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Menos de 300 urogallos

Urogallo común./KAREL-STEPAN-SHUTTERSTOCK
Urogallo común. / KAREL-STEPAN-SHUTTERSTOCK

El primer censo completo sitúa a esta especie cerca de la extinción en la Cordillera Cantábrica

Miguel Ángel Ruiz
MIGUEL ÁNGEL RUIZ

Malos tiempos para uno de los emblemas de la fauna española. El urogallo, quinto integrante de un repóquer de especies que completan el oso pardo, el águila imperial, el lobo y el lince ibérico, se encuentra al borde de la extinción en la Cordillera Cantábrica, donde solo contaría con 292 ejemplares localizados en un territorio de 350 kilómetros cuadrados entre León y Asturias, según los datos del primer censo completo de esta ave forestal que el Ministerio para la Transición Ecológica hizo público hace unos días en Oviedo.

Los urogallos ('Tetrao urogallus') han desaparecido de Galicia y Cantabria y sus últimas poblaciones se concentran entre las comarcas leonesas de Alto Sil y Omaña (80%) y los concejos asturianos de Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias (20%). De estos menos de 300 ejemplares, dos tercios son machos, lo que acentúa los problemas de conservación que amenazan la supervivencia de esta imponente gallina salvaje. Este conteo, que se realizó durante la pasada primavera, confirma la tendencia regresiva observada desde la pasada década de los 2000.

«Los datos evidencian el estado de severa amenaza que atraviesa la especie y la necesidad de reforzar las medidas de conservación por parte de las distintas administraciones, que trabajan ya en acciones sobre el terreno para mejorar la supervivencia de los individuos y en la construcción de un segundo centro de cría en cautividad en León, que se unirá al ya existente en Asturias«, informa el Ministerio.

Análisis estadístico y técnicas genéticas

La estima poblacional se ha desarrollado mediante una metodología de muestreo y análisis estadístico empleada previamente para otras especies de fauna amenazada (como el oso pardo y el lobo ibérico) a través de técnicas genéticas de individualización. Los trabajos de campo se concentraron entre abril y junio de 2018, «momento idóneo para las prospecciones y recogida de muestras, que fueron posteriormente analizadas en el Laboratorio Central de Veterinaria del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), donde se llevaron a cabo los análisis genéticos», detalla el Ministerio para la Transición Ecológica.

Finalmente, investigadores del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (IREC-CSIC) han desarrollado los modelos estadísticos que dan como resultado los mencionados 292 urogallos, con un margen de error de 22 individuos.

Este análisis poblacional del urogallo cantábrico se ha realizado en el marco de las actuaciones coordinadas de conservación de la especie, tras su declaración en situación crítica el pasado mes de septiembre de 2018. Esta declaración propició la puesta en marcha del Grupo de Trabajo para el Urogallo Cantábrico, coordinado por el Ministerio y en el que participan expertos en la especie y técnicos de la Junta de Castilla y León, del Gobierno del Principado de Asturias, del Gobierno de Cantabria y de la Xunta de Galicia (con la colaboración de la Fundación Patrimonio Natural de Castilla y León, Fundación Tierra Ibérica, Fundación Oso Pardo, SEO/BirdLife y Tragsatec).

Mejora del hábitat y cría en cautividad

Este grupo de trabajo ha marcado dos ámbitos de actuación prioritarios para salvar al urogallo cantábrico: acciones sobre el terreno, «para aumentar la supervivencia de los ejemplares y su éxito reproductivo», y trabajos de conservación ex situ. Ambas líneas de actuación recibieron financiación por parte del Gobierno en la última Conferencia Sectorial de Medio Ambiente, celebrada el pasado mes de junio, que destinó más de 800.000 euros a la conservación de esta especie.

Estos fondos están sirviendo para hacer un seguimiento de los urogallos a través de la telemetría y valorar así «las medidas de adecuación del hábitat más efectivas y favorables, entre otras acciones». Aunque la actuación de mayor envergadura en el corto plazo, y la que mayores fondos concentra, es la construcción y puesta en funcionamiento de un segundo centro de cría en cautividad, que se ubicará en León, y que permitirá «incrementar las tareas de reforzamiento poblacional. Además de ello, el reforzamiento genético se plantea como una posibilidad para mejorar la productividad y viabilidad demográfica de la población cantábrica», aseguran fuentes del Ministerio.

Llegamos tarde, según SEO/BirdLife

Estos esfuerzos, sin embargo, llegan tarde a juicio de SEO/BirdLife, que demanda desde 2015 acciones de conservación urgentes, centradas en la mejora del hábitat: «Debe garantizarse que se blindan los últimos territorios donde todavía sobrevive algún ejemplar de urogallo silvestre en Asturias y en Castilla y León, y aumentarse el hábitat adecuado disponible para su expansión. En este sentido, debe prestarse especial atención a evitar cualquier tipo de actuación que pueda suponer una amenaza para la especie, especialmente aquellas que supongan la destrucción del hábitat o molestias derivadas de usos del territorio incompatibles con su supervivencia, y en particular garantizar un desarrollo responsable de la energía eólica», reclama Nicolás López, responsable del Programa de Conservación de esta organización científica y conservacionista.

La situación del urogallo es algo mejor en el Pirineo, aunque sus poblaciones también han caído en esa cordillera durante las últimas décadas: se calcula que en los bosques catalanes quedan unos 500 machos residentes, unos 80 en Aragón y solo 15 en Navarra, donde se encuentra al borde de la desaparición. En Andorra, donde la calidad del habitat es excelente, sobreviven 280 machos, y entre 1.750 y 2.500 en la cara francesa de los Pirineos, aproximadamente la mitad que en los años 60 del siglo pasado (datos de la Asociación para la Conservación del Urogallo).

 

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