Antonio Abellán: «La construcción de utopías nos carga las pilas para generar logros»

El arquitecto Antonio Abellán en el espacio en el que proyecta, con escolares del barrio de Santa Eulalia, un mirador huertano./JAVIER CARRIÓN / AGM
El arquitecto Antonio Abellán en el espacio en el que proyecta, con escolares del barrio de Santa Eulalia, un mirador huertano. / JAVIER CARRIÓN / AGM

«La arquitectura ha sido un instrumento del diablo durante el 'boom' y ahora estamos exportando el mismo demonio a otros territorios», afirma el arquitecto murciano

Pepa García
PEPA GARCÍA

El arquitecto Antonio Abellán (Murcia, 1973) lleva toda su vida vinculado a la huerta y al Segura que la riega y la hizo fértil. De La Ñora y de familia de carpinteros, se licenció en Arquitectura por la Universidad de Navarra, donde pudo quedarse como profesor, pero regresó. Profesor de Proyectos Arquitectónicos de la Universidad de Alicante (UA) «desde hace 15 años, como mínimo», aprendió la disciplina como un «oficio relacionado con el espacio y la fotogenia, los materiales y la belleza, en el sentido clásico y positivo».

-¿Cómo cambia su visión?

-Me acerqué a la UA que, liderada por José María Torres Nadal, estaba trayendo a profesores muy jóvenes y líderes a nivel nacional en el cambio de paradigma de la Arquitectura para incluir más valores ecológicos, culturales y sociales. Ahí empieza a cambiar mi visión de la profesión.

«Tenemos herramientas para cambiar nuestra forma de relacionarnos con el planeta» Arquitectura y urbanismo ecológicos

-¿Y cuál es el punto de inflexión?

-Diez años después, hace unos 6 años, con el Tisspas -talleres que organizó la Consejería de Cultura de Pedro Alberto, dirigidos por José María y Pencho). Se hicieron 7 parejas de arquitectos murcianos y nacionales relevantes. Cada pareja pensaba durante un año un vector de cambio para que la Arquitectura dejara de ser parte del problema para ser parte de la solución. Y lo que Izaskun Chinchilla y yo decidimos fue trabajar en cómo diseñar un futuro diferente para la Huerta de Murcia. Ahí nació Huerta Bizarra.

-Ahora parece que hay un consenso sobre la necesidad de conservar la Huerta, pero, antes, no existía.

-Existía Huermur como una plataforma de denuncia muy clara y valiente, pero no ningún entorno que lanzara el mensaje sobre el futuro apropiado para la Huerta. La novedad de ese trabajo fue pensar que en un futuro de la huerta tenía que incluirse la recuperación de la producción agrícola, vinculándola a la calidad, la agroecología y el consumo de proximidad, pero también a vectores de crecimiento como el turismo de escala pequeña, de servicios huertanos de los vecinos que se organizan como pequeños empresarios, y de cultura.

-Recuerda Antonio Abellán que con sus alumnos de la UA ha desarrollado trabajos para descubrir valores ocultos de la Huerta. ¿Algún ejemplo especialmente plausible?

-Pues una alumna, Soledad Rico, realizó un estudio sobre el paisaje acústico nocturno de la Huerta, que la convertiría en un lugar idílico en el que pernoctar. Y esta misma alumna hizo un diseño de una manera de dormir en una porción de huerta con parcelas abandonadas, como un hotel discontinuo y sin edificios, siguiendo la idea del Chirinbici (un TFM). Se elegía para cada visitante el paisaje más adecuado y se diseñaba un simulacro de un hotel-balneario para atender a los visitantes, dándole tratamientos para que pudieran beneficiarse de ese conocimiento.

«Teníamos todos los ingredientes para haber sido un país líder en desarrollo urbanístico sostenible» Oportunidad perdida

-Pero todos estos proyectos, ¿se quedan en el mundo de la utopía?

-El mundo de la utopía de hace 6 años, cuando Izaskun y yo diseñamos distintas instalaciones para convocar a una huerta más inteligente que hibridara tecnología y usos humanos más lúdicos con el paisaje de la huerta, no se han puesto en marcha. Pero la energía que desprenden, como la que desprenden los descubrimientos de mis alumnos, es la que permite generar logros.

-¿Hasta qué punto es responsable la arquitectura de los destrozos urbanísticos del 'boom' inmobiliario?

-Muchísimo, está clarísimo. Ha sido un instrumento del diablo, ha sido terrorífica. Lo que pasa es que ese destrozo solo tiene a los arquitectos como parte de culpables. Los instrumentos de poder (bancos, promotores y políticos) escogieron una opción que excluía la arquitectura. Y una serie de arquitectos firmones y bastante poco arquitectos lo consintieron avalando unos proyectos que de arquitectura no tenían nada. Ese es el problema, que podemos usar la palabra arquitectura para esas maneras de abusar del paisaje y los recursos. Pero, a la vez, había una arquitectura que denunciaba que eso era un instrumento de la avaricia.

