodaje y dejas a todo el mundo allí. Te despides de Mieke y regresas a casa. No estás nervioso. Es lo mejor de esta semana de locura: no has tenido tiempo de pensar en la operación.

Llegas con Raquel a La Vega y nada más entrar en la habitación, te pones la bata del quirófano. Los calzoncillos de papel se te rompen en cuanto te sientas.

Sin tiempo apenas de nada, te ves ya en la mesa de operaciones. Tardan más en la anestesia que en la intervención. ¿110 kilos? No los aparentas, comenta el anestesista. Y, acto seguido, cuando tiene problemas para administrate la anestesia raquídea, añade: aquí están todos juntos.

Es el momento más desagradable. Notas una especie de corriente en la espalda. Pero en cuanto pasa, todo se relaja. Es el instante que esperabas. Ya está aquí. El traumatólogo opera en unos minutos. Miras las pantalla. Quieres ser gracioso, pero te das cuenta de que estás sedado y sólo dices tonterías. No me gusta esta serie. Poned Netflix. Y cosas por el estilo.

En reanimación estás tranquilo. El médico se acerca y te dice que todo ha salido bien. El menisco está como nuevo.

Te suben a la habitación y están allí tus hermanos. Tienes hambre; es lo único que te incomoda. Lo demás, perfecto.

Más allá de las molestias, sientes una especie de paz interior. Creías que no iba a llegar este momento.

Disfrutas de la cena. Todo está bien. Duermes tranquilo. Satisfecho. Feliz.

Sábado 29 de junio

Desayunas en la cama y lees todos los periódicos en el iPad.

El médico pasa temprano y comenta que ya puedes irte a casa. Todo va bien. Ahora, reposo. Puedes andar con muletas, pero no hagas esfuerzos.

Despacio y con algunas dificultades llegas a casa. Te sientas en el sillón relax de tu despacho y el tiempo se detiene. Miras la pequeña pila de libros que habías dejado preparada antes de irte. En el fondo, son vacaciones. El remanso que aguardabas.

Comienzas a leer 'Los asquerosos', de Santiago Lorenzo. Es un regreso al campo. Puedes entender el éxito y la conexión con los lectores. Pero no llegas a creerte esa vuelta a lo esencial y lo auténtico. Como si la existencia rural fuera superior a la urbana. No hay vidas más auténticas que otras. Es tan 'cultural' el campo como la ciudad.

Por la noche, pedís pizzas y veis del tirón la última temporada de 'Paquita Salas'. Puro entretenimiento, pero con alma e inteligencia. Te gusta sobre todo la conexión de dos mundos aparentemente antagónicos: el glamur del espectáculo y la cutrez de la España profunda. El postureo instagramer y el gintonic de Larios.

Domingo 30 de junio

El tiempo es lento ahora. Lo percibes. Me gustaría estar así toda la vida, le dices a Raquel al levantarte.

En el despacho, con el aire acondicionado, sigues leyendo 'Los asquerosos'. Comes con Marta en Los Cazadores. Le enseñas el bar como el crío que enseña un tesoro a sus amigos.

Por la tarde, solo en casa, comienzas a leer lo último de Muñoz Molina, 'Los días en la escalera'. Nada más abrir el libro, empiezas a pensar en tu novela por venir. Ha llegado el momento. No puedes leer una página sin imaginar tu estrategia de comienzo.

Acomodas los cuadernos sobre el escritorio. Es lo que quieres hacer ahora. Tenías algún texto previo que entregar. Pero ya no hay más demora. Mañana es lunes 1 de julio. A veces los números de redondos también ayudan. Así que lo dejas todo preparado.

Ves a España ganar la final del Europeo Sub-21. También un episodio de 'Years and Years'.

Y antes de acostarte te asomas de nuevo al despacho. Te quedas unos segundos mirando las estilográficas y los cuadernos sobre la mesa. Será lo primero que hagas al levantarte. Sentarte a escribir.

Te vas a dormir como un niño en la noche de Reyes. Mañana, temprano, comenzarás a jugar.