Daniel Kaufmann: «La calidad de una democracia baja cuando un partido está en el poder más de diez años»

Daniel Kaufmann, en los alrededores del hotel Amistad de Murcia, donde se aloja. / Vicente Vicéns / AGM
Daniel Kaufmann, en los alrededores del hotel Amistad de Murcia, donde se aloja. / Vicente Vicéns / AGM

«Me satisface que los ultranacionalistas derechistas no hayan triunfado en España, como sí lo han hecho en Austria y Polonia»

David Gómez
DAVID GÓMEZ

El economista chileno Daniel Kaufmann es una de las grandes referencias internacionales sobre el buen gobierno y la lucha contra la corrupción. Trabajó durante años en el Instituto del Banco Mundial, donde desarrolló una ingeniosa forma de medir la calidad de la democracia en el mundo, los famosos indicadores mundiales de gobernanza (WGI). Actualmente preside el Instituto de Gobernanza de Recursos Naturales, con sede en Nueva York. Hoy jueves imparte una conferencia en Murcia, a las 12.30 horas en el Salón de Grados de la Facultad de Derecho, invitado por la UMU y el Consejo de la Transparencia de la Región.

-Ha podido vivir en España las recientes elecciones generales. ¿Qué balance hace de las mismas?

-España, además de ser un país muy bonito, tiene una democracia muy consolidada. No estoy totalmente al tanto de la actualidad política. Pero me impresionó mucho la gran participación que hubo, la dinámica actividad de los votantes. Esto me pareció muy positivo, porque en otros muchos países existe apatía a la hora de votar. También me satisface el hecho de que no hayan triunfado los ultranacionalismos derechistas, como sí ha ocurrido en otros países del mundo globalizado como Hungría, Austria y Polonia. España demostró el domingo que no va en esa dirección.

«En los últimos quince años, España no ha mejorado con respecto al control de la corrupción»

-Uno de los datos relevantes de los comicios fue la espectacular bajada del PP, el partido que más se ha visto afectado por la corrupción. ¿Se ha acabado la tolerancia que podía existir entre los ciudadanos hacia los políticos corruptos?

-Ya le digo que desconozco las claves de la política española y no podría decir si la bajada del PP se debe a la corrupción o a la aparición de otros partidos de derechas. Pero sí puedo afirmar, porque lo he estudiado, que en muchos países del mundo, principalmente en América Latina, ha descendido la tolerancia de los ciudadanos hacia la corrupción y la impunidad. Antes había un poco de indiferencia que ya no existe. En Latinoamérica se ha visto en forma de cambios de gobiernos muy rotundos en determinadas naciones. En parte, por el gran escándalo del Lava Jato, que empezó en Brasil pero se expandió por otros países como Perú. Hoy en día se moviliza la sociedad con mucha más conciencia, porque ha aumentado la transparencia. La ciudadanía ya ha dicho basta a la corrupción.

-¿Gozan de buena salud las instituciones españolas?

-Mi trabajo durante décadas ha consistido en establecer una serie de parámetros de gobernanza a nivel global para medir el grado de salud de las instituciones. Examinamos a más de doscientos países del mundo. España, comparada con el resto, está relativamente bien en la mayoría de indicadores, pero todavía hay entre cincuenta y sesenta países con una mejor calificación. Cabe preguntarse si un país con la trayectoria e historia de España se esforzará más en el futuro para mejorar en cuanto a transparencia. La percepción es que en los últimos quince años no ha mejorado con respecto a ciertos componentes como el control de la corrupción. No considero que esté en una crisis institucional, pero debe ser un país más ambicioso y aspirar a más. Chile tiene mayor calidad de gobierno y Portugal, en los últimos años, se ha puesto a su altura.

«Los políticos deben ser audaces. El cambio conlleva riesgos, pero el 'statu quo' puede ser peor»

-En la lucha contra la corrupción, ¿basta con apartar a los corruptos o hay que cambiar el sistema?

-Lo primero que hay que hacer es un diagnóstico, con datos, de la realidad de cada país. Hay tres tipos de países en cuanto a corrupción. Aquellos en los que es individualizada, como las naciones de la península escandinava. Allí no hay que cambiar las reglas del juego, basta con sancionar a los corruptos, porque el sistema funciona. En otros, la corrupción es más sistémica y está concentrada en determinadas instituciones. Hay que ver qué se puede cambiar en las instituciones. Si la corrupción se da en el sistema de contratación o licitaciones, hay que reformarlos. El tercer tipo, donde está el desafío más grande, lo forman aquellos países en los que la corrupción es endémica. Es el caso de Venezuela y de otros países autoritarios como Nigeria. Allí se necesita un cambio mucho más radical.

-¿Qué ha hecho Chile para conseguir una calidad de gobierno superior a la del resto de países de Latinoamérica?

-En Chile influyen varios elementos históricos. El primer líder chileno, Bernardo O'Higgins, al poco tiempo de asumir el mando, sacó un decreto por el cual era obligatorio colocar paneles en las paredes del palacio presidencial, la Casa de la Moneda, con todos los nombres de ministros y altos oficiales, así como toda la información sobre sus ingresos y bienes. Estamos hablando de 1810 y hoy, casi en 2020, hay países que todavía no hacen eso. Además, desde hace mucho tiempo hay una cultura y orgullo por el servicio público. Otra cosa que ha hecho Chile es ser cuidadoso en la forma de descentralizar. Los niveles de corrupción se dan a escala municipal. El otro componente importante es que, con la excepción de los quince años de Pinochet, que fueron una aberración, ha habido siempre un gran compromiso con la democracia.

- ¿Es saludable para una democracia que un mismo partido lleve muchos años en el poder?

-En general, no es saludable. Para que una democracia sea dinámica debe darse la rotación entre partidos. La calidad de la democracia baja cuando el mismo líder o partido está en el poder más de ocho o diez años, según los parámetros que nosotros utilizábamos. Como ejemplo, en México estuvo gobernando el PRI más de veinte años. Y durante esa época, el país no se consideraba como una democracia de verdad. Fueron las grandes reformas impulsadas en su momento por el presidente accidental, Ernesto Zedillo, las que consiguieron abrirlo de nuevo. Esto mismo está pasando en Rusia, Polonia, Hungría y Turquía, que es una gran preocupación para todos.

-¿Qué receta les daría a los políticos de la Región para mejorar la calidad de la democracia?

-Que sean audaces y no tengan miedo al cambio. Retos como la lucha contra el calentamiento global requieren de valentía. El entorno cambia más rápido de lo que lo hacemos nosotros, corriendo el peligro de quedarnos atrás y que las consecuencias las pague la siguiente generación. El cambio conlleva riesgos, pero el 'statu quo' puede ser peor a la larga.