José Miguel Hernández: «El deporte en la naturaleza me da mi chute de endorfinas diario»

El abogado José Miguel Hernández en una trinchera de la Guerra Civil, en El Valle. / Javier Carrión / AGM
El abogado José Miguel Hernández en una trinchera de la Guerra Civil, en El Valle. / Javier Carrión / AGM

«El problema real son las bicis eléctricas, que se van a generalizar», advierte el abogado y deportista extremo

Pepa García
PEPA GARCÍA

José Miguel Hernández Hernández (Murcia, 1972) es un abogado padre de seis hijos que se ha reconvertido en 'ironman' a la fuerza. Cada día se levanta a las 6.30 horas para preparar la comida de sus hijos antes de irse a entrenar o directamente a trabajar. «Lo necesito. Me carga de paciencia y me ayuda a evadirme y liberarme del estrés», asegura antes de contar que ya ha hecho «cuatro Ironman: el último, el de Embruma, es el más duro porque es en los Alpes franceses, se alcanzan 5.000 m. de desnivel, se suben puertos de categoría especial, se sale y se nada de noche en un lago casi helado... Tardé en hacerlo casi 16 horas», explica.

No contento con lograr estas hazañas deportivas que la mayoría de los mortales ni se plantea, «quise experimentar con algo nuevo y me pasé al 'swinrun'. La prueba se llama Ötillö -de isla en isla en noruego-. En concreto, la que yo he hecho es en Croacia, en el archipiélago de Pakleni y con salida de la isla de Havr, y se realiza en pareja: nadas, corres, nadas, corres... saltando de isla en isla». Lo explica antes de añadir que ahora se está preparando para la Titan Desert, una de las carreras de 'mountain bike' más duras del mundo, que discurre por las infinitas llanuras desérticas de Marruecos: más de 600 km durante 6 días. «Antes nunca había hecho bicicleta de montaña», aclara antes de suplicar entre dientes que no le pregunte cuánto cuesta la inscripción, «que mi mujer me mata», y de explicar que para hacer más asequible su participación cuenta con el patrocinio de «Razza Cycling, que me proporciona los materiales y equipaciones; Sport Bike Alicante, mi equipo de asistencia; y ULB Sport, que me facilita la ropa».

«La satisfacción de encontrarte con lo desconocido es lo que voy buscando, el ver el cielo»

-¿Qué llega antes, el deporte o el contacto con la naturaleza?

-A ver, para mí lo primero fue la naturaleza porque mi infancia la he pasado en el monte, en La Alberca, y me gusta muchísimo. Aunque yo he llegado a estas pruebas en las que el deporte se realiza en contacto con la naturaleza por el deporte mismo.

-Y, ¿entrena aquí a diario?

-Por desgracia, no puedo. Pero recomiendo, por mucho trabajo que se tenga, tomarse una mañana libre a mitad de semana para entrenar. Eso me hace terminar la semana con muchísima más fuerza y recuperar. Debería ser obligatorio, porque romper la semana con un descanso es beneficioso.

-¿Por qué opta por pruebas que se desarrollan en espacios naturales?

-Porque es una maravilla ir en bicicleta y entrar en pueblos casi abandonados en mitad del desierto. La satisfacción de encontrarte con lo desconocido es lo que voy buscando; el ver cielo. Lo maravilloso de esta prueba es dormir en el desierto y ver que las estrellas siguen ahí, que puedes ver la Vía Láctea. Son cosas que yo creo que estamos en la Tierra para verlas. Yo les digo a menudo a mis hijos mirar al cielo, las nubes y lo que nos rodea, que nos pasamos la vida mirando escaparates y pantallas.

-Pero, ¿por qué las hace?

-Las endorfinas son una droga y la mejor manera de sobrellevar la vida con la cantidad de problemas que se van sucediendo. El deporte en la naturaleza me permite recibir mi chute de endorfinas diario. Lo necesito para evadir mi mente y, cuando vuelvo de entrenar, me armo de paciencia. Las endorfinas solo se consiguen de tres maneras: con el deporte, con la satisfacción de un trabajo bien hecho y haciendo el amor. Yo intento practicar las tres [ríe].

«Mis hijos, desde pequeños, han aprendido a minimizar el consumo del agua, es un bien escaso y necesario»

-Estas pruebas, ¿son una doble lucha, contra sus límites y contra la propia naturaleza?

