Diario de escritura (XX)

'Formas autóctonas detectadas'. /Juan Sánchez
'Formas autóctonas detectadas'. / Juan Sánchez
Miguel Ángel Hernández
MIGUEL ÁNGEL HERNÁNDEZ

Lunes 2 de septiembre

Apenas has dormido. Llevas así varios meses. Lo notas cada vez más. Te despiertas antes. Las siestas son más cortas. Es como si el cuerpo necesitara menos sueño. Y sin embargo estás cansado. Dormirías más. Pero no puedes.

Comienzas el día con buenas noticias. Parece que todo se arregla. Después de unas gestiones en la universidad, tomas una marinera con Leo. Os llueve.

Es Santa Raquel. Celebráis con buen vino. Al menos así te entra el sueño y la siesta sí que es larga.

Por la tarde, comienzas a documentarte para un relato que tienes que escribir sobre Marte y el futuro. Lees 'El futuro de la humanidad', de Michio Kaku y, mientras lo haces, anotas también ideas para tu novela, que sigue en segundo plano. Tecnologías inimaginables, viajes interplanetarios, robots que sustituyen a humanos... Algunos pronósticos son descabellados. Otros están más cerca de lo que imaginamos.

Martes 3 de septiembre

Toda la mañana de gestiones. Notario, banco, ayuntamiento... Después de pensarlo mucho, has decidido vender la casa de la huerta y el papeleo te desborda. No puedes seguir manteniéndola y tarde o temprano acabará cayéndose. La vas a vender a tu sobrino por el precio del suelo. Al menos así quedará en la familia.

Vuelves a la piscina. Hoy te duele el hombro y te cansas rápido. Pero mientras nadas tienes la sensación de que se frena el tiempo y desaparecen las preocupaciones.

Por la tarde, barbería y rehabilitación. Después, un café con Antonio, que ha publicado un libro de no-ficción sobre Inazares y te regala una copia. Dice que hay partes de 'El dolor de los demás' que lo inspiraron. Por la noche, Eduardo te escribe y te comenta que está escribiendo también algo cercano a tu novela. Te reconforta que el libro también pueda servir como laboratorio de escritura.

Llegas ya a la última temporada de 'Madmen'. Ves dos capítulos y te recluyes en el despacho a esbozar el relato sobre Marte.

Miércoles 4 de septiembre

Te llega un spam -eso quieres creer-: te ha grabado masturbándote mientras veías porno y si no pagas una cantidad de bitcoins lo difundirá a todos tus contactos. «Eres muy pervertido», dice. Sabes que es una estafa, pero por un segundo piensas que podría ser verdad. También piensas que en este diario te desnudas más que lo que ese vídeo podría desvelar. Sí, de vez en cuando te masturbas con porno. Con porno corriente, nada excesivo. Milfs y poco más. Vicios normales. Como todo el mundo.

Jueves 5 de septiembre

Te levantas a las seis. Yayo y Alicia te han invitado a que los acompañes en la grabación de unos planos para el próximo vídeo de Viva Suecia. Saben que es uno de tus grupos favoritos y que, a pesar del gran madrugón, la propuesta te hará ilusión. El momento es mágico. Ver amanecer en una terraza frente a la Catedral rodeado de amigos y gente que admiras. Un privilegio enorme. Y una imagen bella. Los Viva Suecia, con sus abrigos negros, grabados de espaldas contemplando la ciudad desde lo alto. Una película de Wim Wenders. El cielo sobre Murcia. Escuchas en tu cabeza la banda sonora. El milagro. Y piensas que algo de eso hay. Un verdadero milagro. La vida. A veces.

Después desayunáis todos juntos y regresas a casa para trabajar. Te encierras y continúas esbozando el relato marciano. Ahí también podría estar el germen de una novela. En ocasiones no es tan fácil decidir cuando una historia es un cuento o una novela. Quizá sea cuestión de intensidad. De lo que de esa historia uno sea capaz de contar. Y también de actitud. De lo dispuesto que se esté a ahondar en los personajes, en el antes, en el durante y en el después. Un cuento está más cerca de una foto que de una película. Una imagen en la que queda mucho por contar.

