La Región en las aulas

Alberto Aguirre de Cárcer
ALBERTO AGUIRRE DE CÁRCER

Días antes del inicio del curso escolar supimos que alumnos de sexto de Primaria iban a cursar Ciencias Sociales con un libro en el que un mapa situaba la ciudad de Murcia en la costa como puerto pesquero en lugar de Cartagena. Tras el natural estupor ciudadano, los inspectores educativos de la Administración regional encontraron más gazapos en manuales de otras editoriales, la mayoría relacionados con la ubicación en los mapas de los municipios y con sus denominaciones. Errores de tan grueso calibre no son frecuentes, pero lo cierto es que hay niños que acuden a Primero de la ESO con un libro que ubica las salinas de Torrevieja en la Región de Murcia mientras otro enclava el Mar Menor en la Comunidad Valenciana. Históricamente, las editoriales han contado con sesudos comités científicos que supervisaban concienzudamente los textos escolares, pero da la impresión de que esta práctica se ha relajado, quizás por los ajustes derivados de la crisis o porque la tendencia de los últimos años es poner más énfasis en el continente que en el contenido, más en lo visual que en lo verbal. Ha hecho bien la Consejería de Educación en exigir la subsanación inmediata de errores que son inadmisibles en nuestro sistema educativo, aunque cabe exigirle al Gobierno regional una actitud más proactiva. No deberían ser los padres quienes se vean obligados a dar la voz de alarma. La calidad en las aulas comienza con el material de aprendizaje. No solo debe estar al alcance de todos los alumnos. También debe acreditar las mayores cotas de excelencia. Aunque obviamente estos errores geográficos no se circunscriben a contenidos relacionados con la Región, el equipo de la consejera Cachá está obligado a exigir las mayores garantías de calidad en su anunciada reunión con las editoriales. El asunto es sintomático. Y no ayuda precisamente a mejorar los conocimientos de los alumnos murcianos sobre su tierra. El déficit identitario en los adultos de la Región se debe en buena parte a que los conocimientos sobre nuestro patrimonio natural, histórico y cultural tienen un peso curricular muy liviano en las aulas. En más de una ocasión hemos contado cómo acreditados especialistas, entre ellos el catedrático Francisco Chacón o el presidente de la Asociación de Geógrafos e Historiadores de Enseñanzas Medias, José Antonio Cabezos, son partidarios de la introducción de una asignatura completa dedicada a la Región en los currículos oficiales. Habrá quien recele de estas propuestas por el decisivo papel que los sistemas educativos han jugado en el exacerbado sentimiento independentista en Cataluña y País Vasco, pero entre el adoctrinamiento nacionalista en las escuelas de esas comunidades y la ausencia casi absoluta de contenidos regionales en las aulas murcianas existe todo un verdadero margen oceánico. Es difícil que nuestros jóvenes valoren y cuiden nuestro patrimonio histórico y natural si no lo conocen. El 70% de los temarios llegan ya elaborados por el Ministerio de Educación a las comunidades, pero la Consejería de Educación, que tiene capacidad para ser determinante en el 30% de los contenidos curriculares, no ha hecho hasta ahora gran cosa para favorecer el conocimiento regional en las aulas. La apuesta ha sido potenciar materias más globales, como matemáticas o lengua, lo cual en principio no es una mala elección. Fijémonos, por ejemplo, en los sorprendentes resultados obtenidos por los alumnos vascos en el último informe PISA. Siendo una de las comunidades con más gasto público por alumno, sus estudiantes suspendieron en matemáticas, ciencia y lectura. Y todo porque las políticas educativas nacionalistas priorizaron el aprendizaje del euskera por encima de cualquier otra cosa. Probablemente la virtud esté en el término medio, y quizá el primer paso lo anden los alumnos de la ESO este curso con la nueva asignatura -optativa- sobre patrimonio regional puesta en marcha por la Administración.

No sería mala cosa que este debate suscitado entre profesores despertara el interés de los grupos políticos, que bien podrían analizar en la Asamblea Regional la conveniencia de buscar fórmulas para mejorar el conocimiento de nuestra historia y nuestra cultura en las aulas. Si lo que se enseña es poco, y encima viene en algunos casos acompañado de errores garrafales, no parece que estemos en el mejor de los escenarios. Deberíamos hacer caso a los expertos y al menos reflexionar sobre sus propuestas porque lo que es seguro es que no hay posibilidad de apego hacia aquello que apenas se conoce.

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