Encarna Nicolás: «En España sigue viva la idea de que puede volver la Guerra Civil»

En su universidad. Encarna Nicolás, ayer en el claustro de la Facultad de Derecho de la Universidad de Murcia (UMU)./enrique martínez bueso
En su universidad. Encarna Nicolás, ayer en el claustro de la Facultad de Derecho de la Universidad de Murcia (UMU). / enrique martínez bueso

«Tenemos que recuperar de cara al futuro esa idea de que es necesario el fortalecimiento del Estado del bienestar, que probablemente sea nuestro mayor logro como sociedad», afirma la historiadora

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Hay una reflexión de Tony Judt que comparte convencida Encarna Nicolás (Murcia, 1946): «Las personas deben cooperar, trabajar juntas para el bien común, sin excluir a nadie». Catedrática jubilada de Historia Contemporánea de la Universidad de Murcia (UMU), autora de obras como 'La Libertad encadenada. España en la dictadura franquista' y 'Breve historia de la España de Franco', entre otras, sigue entregada a la investigación y recibiendo gratitud por parte de numerosos exalumnos que le reconocen su empeño en hacerles más críticos y menos prejuiciosos. Acada de llegar de Roma, de visitar a uno de sus dos hijos, padre de dos de sus tres nietos. Firmeza. Serenidad. Vitalidad envidiable.

-¿Qué hacer para resolver el llamado 'problema catalán', el desvarío del independentismo?

-Lo primero, saber que no es un problema nuevo, sino que se remonta a la fundación a finales del siglo XIX de los partidos nacionalistas; fíjese que ya la 'Lliga Regionalista catalana', que dirigía Francesc Cambó, se dedicaba a obstruir permanentemente el Parlamento, afectando de tal manera a la vida parlamentaria que había que cerrar Cortes, volver a convocar elecciones...; estamos hablando del periodo llamado de 'la restauración', pero ya con Alfonso XIII. Para conformarlos, el partido conservador tuvo que concederles la Mancomunidad de Cataluña, y eso supuso el primer paso hacia la autonomía. ¿Acabó el obstruccionismo con esa medida? La respuesta es no. Cambó siguió a lo suyo, hasta que tuvo lugar una interrupción con la dictadura de Primo de Rivera, que era precisamente capital general de Cataluña y se entendía muy bien con la alta burguesía catalana, que por entonces no era tan nacionalista. Lo que hizo fue combatir al sector obrero, que sí que era muy luchador en aquellos momentos. Pero, finalmente, tampoco pudo con el nacionalismo, que resurge con todas sus fuerzas durante la II República. En los primeros momentos de la instalación de ésta, tras las elecciones municipales, resulta que lo primero a lo que se enfrenta el flamante Gobierno republicano es a que los catalanes han declarado la independencia. [El presidente Manuel] Azaña tiene que irse a Barcelona, negociar con todos y decirles que después vendría el Estatuto de Autonomía; así se sofoca en parte el fenómeno independentista, que se sofocaría del todo durante la dictadura de Franco. Es un hecho que había muchos catalanes de Franco, y que muchas fortunas catalanas se habían conseguido con el negocio de la esclavitud. En cuanto a qué podríamos hacer para encontrar una solución al problema, creo que habría que mejorar el Estatuto de Autonomía catalán, teniendo en cuenta, además, que se da una permanente queja de los catalanes, en general, al compararse con el País Vasco. Pero una cosa está clara: tienen que aceptar que la democracia pasa por un orden constitucional, y ya sabemos que cuando a lo largo de la Historia éste se ha roto ha habido conflictos. Durante la Guerra Civil, por ejemplo, la Generalitat se sublevó contra la República y hubo una masacre en Barcelona. Estos hechos históricos deben servirnos a todos para reflexionar. ¿A qué nos conduce que no acepten el orden constitucional? De hecho, ahora se está dirimiendo en el [Tribunal] Supremo, en el 'juicio de procés', si hubo una sublevación o una rebelión. Lo cierto es que no aceptan el sistema constitucional que, por otro lado, se puede reformar. Este país ha tenido, a lo largo de su Historia, muchísimas constituciones; la más duradera, de 1876 hasta 1931, con un paréntesis provocado por la interrupción, de nuevo lo citamos, de Primo de Rivera; posteriormente llegó el periodo larguísimo de la dictadura de Franco, donde no hubo Constitución, sino un sucedáneo que no procede ni comentarlo. Y, después, la Constitución vigente hasta el día de hoy.

