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Sierra Espuña, ¿parque nacional?

Un comité científico tendrá que decidir si vale la pena otorgar la máxima protección a un espacio protegido cuyo emblema es una especie invasora: el arruí

El Morrón de Totana, silueta inconfundible en la zona de cumbres del parque regional./GUILLERMO CARRIÓN
El Morrón de Totana, silueta inconfundible en la zona de cumbres del parque regional. / GUILLERMO CARRIÓN
Miguel Ángel Ruiz
MIGUEL ÁNGEL RUIZ

Parque Nacional de Sierra Espuña. Suena bien, pero será difícil, como conté el domingo en 'La Verdad'. El viejo proyecto de la Comunidad Autónoma ha resucitado recientemente, al parecer con un mayor impulso político que en ocasiones anteriores, pero enfrentado a exigencias que no será fácil superar (extensión e integridad territorial, relevancia ecológica en el conjunto de la Red de Parques Nacionales...) y sobre todo cuestionado por una contradicción interna: que el Gobierno regional apueste por la excelencia de este parque mientras tiene otros casi abandonados (por ejemplo, Cabo de Cope-Puntas de Calnegre) y además acumule un retraso de más de veinte años en la redacción de los planes de gestión de la mayor parte de sus espacios protegidos.

Pero los técnicos de Medio Ambiente tienen el encargo directo del consejero de elaborar una memoria informativa ganadora, así que lo van a intentar de nuevo. A priori, parece que la mayor dificultad no será alcanzar la extensión mínima exigida por la Ley de Parques Nacionales (20.000 hectáreas), sino convencer al comité científico que evaluará la propuesta de que el soberbio pinar de Espuña es singular, en el contexto nacional, pese a ser un bosque repoblado.

También será muy cuestionable, a la hora de defender el 'ascenso' de Sierra Espuña, que el emblema de este espacio natural sea una especie invasora: el polémico y pese a todo inocente arruí. El muflón del Atlas tiene su 'zona cero' en el parque, donde no se le podría cazar si es que finalmente se produce la declaración. Pero, ¿se aceptaría un parque nacional poblado por cientos de hervíboros que según algunos estudios devoran la vegetación protegida? ¿Habría que erradicarlos previamente? Según la literatura científica, es casi imposible eliminar por completo un ungulado como el arruí. Y tendría un coste altísimo.

Lo dicho: no será fácil pasar de reserva de caza a parque nacional.

En cualquier caso, imagino que en la Consejería de Empleo, Universidades, Empresa y Medio Ambiente habrán sonado bien las palabras que pronunció el martes la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, con motivo de la ampliación del Parque Nacional de Cabrera (¡de 10.021 a 90.794 hectáresas!) y la incorporación de la Sierra de las Nieves:

«Los parques nacionales simbolizan cómo la conservación de la naturaleza y la puesta en valor del patrimonio natural son herramientas fundamentales para la cohesión social, el desarrollo del campo y el uso sostenible, tanto recreativo como productivo, de los recursos naturales, que nos proveen de bienes y servicios sin los que no podríamos vivir y que en un contexto de cambio climático como el actual conforman la primera barrera de protección para todos». Teresa Ribera insistió en que se compromete a «seguir trabajando para ampliar los sistemas naturales representados e incluir nuevos espacios naturales excepcionales y singulares».

Quizá sea esta la clave para defender la candidatura de Sierra Espuña: su condición de isla vegetal en el desértico Valle del Guadalentín, donde ejerce un papel impagable de regulador climático y proveedor de servicios ambientales en esta era de galopante calentamiento global.

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