¿Qué fue del mandato del 1-O?

Varias personas votan en el 'Ateneu Iguladí' de Igualada (Barcelona), el 1 de octubre de 2017. / EFE

El independentismo se conjura en el espíritu del 1 de octubre para dar una respuesta unitaria a la sentencia | Dos años después los partidos secesionistas deslegitiman su resultado al reclamar un referéndum

CRISTIAN REINOBarcelona

El independentismo conmemora este martes el segundo aniversario del referéndum ilegal del 1 de octubre, fecha icónica para el 'procés' que fue la antesala de la declaración unilateral de independencia del 27-O de 2017. En el plano institucional, el presidente de la Generalitat, Quim Torra, junto con el vicepresidente Pedro Aragonés y el resto de consejeros tratarán de dar la máxima solemnidad a la efeméride, con un acto en el Palau de la Generalitat, que han bautizado como 'Compromiso del Primero de Octubre'.

El secesionismo reivindicará el legado del 1-O, el espíritu de aquella jornada, pero ya casi nadie reivindica ese referéndum como un mandato vigente para hacer efectiva la República. «Nos hemos ganado el derecho a tener un Estado independiente», afirmó el entonces Carles Puigdemont tras la jornada de votación, hoy justo hace dos años. En torno a 2,3 millones de catalanes participaron en el referéndum ilegal (el 40% del censo), en el que el sí a la independencia se impuso por un claro 92%.

Participaron casi únicamente los independentistas. Aun así, el Gobierno catalán se consideró legitimado para declarar la independencia, lo que hizo la Cámara catalana el 27 de octubre de ese mismo año. Una DUI que ni siquiera fue publicada en el diario oficial para evitar consecuencias penales. Dos años después, casi ya no queda nada del mandato del que hablaban los líderes soberanistas para proclamar la República. Quien desde dentro del soberanismo se ha expresado con mayor sinceridad sobre lo que fue el 1-O fue la entonces consejera de Trabaja, Dolors Bassa, en su declaración en el juicio del Supremo.

«El referéndum nunca fue un acto concluyente y menos para la independencia», dijo. Carles Puigdemont había presentado la votación como vinculante y como el paso definitivo para la separación de Cataluña del resto de España. Ya nadie se acuerda de las promesas de que era un referéndum vinculante y el propio independentismo invalida su resultado cuando promete la celebración de otra consulta. «Volveremos a ejercer el derecho de autodeterminación», afirma Torra en casi todas sus intervenciones públicas.

Sin suficiente legitimidad

Torra insiste en que la respuesta a la sentencia debe estar basada en el ejercicio de la autodeterminación, lo que podría ser un nuevo 1-O. La secretaria general del ERC, Marta Rovira, huida en Suiza, y una de las principales responsables de que Puigdemont no convocara elecciones tras el referéndum y se viera obligado a seguir adelante con la declaración unilateral, reconoció recientemente que el Primero de Octubre no tuvo la suficiente «legitimidad».

Torra, que en octubre de 2017 era un activista ajeno a la política institucional, reivindicará este martes el espíritu del 1-O. Ayer lo hizo, en los actos previos del homenaje de hoy, que concluirán con una manifestación convocada por la ANC en Barcelona, que arrancará desde la plaza Catalunya, pasará por delante de la sede de la Comisión Europea en la capital catalana y terminará frente al Instituto Jaume Balmes, donde hubo fuertes cargas policiales. «El 1-O es la fecha fundacional del camino imparable hacia la República», afirmó.

El presidente de la Generalitat, que el 18 de noviembre será juzgado por desobediencia y que en breve deberá afrontar una moción de censura impulsada por Ciudadanos (primera fuerza en el Parlament), llamará a la movilización del independentismo, para que reivindique el 1-O y para que se prepare para la campaña de movilizaciones como respuesta a la sentencia contra los líderes del 'procés'.