«Tenemos una derecha que tiene poco que ver con la derecha europea de partidos como el de Merkel o el nuevo de Macron»

-¿Apelar tanto a la aplicación del artículo 155 es acertado?

-Creo que no, que es todo lo contrario. Apelar siempre a la represión, por el sistema de poner en paréntesis la autonomía, lo que hace es fomentar que haya más independetistas, que los dudosos se vayan sumando. La situación es complicada. Tengo muchos compañeros en Cataluña que están sufriendo muchísimo porque no son nacionalistas y los alumnos les boicotean las clases si las dan en castellano. Uno de ellos da, imagínese, clases de Historia de la Literatura Española, y tiene que hacerlo en catalán si quiere terminar las clases. Esto no se debe tolerar, sencillamente, porque no son comportamientos democráticos. No existe democracia en las manifestaciones del Gobierno catalán, ni en las actitudes de parte de la sociedad catalana.

-¿Fue modélica la Transición española?

-Se ha resaltado quizás en exceso que fuese modélica. Lo que sí tuvo lugar fue una negociación que dio resultado, y a la que se llegó porque muchos dieron marcha atrás en sus principios y exigencias. El Partido Comunista, por ejemplo, renunció a muchos de sus principios, incluida su bandera, su símbolo, y no permitió que se presentaran a las primeras elecciones los republicanos que estaban en el exilio. Qué ironía de la Historia, ¿no? Venir sí, pero no concurrir. De pronto sucede que aquí, en este país, se producen como una especie de erupciones volcánicas que tienden a tapar, a ocultar el pasado, algo que es imposible. No fue una Transición modélica, fue una Transición en la que se llegó a muchos pactos. Todos aceptaron ceder, también los sindicatos, y eso la hizo posible.

«La izquierda ha perdido muchas ocasiones y, además, tiene un 'don': el 'don' de la división. En el momento en el que más se necesita estar juntos, se tiran las piedras»

-¿Por qué se sigue hablando tanto del franquismo? No se puede negar que, incluso, con añoranza por parte de algún sector de la sociedad.

-Franco y su régimen tuvieron la suerte de durar mucho, superando considerablemente al de Hitler en Alemania y al de Mussolini en Italia; eso hace que podamos hablar de un régimen fascista, o prefascista en los primeros años, que posteriormente, a medida que fue siendo reconocido por otros países, empezando por los Estados Unidos e incluida la bendición del Vaticano, llegó en 1953 a ser aceptado en las instituciones internacionales, incluida la ONU. Llegados los años 60, España experimentó un crecimiento extraordinario de su economía, y eso benefició a mucha parte de la población, sin olvidar que otra importante parte de ella ya había emigrado a otros países para resolver sus economía doméstica. Se subieron los salarios y mejoraron las condiciones de vida, de las que se beneficiaron generaciones jóvenes que no conocieron la etapa anterior del régimen; fueron muchos también los que entraron a formar parte del funcionariado. Hay gente que estaba agradecida al sistema dictatorial, porque, quede claro, fue dictatorial hasta el final. Y eso contribuye a que en este país esté vivo el convencimiento de que es mejor dejar que las cosas se queden como están, porque en España sigue viva la idea de que puede volver la Guerra Civil; es un tema no resuelto, y no lo está porque las personas que fueron víctimas del franquismo todavía siguen exigiendo algo que es muy justo: el derecho a enterrar a sus muertos. Y ese derecho no se acepta con tranquilidad; de lo que se habla enseguida es de que se quiere remover el pasado, reabrir heridas...

Ilustración: Ángel Haro.
Ilustración: Ángel Haro.

-¿Fue o no una dictadura cruel?

