Custodias murcianas para el Corpus Christi

Ejemplo. La custodia del convento de las Agustinas de Murcia, de 1677./ J. A. M. G.
Ejemplo. La custodia del convento de las Agustinas de Murcia, de 1677. / J. A. M. G.

Muchas siguen olvidadas en las sacristías; su conocimiento puede ayudar a colocarlas en el lugar que les corresponde

JOSÉ ANTONIO MELGARES GUERRERO

Teniendo en cuenta que el verbo 'custodiar' significa 'guardar', en lenguaje sacro 'custodia' es el recipiente que guarda el sacramento de la Eucaristía. La Iglesia Católica declaró dogma de fe la transubstanciación en 1215. Años después, en 1264 el papa Urbano IV, mediante la bula 'Transiturus', estableció la fiesta anual del Corpus Christi a celebrar el jueves siguiente al primer domingo después de Pentecostés, como conclusión de la Pascua Cristiana; ordenando su celebración en todo el orbe cristiano el papa Clemente V en 1319. Esta fiesta se convirtió con el tiempo en una de las fechas más insignes del catolicismo por ser el día en que la Sagrada Forma puede ser venerada por el pueblo en su paso procesional por las calles de los pueblos y ciudades del mundo cristiano.

Para estas procesiones se utilizaron primero custodias portátiles. El paso siguiente fue la creación de piezas de mayor tamaño y envergadura para su utilización en los cortejos procesionales, las cuales se desarrollaron finalmente hasta llegar a las de gran tamaño, que llegaron a convertirse en una especialidad de la orfebrería española y, aunque éstas no son exclusivas creaciones hispanas, en nuestro país han sido más comunes que en otros países, existiendo gran número de ellas que todavía se hacen presentes en calles y plazas, siempre adornadas con cirios y flores.

Hay que diferenciar entre las custodias 'de asiento' y las de tipo 'sol', siendo aquellas exclusivamente para procesionar, y éstas para la procesión y otras ceremonias eucarísticas. En Murcia, la única custodia de asiento, en forma de torre, es la de la Catedral capitalina, mientras que el resto del conjunto patrimonial son de tipo 'sol' como ahora veremos.

También hay que diferenciar en el conjunto murciano las que custodian las dos especies eucarísticas, de las que solo lo hacen con el pan. Entre aquellas la de Santiago de Jumilla y la del Marqués de Alhucemas de la basílica de la Vera Cruz de Caravaca, perteneciendo el resto a las últimas mencionadas.

La más antigua custodia murciana es la de la parroquia de S. Mateo de Lorca, de estilo gótico (primera mitad del s. XV). Del s. XVI es la referida de Santiago de Jumilla, encargada en 1574 por el obispo Gómez Zapata Osorio al orfebre de Cuenca Miguel de Vera. De autor anónimo y fecha indeterminada de finales del s. XVI y comienzos del s. XVII es el cáliz ostensorio del Marques de Alhucemas de Caravaca.

Ya del s. XVII es la custodia procesional de la Catedral, obra del toledano Antonio Pérez de Montalto, fabricada entre 1674 y 1678, cuya iconografía constituye todo un programa de exaltación religiosa en el que se implica a la Iglesia, la diócesis de Cartagena y la propia Catedral con sus santos y titulares. También del s. XVII es la de las Monjas Agustinas de Murcia (1677), donada al convento por el obispo Francisco de Rojas y Borja.

El conjunto de piezas más importante es el fabricado a lo largo del s. XVIII, en que enmarcamos la 'Custodia de las Campanitas' de Moratalla (1742) de Melchor Martínez Balibrea, la anónima de Santiago de Jumilla, la de 'las Espigas' de la Catedral, del valenciano Ramón Bergón (1782); la de 'Las Verónicas' de Algezares, de Miguel Morote (segunda mitad del siglo). La procesional del 'Salvador' de Caravaca (anónima, del tercer cuarto del siglo) y el conjunto de tres piezas singulares que fabricó el napolitano Carlos Zadayatti para Molina de Segura, Fortuna y el convento de Sta. Ana de la capital a finales del mencionado s. XVIII. Entre todas ellas es preciso destacar la de madera de San Juan de Dios de Murcia, procedente de S. Esteban, obra documentada de Francisco Salzillo (de 1730-1734). Entrado el s. XIX hay que mencionar las de S. Pedro de Alcantarilla y la de la parroquial murciana de S. Antolín, originales de José Ximénez de Cisneros. Algunas de ellas se disponen sobre carroza o andas, en el interior de un templete o baldaquino metálico o de madera dorada para procesionar, con lo que se asemejan a las ya mencionadas 'de asiento', sin serlo realmente.

En todos los casos el empleo de metales nobles en su fabricación es la nota dominante, siendo el metal macizo o recubriendo con planchas el alma de madera. Las custodias de tipo sol o 'de espejo' se desarrollan sobre un pie de planta circular o mixtilínea, el astil (con su nudo), o balaustre historiado, y el viril (la parte más importante en contacto con el Sacramento), rodeado de nubes, rayos y alegorías eucarísticas. La inmensa mayoría de las piezas incorporan a su programa iconográfico, más o menos rico y ampuloso, la personificación de las Virtudes Teologales, especialmente la Fe.

La procesión del Corpus Christi, trasladada su celebración al domingo siguiente en la diócesis de Cartagena como en la mayoría de los pueblos y ciudades de España, está muy devaluada en la actualidad por razones que no vienen al caso comentar, siendo como fue esta la fiesta de las fiestas en otros tiempos, en que corporaciones, cofradías y gremios rivalizaban con los cabildos municipales en su organización y desarrollo. Solo las custodias que se salvaron de su destrucción en la guerra civil siguen recordando el esplendor de antaño, aunque algunas de ellas permanecen olvidadas en lúgubres rincones de las sacristías parroquiales. Su conocimiento y reconocimiento público puede servir para poner en el lugar que corresponde a este aspecto de la historia del arte regional murciano, un tanto devaluado precisamente por el desconocimiento del mismo.