La ciencia detrás del éxito de la almendra

La ciencia detrás del éxito de la almendra

FOTO: CEBAS-CSIC TEXTO: G .S. FORTE

De ser un cultivo marginal, propio de los peores suelos y de los terrenos que no podían dedicarse a otra producción más rentable, el almendro ha conseguido situarse como la variedad agrícola que más terreno ocupa en la Región de Murcia (más de 76.000 hectáreas), muy por encima de la superficie de todas las hortalizas juntas (54.000 hectáreas) y justo el doble que los cítricos. Y su éxito va a más, a mucho más. «En los próximos veinte años no se prevé que se consiga cubrir la demanda mundial». El director del Grupo de Mejora de Frutales de la institución científica Cebas-CSIC, Federico Dicenta (en la foto), coincide con Pedro García, que es experto en este cultivo de la organización agraria COAG en la Región de Murcia, en el papel determinante que ha tenido la investigación pública en el buen momento del almendro.

Las antiguas oficinas de Extensión Agraria, recuerda García, protagonizaron los primeros ensayos con estos frutos secos para extraerles un mejor rendimiento. Los conocimientos que iban obteniendo los transmitían a los agricultores de la época, «entre los que siempre había alguien que se subía primero a un tren que siempre partía del ámbito público». Ahí nació la conciencia de que el almendro podía pasar de ser marginal a convertirse «en un cultivo de futuro». Ese momento debió darse en torno a los años 70, calcula.

Dicenta recuerda que cuando él llegó al ente de investigación público, donde sigue trabajando, «hace unos treinta años», esos estudios estaban comenzando. A lo largo de este tiempo, y ya con Dicenta a la cabeza del grupo de científicos encargados de estos desarrollos, el Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura (Cebas-CSIC) ha logrado variedades con unas características que han resultado determinantes para preparar el terreno al 'boom' del almendro que llegó después. Creaciones como Antoñeta, Marta, Penta y Tardona, tienen una floración más tardía que las variedades tradicionales y además son autofértiles, de modo que logran sortear los fríos del invierno y no necesitan de otras especies para reproducirse. Como resultado, los cultivos de almendro se han podido extender hacia áreas más frías del interior (antes eran propios de las franjas costeras) y se ha conseguido una notable mejora de sus producciones.

A partir de ahí el milagro lo ha obrado Estados Unidos. La intensa promoción de la almendra que se emprendió hace unos años desde California, líder mundial del producto, ha incrementado la demanda mundial en mercados tan enormes como el de China, Rusia, Corea del Sur y la India, que se han lanzado a consumo de estas semillas alentadas por sus cualidades nutritivas y saludables que les han dado a conocer las campañas norteamericanas.

El éxito de esa estrategia llegó a ser tal, explica Dicenta, que en 2012 se llegaron a precios de hasta 10 euros por kilo, «lo que resultó un desastre que llevó a que incluso productos como el turrón se pasase a hacer con cacahuetes ante la dificultad de adquirir almendras». Ante la situación, «los americanos equilibraron los precios hasta cerca de los 4,5 o 5 euros por kilo, lo que sigue resultándoles muy rentable, ya que sus costes de producción rondan los 3 euros». El científico resume que el de la almendra se ha convertido «en un negocio muy rentable gracias a ese desequilibrio entre oferta y demanda y también a que había en el mercado unas mejores variedades».

 

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