-Sí, fue una dictadura cruel. El año de la victoria, 1939, pudo haber sido un año de generosidad, de decir: 'Esto ha sido una guerra muy dura, con mucha represión en los dos frentes, pero vamos ahora a aparcar toda violencia'. Pero no fue así, trágicamente, y a partir de abril se desató una violencia muy estudiada, muy pensada, que contaba con una maquinaria represora muy sistemática, con auditorías de guerra en todos los partidos judiciales. Se trabajaba durante todo el día y parte de la noche y no se cesaba de dictar sentencias de muerte. La generosidad con el vencido fue ninguna, en la línea de esa conocida frase de Franco de 'al enemigo, ni agua'. Además, Franco engañó a los españoles, porque dijo que aquellos que no tenían las manos manchadas de sangre podrían estar tranquilos, pero no fue así. Mariano Ruiz-Funes, que fue uno de los fundadores de la Universidad de Murcia (UMU) y uno de los primeros catedráticos de Derecho Penal, y que llegó a ocupar cargos muy relevantes, como los de ministro de Agricultura y ministro de Justicia, si se hubiese quedado en España lo habrían ejecutado también.

«La generosidad con el vencido fue ninguna, en la línea de esa conocida frase de Franco de 'al enemigo, ni agua'»

Jerarquía eclesiástica

-¿Y la Iglesia?

-La jerarquía eclesiástica ya había apostado por Franco, en 1937, con una pastoral que declaraba que la guerra era una cruzada. A partir de ahí, la labor persuasiva que tiene que tener la Iglesia se convirtió, en muchos casos, en coercitiva. Es decir, el informe que te hiciera un cura en la postguerra era fundamental para conseguir o no cualquier trabajo, especialmente si era para el funcionariado. Se empezó a reaccionar a mitad de la década de los 50, a través de los movimientos especializados de Acción Católica y de los llamados curas obreros.

-¿Deben salir los restos mortales del dictador del Valle de los Caídos?

-Sí, es algo que se debería haberse hecho hace ya mucho tiempo. Es impresionante lo que está costando hacerlo, incluso se llega a decir que la losa de su tumba puede poner en peligro a los obreros; parece de chiste.

«Tengo muchos compañeros en Cataluña que están sufriendo muchísimo porque no son nacionalistas y los alumnos les boicotean las clases si las dan en castellano»

-¿Qué derecha y qué izquierda tenemos en este país?

-Tenemos una derecha que tiene poco que ver con la derecha europea de partidos como el de [Angela] Merkel o el nuevo de [Emmanuel] Macron. Arrastra mucho legado del pasado franquista, y ofende para descalificar al adversario en vez de debatir sobre propuestas. Ahora mismo, también tenemos un centro derecha, el partido de [Albert] Rivera, que también practica la ofensa como forma de descalificar al adversario. Es una pena, porque los políticos son necesarios, no podemos prescindir de ellos. La democracia es perfeccionable, por suerte, y lo que es un problema es que las derechas y las izquierdas no reconozcan que hay que seguir construyéndola y fortaleciéndola, y que ahí la mujer tiene un papel importante porque el feminismo es parte de la democracia; si tú eres demócrata, tienes que ser feminista, porque de lo que estamos hablando es de igualdad entre hombres y mujeres. La democracia es reciente en la historia de la Humanidad. Las sociedades has sufrido la dominación despótica y violenta detentada por varones. A partir de las revoluciones liberales se legisló a favor de la igualdad, pero ese avance no llegó a todo el mundo, ni en la participación política, ni en los derechos ciudadanos para hombres y mujeres. El objetivo de 'Libertad, Igualdad, Fraternidad' no se ha conseguido todavía. A principios del siglo XXI, aún no se ha conquistado la igualdad para las mujeres. El feminismo es un movimiento que aboga por la igualdad de todas las personas, de todas. Democracia y feminismo van unidos. Sin embargo, el impulso del feminismo lo han hecho mujeres; qué gran importancia tuvieron las sufragistas.

Extrema derecha

-¿Le extraña el auge de Vox?