-Claro. De hecho, la siguiente prueba que tengo en mente, para el año que viene, es cruzar el Estrecho de Gibraltar a nado. Son pruebas que exigen conocer los límites de tu cuerpo y el respeto a la naturaleza, porque hay gente que se va en pleno invierno y con aviso de temporal, en chanclas y sin precauciones, y luego creen que con llamar a la Guardia Civil para que los rescaten tienen suficiente. Yo sé que un poco de riesgo corro, sobre todo cuando salgo a la carretera con la bici, pero a mí estos pequeños riesgos me compensan (con permiso de mi mujer, que sabe que lo necesito porque soy muy activo). Además, es fundamental en la educación de mis hijos. Si los crías rodeados de deporte y naturaleza, es lo que buscan.

-Pero la generalización de la práctica del deporte en la naturaleza, ¿puede ser perjudicial?

-El principal problema es que se masifica porque hay gente que nunca ha hecho bici ni ha ido a la naturaleza que ahora va, se mete por donde no puede y no tiene cuidado con los senderistas. Eso da lugar a conflictos.

-Pero, ¿son las bicis el problema?

-El problema real son las bicis eléctricas. Todavía no ha pegado el 'boom', pero el año que viene se van a generalizar. Y, mucha gente que no puede llegar a determinados sitios, va a poder subir con el correspondiente deterioro del medio ambiente, porque van a destrozar la red de caminos, pero también van a compactar el terreno y a estropear las semillas que regeneran el bosque. No obstante, lo peor son las bicicletas de descenso y enduro, que les están poniendo motores, y, donde antes hacían un descenso, ahora hacen varios.

-¿Cuál considera el principal problema de la naturaleza hoy?

-A mí me dan mucho miedo los plásticos. Debería ser más rápido el proceso para que desaparezcan, porque están haciendo mucho daño. También la contaminación atmosférica, que me parece directamente proporcional al aumento de la incidencia del cáncer. Los coches eléctricos deberían ser ya obligatorios. Mi hija Blanca es radical con esto. La sobreexplotación es también preocupante.

-Con seis hijos, ¿cómo hace todo lo que cuenta?

-Yo creo que tener hijos no quiere decir que no puedas hacer cosas, solo hay que organizarse. Cuesta mucho, pero más si no haces deporte, porque el estrés acaba comiéndote.

-Recetaría, entonces,...

-Contacto con la naturaleza y deporte entre semana. Es más, en los colegios deberían traer un día a la semana a los niños para dar clases en el monte. Ayuda mucho a desconectar, por eso yo entreno incluso a la fuerza.

-¿Cómo reduce el consumo una familia de 8 miembros?

-Mis hijos, desde pequeños, han aprendido a minimizar el gasto del agua y no es por el precio, porque en realidad el agua no cuesta mucho dinero, pero es un bien escaso y necesario. Además, recibo mucha ropa que me regalan y mis hijos la heredan unos de otros. En cuanto a las luces, las tengo ya todas led. Y la calefacción, en mi casa casi no se pone y, cuando se pone, bajo varios grados la temperatura; lo mismo que con el agua caliente, porque lo que nos resfría es el contraste con el exterior.

-Y cuando va en bici, ¿qué hace con los botes de agua y geles?

-Nunca se tiran al suelo, se guardan en los bolsillos del maillot para luego tirarlos. Es más, si veo a alguien tirarlos, se lo explico.

«Cada vez que subo, me acerco a las trincheras a pensar»

José Miguel Hernández nació en La Alberca y de pequeño «he estado pateándome esto por todos sitios», dice sobre el Parque Regional El Valle, que se ha recorrido de cabo a rabo y por el que se ha perdido en muchas ocasiones. «Un día, mis hijos me pidieron ir de aventura. Mi sorpresa fue cuando Mario, Miguel y Samuel, los tres pequeños, se encontraron con las trincheras de la Guerra Civil, que no conocía. El hallazgo me hizo reflexionar, salvando las distancias y sin querer compararlo, con cuando te vas a enfrentar para una prueba, la preparación física es muy importante, pero el 70% es la cabeza. Entonces, me imaginaba a la gente que construía las trincheras, el estar esperando a sus enemigos en la soledad, sabiendo que tu prueba es sobrevivir... Las trincheras siempre me han llamado la atención; y me sorprendió que estuvieran aquí y que la gente de la zona casi no las conociéramos. Ahora, me acerco cada vez que subo y me siento a pensar».

 

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