Reescribir las reglas

Iconos. Algunas imágenes de Carrie Mae Weems llevan sus propios textos y se han convertido en símbolos./
Iconos. Algunas imágenes de Carrie Mae Weems llevan sus propios textos y se han convertido en símbolos.

Carrie Mae Weems ha subrayado en sus fotografías el valor de las mujeres negras, tanto en el arte como en la vida

BEGOÑA RODRÍGUEZ

Carrie Mae Weems tiene 65 años, ganó la prestigiosa beca MacArthur en 2013 -un año antes de convertirse en la primera mujer de raza negra en tener una retrospectiva en el Guggenheim- y ha sido durante mucho tiempo una residente en la mitosfera cultural. Sus muchos admiradores reservan un afecto intenso, casi obsesivo por ella, que rara vez se extiende a los artistas visuales: tiene un nombre con una letra en el nuevo álbum de Black Thought y aparece como ella misma en la nueva serie de Spike Lee en Netflix, 'She's Gotta Have'. Su icónica foto de 1987, 'Retrato de una mujer que ha caído de la gracia' -una foto que muestra a Weems tendida en una cama con un vestido blanco, con un cigarrillo colgando de una mano- está en la portada de la colección de poesía de Morgan Parker: 'Hay cosas más hermosas que Beyoncé'. (Hablando de Beyoncé, Weems ha sido citada como una influencia en los vídeos de 'Limonade'). Como dice no sin ironía Megan O'Grady, cualquier día, seguramente, alguien le pondrá su nombre a una flor.

Todo su trabajo, sus fotografías, audios, imágenes digitales, películas y vídeos han sido voz y foco de asuntos relacionados con la población estadounidense de raza negra, afrontando temas tan serios como el racismo, las relaciones de género, la política y la identidad personal. Ella misma lo reconoce: «Dejadme decir que mi preocupación primaria en el arte está relacionada con el estado y el lugar de los afroestadounidenses en nuestro país». Aun así, más recientemente expresó que «la experiencia negra no es realmente lo principal; lo es más bien la experiencia humana tridimensional, compleja y la inclusión social... Ese es el punto real».

Sus fotografías y cortometrajes, tan visualmente valientes y emotivos, han recorrido un largo camino para reajustar nuestras expectativas sobre determinadas imágenes y desafiar nuestras suposiciones acerca de los sujetos reflejados en ellas, en su mayoría, sí, afroamericanos, pero en una emoción que fácilmente se puede extrapolar a cualquier vivencia de cualquier raza.

Imágenes familiares

Weems es una narradora talentosa que trabaja de manera accesible en texto e imagen, y que ha creado nuevas narrativas en torno a las mujeres, las personas de color y las comunidades de clase trabajadora, evocando el exuberante arte de las áridas polémicas sobre la identidad, como describe O'Grady.

Desde la primera vez que sostuvo su propia cámara fue consciente de su deseo innato de crear imágenes para expresar, comunicarse y denunciar. Tenía entonces 20 años y era un regalo de cumpleaños de su novio, Raymond, un marxista y organizador laboral. «Creo que la primera vez que tomé esa cámara pensé, 'Vale. Esta es mi herramienta. De acuerdo'».

Gran parte de la familia de esta artista permanece en la costa Oeste, incluida su madre, también llamada Carrie, su hija Faith y muchas tías, tíos y primos. Todos ellos aparecen en el trabajo inicial de Weems a partir de finales de los setenta, cuando aún estaba en su mayoría en modo documental, trabajo que se convirtió en su primer espectáculo, 'Fotos e historias familiares', que se presentó en 1984 en una galería en San Diego. Inspirado por los escritos de Zora Neale Hurston y las representaciones de Harlem de Roy DeCarava en su libro con Langston Hughes, 'El dulce papel de mosca de la vida', las imágenes en blanco y negro revelaron un clan cariñoso, arriesgado, profundamente conectado y fueron un «refutador glorioso de la infame afirmación del Informe Moynihan de 1965 de que las comunidades afroamericanas estaban en problemas debido a los débiles lazos familiares», explica O'Grady.

Sin embargo, pronto enfocó la lente hacia sí misma para abordar cuestiones de representación. Sería difícil exagerar el impacto de 'The Kitchen Table Series' (1989-90), que combina paneles de texto e imagen para contar la historia de una mujer autoproclamada como una dama de «manera elegante, talentos variados, risas duras, múltiples opiniones». Así lo hizo en esta serie que partió de su carrera e inspiró a una nueva generación de artistas que nunca antes habían visto a una mujer de color mirándolos desde la pared de un museo, y para quienes la obra de Weems representaba la primera vez que se podía ver a una mujer afroamericana reflejando su propia experiencia e interioridad en su arte.

Importante es también su invitación a plantearse cánones preestablecidos, como el de belleza femenina, dominado por una mujer de piel blanca inmaculada. Weems plantea el dilema de identificación que supone la existencia de un estereotipo de belleza universal e invita a la mujer a replantearse todo ideal que la sociedad le proponga alcanzar.

Como ella misma ha expresado en numerosas ocasiones, utiliza su propia imagen, con un halo de humor satírico y muy agudo, como vehículo para cuestionar ideas sobre la función de la tradición, la naturaleza de la familia, la monogamia, la poligamia, las relaciones entre hombres y mujeres y entre mujeres y sus niños, y entre mujeres y otras mujeres, enfatizando en los problemas críticos y sus posibles soluciones, como señala la mayor parte de la crítica. Incluir textos supone convertirlos en potentes catalizadores dialécticos entre la artista y el espectador. Por eso su obra invita al placer de la reflexión a través de sus punzantes imágenes sobre lo establecido.