-No, lo que me extrañaba es que no hubiese surgido antes en España un partido de extrema derecha. Después de integrarse Fuerza Nueva en Alianza Popular (AP), esperaba que, por ejemplo en alguno de los momentos en los que el PSOE gobernó, emergiera de nuevo. Ha ocurrido ahora en España, pero estaba ya ocurriendo en todo el mundo, no solo en Europa. Estados Unidos tiene un presidente, que es de extrema derecha, al que le gustaría acabar con todas las conquistas de la democracia americana; por suerte, el sistema americano tiene muchos contrapesos y no es fácil que un presidente pueda hacer lo que le dé la gana. En cuanto a Vox, supongo que se beneficiará de mucho voto del rencor, y ese rencor se pasa con el tiempo, especialmente cuando se ven las decisiones que toman los gobernantes a los que has votado. Me refiero a ese voto de castigo al que se recurre, a ese decir «me voy del PP porque es blando», o «me voy de Ciudadanos porque es indeciso», o «me voy del PSOE porque es arrogante». Creo que a un partido como Vox podemos asumirlo; pensemos en Francia, donde Marine Le Pen estuvo a punto de conseguir la Presidencia, y estamos hablando del país en el que nos mirábamos todo, ¡el del mayo del 68, el de la juventud, el de los obreros!

-¿Y la izquierda?

-Está muy desorientada ideológicamente. La izquierda en este país tiene muy poca práctica; fue muy importante ideológicamente como oposición al franquismo, pero después de la Transición empezó a frenar los impulsos que se habían dado, por ejemplo, en movimientos sociales como el movimiento vecinal. La izquierda se beneficiaba de una aureola de luchadora antifranquista, pero la fue perdiendo progresivamente. Tampoco le benefició el hecho de haber tenido mayorías absolutas y ejercer prepotentemente su poder sin atender a las minorías. En Murcia, los problemas durante la gestión de la izquierda socialista [entre 1979 y 1995] determinaron que una Región que había sido desde el siglo XIX de centro izquierda, pasara a ser de centro derecha desde la llegada del PP al poder [en 1995], hasta la actualidad.

La izquierda ha perdido muchas ocasiones y, además, tiene un 'don': el 'don' de la división. En el momento en el que más se necesita estar juntos, se tiran las piedras. Parecen incapaces de llegar a la unión. Actualmente estamos observando una izquierda muy desunida, que no parece tener claro que lo fundamental es no olvidarse del Estado del bienestar, de resolver los problemas de los ciudadanos. De eso es de lo que hay que hablar, y no de lo traidor o no traidor que es Fulanito. Me preocupa mucho el Estado del bienestar, que se está perdiendo, en parte, por los proyectos de privatización de servicios públicos; se piensa que serán rentables y, luego, se comprueba que no es verdad. Tenemos que recuperar de cara al futuro esa idea de que es necesario su fortalecimiento. Me pone los pelos de punta pensar en que se privaticen hospitales; probablemente, el Estado del bienestar sea nuestro mayor logro como sociedad.

-¿Qué le preocupa de un modo especial?

-La juventud española, porque en nuestro país se dan los índices más altos de paro juvenil. Coincide que, en un país que va envejeciendo cada vez más, su juventud está dejando de tener aspiraciones porque empieza a resignarse a que no las van a poder hacer realidad. No veo el suficiente impulso en los jóvenes, y me preocupa mucho que se conviertan en un campo abonado para todo tipo de populismos y de políticos que los manejen para conseguir sus fines y, al mismo tiempo, no vayan a resolver en absoluto sus problemas.

También me inquieta enormemente el tema de la pobreza, de las desigualdades sociales. Desde finales del siglo XIX a 1970, los países desarrollados de Occidente disminuyeron la desigualdad: servicios sociales, subsidios del Estado para los necesitados, etcétera. En los últimos cuarenta años la desigualdad ha aumentado. Hoy, los niños y los jóvenes tienen pocas oportunidades de mejorar la calidad de vida de sus padres. La desventaja económica va a más. Y, como los pobres votan en menor proporción, no atenderlos conlleva pocos riesgos políticos. Lamentablemente, en la resolución de la desigualdad pesa más la eficacia que la compasión.