Rafael Romero del Pozo: «El 70% de juicios sobre acoso escolar acaban en conciliación»

Rafael Romero. / martínez bueso
Rafael Romero. / martínez bueso

El magistrado, que participa hoy en las jornadas sobre 'bullying' que se celebran en el Casino, incide en la necesidad de trabajar en prevención y mediación

Fuensanta Carreres
FUENSANTA CARRERES

Firme convencido de la importancia decisiva de la prevención, la educación y la mediación contra el acoso escolar, el juez de menores participa hoy en el curso sobre problemas de convivencia escolar que el Grupo de Estudios de Actualidad celebra en el Casino, en el que expondrán programas exitosos llevados a cabo desde hace años en los colegios e institutos de la Región, como 'Educando en justicia' y 'Juez de paz educativo'. Psiquiatras, jueces, profesores, policías, docentes y expertos tomarán parte en el curso, coordinado por el exdirector del Observatorio de Convivencia Escolar Juan Miguel Molina.

-Son pocos los casos de acoso escolar que llegan a los juzgados. ¿Se mira a otro lado, bajo el argumento de que son cosas de niños?

-Creo que es al contrario, se está muy encima de la cuestión con medidas de prevención, educación... La realidad es que no es una cuestión que cuantitativamente sea preocupante, no hay tantas denuncias como podría suponerse. De los 1.200 expedientes que llegaron a la Fiscalía en el año 2018, solo se incoaron 40 por acoso escolar (o su equivalente tipificado). Además, de esos 40, el 70% terminaron en acuerdo y conciliación, y otro tanto importante acabaron en archivo o en nada. Al final solo unos tres o cuatro al año concluyen como tales.

«Los esfuerzos en los programas educativos frenan el problema»

-¿Por qué hay tan pocas denuncias?

-Porque hay muchas medidas de prevención, educación, mediación... para que no llegue a ocurrir. El esfuerzo a través de programas como 'Educando en justicia' y otros muchos es tal, que el problema se contiene. Si un chaval en el colegio empuja y tira a un compañero, y se soluciona con un mediador y el apoyo del centro, que tiene su protocolo, no llega a más. Se está más encima que nunca, tanto en educación como en prevención.

-Hay situaciones más soterradas, como el niño que es excluido por todos...

-Antes de que eso ocurra, suele haber algo, una colleja, un empujón... Los programas de prevención también inciden en la exclusión de escolares, los jueces de paz educativos están encima también de esos casos. Los jueces estamos continuamente visitando colegios e institutos. Como en el caso de la violencia doméstica, la prevención y la educación son el mejor sistema para evitarlo; el juzgado es la última vía. Los procesos de los programas de prevención son muy gratificantes: es estupendo ver como el chico que dio la patada se arrepiente y pide perdón, y quien lo recibe se siente resarcido.

-La incidencia del 'ciberbullying', ¿ha agrandado el problema?

-El acoso escolar ha existido, existe y existirá. Los delitos no cambian, cambian los medios. Antes las amenazas llegaban por carta, y hoy es por WhatsApp. Antes el acoso escolar terminaba en la puerta del colegio, y hoy con el 'smartphone' debajo de la almohada. Cambia el medio, pero como ha cambiado en otros muchos delitos.

-El número de jóvenes y adolescentes que llegan a los juzgados por violencia parental, ¿sigue en aumento?

-En los últimos años se incrementó mucho. Desde 2006 a 2015 el crecimiento fue constante; ahora están estables, pero en cifras altas. El 15% de las sentencias que dictan los juzgados de menores de la Región son por violencia doméstica, contra los padres, hermanos, abuelos... entre 50 y 60 al año. Es un hecho que debería hacernos reflexionar mucho.

-¿Son 'recuperables'?, ¿pueden reconducir la situación después de la sentencia?

-En la mayoría de los casos, sí; pero cuanto antes intervengamos, mejor. Se hace un trabajo muy completo en el que la familia debe participar, y el resultado suele ser muy positivo en la mayoría de los casos. De hecho, el 70% de los menores condenados no vuelve a delinquir; uno de cada diez comete un solo delito más, y otro dos; solo un 1% vuelve a delinquir de forma frecuente.