El relato que has comenzado a escribir podría ser una novela, sí. Hay allí una historia. Pero lo que tú quieres transmitir es tan sólo una parte, un fragmento de esa vida. Una imagen, como mucho una secuencia; no la película entera.

En los momentos de descanso lees '5', el libro de Sergio Chejfec que ha publicado Jekyll&Jill. Como todo lo que escribe el Chejfec, es absolutamente excepcional. Te fascina su capacidad de pensar las pequeñas cosas y analizar la cotidianidad. Escribe con lupa, reflexionando sobre el mundo con la precisión de un científico. Es un observador, un caminante que radiografía los lugares por los que transita. Aquí también reflexiona sobre lo que significa ser escritor. «Tenía una única concepción de escribir, que pasaba por entender que podía dejar de hacerlo en cualquier momento. Todavía más: para mi ideología -si puedo llamarla así- la escritura estaba sometida a un régimen de imprevisibilidad, ni más ni menos que otras tantas cosas».

Viernes 6 de septiembre

Tutorías por la mañana. Ordenas el despacho de la universidad y saludas a los compañeros. Te gusta ese momento en el que aún no hay demasiada gente en la Facultad y todo fluye de modo diferente. Trabajas allí hasta el mediodía en el relato sobre Marte. Es la primera vez que puedes hacer avanzar un texto de ficción en el despacho.

Por la tarde, rehabilitación. Sigues con las corrientes en la rodilla. Ya casi has vuelto a la normalidad. Después, te cambias y celebras con Raquel en el Kome. Parece que al final todo ha acabado encauzándose. Antes de dormir, no podéis evitar otro episodio de 'Mad Men'. Ya es vicio.

Sábado 7 de septiembre

'Tito, ¿vienes o qué?', te escribe tu sobrino temprano. Y tú preferirías no ir, pero no tienes más remedio que hacerlo. Hoy comienza a demoler habitaciones y hay que retirar todas las cosas.

Cuando entras en la casa, lo que comienza a desgarrarse es algo en tu interior. Es la casa de tu infancia, también la casa de tu novela. La casa de tu memoria. Lo único que te dejaron tus padres en herencia. Son piedras y ladrillos, es cierto. Murieron tus padres y no pudiste hacer nada. ¡Qué importa una casa! Eso te dices para conformarte. Pero sabes que una casa es algo más que ladrillos. Que en la casa perviven los recuerdos. Y que sin la casa algo del pasado que viviste desaparecerá para siempre. Por mucho que permanezca en tu memoria.

Rescatas algunos libros de lo que fue tu despacho -un ejemplar gastado de 'El pequeño vampiro' y algunas novelas que leíste en tu adolescencia- y, antes de irte de allí, vuelves a entrar a la casa. Una última mirada.

Un operario derriba con una maza la pared del baño principal. Allí cayó al suelo tu padre y tiempo después murió tu madre. Allí cae ahora el espejo en el que se miraron por última vez. «Lo que queda en el espejo cuando dejas de mirarte», escribiste en un cuento. Hoy también ese espejo ha dejado de existir.

Pasará mucho tiempo para que esa imagen se borre de tu retina. Al llegar a casa te tiras sobre la cama y lloras como un niño. Un mundo ha vuelto a morir.

Por la noche, en el B-Side, sigues sensible. Disfrutas y celebras la amistad, pero el nudo continúa atravesado en tu garganta. Escuchas las canciones de Viva Suecia con la nuca erizada. Las bailas y las cantas. Todas hoy significan algo más. Por muchos motivos.

Domingo 8 de septiembre

Resaca todo el día. Te duele el cuerpo. También el alma.