Este lunes lo hicieron los 'Jordis', Jordi Sànchez y Jordi Cuixart, cuando están cerca de cumplir dos años en prisión: «Os animamos, como tantas veces habíamos hecho antes de ser encarcelados el 16 de octubre de 2017, a volver a salir a la calle cuando seáis convocados por nuestras entidades y, sobre todo, a no dejaros llevar por la rabia del momento«, señalaron en una carta conjunta desde la cárcel de Lledoners. Ahí concluye la jornada de movilizaciones de hoy. Varias marchas organizadas por la ANC partirán desde diferentes municipios de la zona para confluir en el centro penitenciario.

La respuesta a la sentencia es casi la última oportunidad que le queda al independentismo para cerrar las heridas que han dividido al movimiento y para lanzar una imagen de unidad, a pesar de la ruptura que hay entre JxCat y ERC. Esta es la principal diferencia respecto a hace dos años. A pesar de la tensión que ya entonces había entre ERC y JxCat (antes PDeCAT), el secesionismo cerró filas y actuó de forma unitaria para la organización (coordinada entre la Generalitat y las entidades sociales) y la celebración de la jornada de votación. Por primera vez, el soberanismo lograba celebrar una votación que preguntaba sobre la independencia, sin que los poderes del Estado, que habían avisado de que no la consentirían pues era ilegal, pudieran evitarlo. Ni el CNI ni la Policía española consiguieron encontrar las urnas y la colaboración de la sociedad civil hizo el resto. La gestión del 1-O, que fue un éxito para el independentismo, ya que las imágenes que quedaron de la jornada fueron las de la Policía española cargando contra los votantes, fue la que acabó de dividir a los independentistas. Puigdemont no aguantó la presión de los más radicales, siguió hacia adelante con la DUI y dos días después huyó a Bruselas, cuando había pedido a sus consejeros que el lunes siguiente a la proclamación de la República acudieran a sus despachos. En torno a la mitad de los consejeros acompañaron a Puigdemont y el resto se quedaron en Barcelona. Todos los que se quedaron, «por responsabilidad», según reconoció posteriormente Oriol Junqueras, fueron juzgados por un delito de rebelión. Nueve dirigentes del 'procés' están hoy en prisión a la espera de la sentencia que determinará qué delito cometieron por los hechos de octubre.

Mucho ha cambiado la política en dos años. Ninguno de los dirigentes que fueron protagonistas en aquella jornada está hoy en su cargo institucional. Ni Carles Puigdemont preside la Generalitat, ni Mariano Rajoy preside la Moncloa. El primero fue destituido tras la aplicación del 155 y el segundo descabalgado por una moción de censura en la que el PSOE contó, entre otros, con los votos de Esquerra Republicana. Ni Soraya Sáenz de Santamaría es vicepresidenta, ni Oriol Junqueras, vicepresident. Y la Generalitat post155 la preside Quim Torra, con Pere Aragonès de vicepresidente. Torra, que fue presidente de Ómnium Cultural, entró en política en las elecciones catalanas de 2017. El independentismo ya no puede prometer la secesión a corto plazo, como algo que está a la vuelta de la esquina, sino que reivindica la «amnistía» de los procesados, en caso de condena, y reclama el derecho de autodeterminación, reconociendo que el 1-O no fue un referéndum con los estándares democráticos exigibles. La jornada de hoy será un barómetro del estado de ánimo del independentismo. Hace un año, sectores radicalizados del secesionismo ya empezaron a transmitir señales de que pueden ir por libre. La indignación contra el Estado español y contra los gobernantes catalanes, a los que acusan de blandos, les llevó a intentar entrar a las bravas al Parlament. La reciente detención de un grupo de activistas de los CDR, que planeaban «hacer ruido» con la colocación de artefactos explosivos, introduce por primera vez elementos radicalizados y presuntamente violentos en el 'procés'. Nadie en el movimiento se ha desmarcado de ellos lo que ha crispado la escena política catalana y española. El otro elemento que marca la celebración del aniversario de hoy es la convocatoria electoral del 10-N, con unas posibles elecciones catalanas en el horizonte a medio plazo.