-¿Fue una oportunidad perdida?

-Desde luego. Hace 20 años teníamos todos los ingredientes para habernos convertido en un país líder en desarrollo urbanístico sostenible, en un laboratorio de una arquitectura de calidad, pero quienes tenían el poder decidieron que no fuera así. Y ahora, cuando enviamos arquitectos a otros países en desarrollo, estamos exportando el mismo demonio a otros territorios.

-¿Ha cambiado la mentalidad?

-Respecto a la Huerta, la nueva Corporación ha cambiado cosas. Desde la creación de la Oficina de la Huerta hay un cambio de enfoque, si no de 180 grados, de 150. De hecho, recuerdo que cuando fundé Huerta Bizarra me acerqué al Ayuntamiento y la Consejería y no había nadie a la escucha. Antonio Cerdá me llegó a decir: 'De qué me estás hablando, la Huerta no existe desde el punto de vista de producción y no tiene ningún futuro'. Son palabras muy duras. Y eso ha cambiado. Ahora, el Ayuntamiento tiene una política, un plan estratégico y proyectos de mejora. A nivel administrativo ese cambio se ha producido. A nivel social, en cuanto aparece la posibilidad de conseguir dinero más o menos rápido, se desactivan rápidamente el resto de valores.

-¿Cuál cree que es el motivo?

-Hay mucha gente a la que le encantaría volver a la época del 'boom' sin darse cuenta de que los números gordos del planeta arrojan un horizonte de final de todo nuestro ciclo de crecimiento en menos de 30 años. El decrecimiento no es ya discutible. La cuestión es quién va a sufrir estas reducciones de consumos. Lo que no emerge con la suficiente crudeza es lo nada deseable que es volver a ese escenario. Ese es el drama de nuestro tiempo.

-¿Qué proyecto le está dando más satisfacciones?

-Hay una cosa muy bonita que está pasando: 'Huertolab'. Estamos ensayando cómo un espacio urbano puede ser gestionado por los vecinos de manera colaborativa. Con la excusa de ese solar convertido en huerto en Santa Eulalia, están pasando muchas más cosas. Este laboratorio diseñado por Huerta Bizarra para el Ayuntamiento de Murcia es un esfuerzo por encontrar herramientas para operar en ese futuro más ecológico y solidario y es una de las cosas más bonitas en las que participo.

-Los arquitectos se han tenido que reinventar, pero, la arquitectura, ¿hacia dónde debe caminar?

-Muchos arquitectos pertenecemos a ASA (Asociación Sostenibilidad y Arquitectura), en Madrid, que se dedica a pensar cómo tiene que ser la arquitectura sostenible de la ciudad para que funcione como un ente más ecológico a gran escala, e incluyendo toda la tecnología, el volumen y el instrumental disponible hoy para reconstruir ciudades enteras. La arquitectura y el urbanismo ecológico tienen herramientas para cambiar nuestra manera de relacionarnos con el planeta. Solo hay que ponerse en marcha.

-¿Qué aportación le enorgullece?

-En mis encargos particulares, de viviendas unifamiliares, estoy ensayando técnicas de bioconstrucción y bioclimatismo. Pero, mi casa más tensa en este sentido es la 'Casa de la Tierra', en Los Valientes, que funciona con chimeneas solares y torre de refrigeración y con la máxima inercia térmica. Ahora la han elegido la UPCT y la UMH para, durante 4 años y con un presupuesto de 200.000 euros (más de lo que costó la casa), laboratorizarla para estudiar cómo funciona, posibles mejoras y aprender todo lo posible de los dispositivos que podrían ponerse en marcha. Luego compartirán ese aprendizaje con la arquitectura e ingeniería para poder operar con esos conceptos. Es un regalazo que una obra mía haya merecido esa atención. Imagina cómo serán las siguientes casas que podamos diseñar. Por desgracia, hoy hay demasiada distancia entre los sueños de quienes queremos comprometernos con un futuro más ecológico, social y solidario con el planeta y los ejemplos que tenemos a nuestra disposición, lo que está sucediendo.

El mirador huertano de Santa Eulalia

Pegado a la mota del río, existe un triángulo de tierra elevado, «una rareza», afirma Antonio Abellán, que lo escoge como su 'Rincón de Nuestra Tierra'. Allí ha diseñado con escolares del barrio de Santa Eulalia «un jardín etnobotánico comestible y un punto de parada de la ruta del carril-bici, un lugar con juegos infantiles y una sombra profunda y con vegetación variada, que los niños quieren empezar a cultivar en el huerto urbano de su barrio, de manera que estarían ayudando a crear un rincón a 7 km de su barrio con el que tendrían un vínculo especial, sentimental, de hermanamiento. Es un ejercicio pensado para poderse replicar en otros lugares y, así, que la renovación y el cuidado del paisaje de la Huerta se realice vinculándolo con los ciudadanos del centro».

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